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Amar… ¿Un sacrificio? Parte I

Sixto Porras

Director Regional

Enfoque a la Familia

 

 

 

1. Esfuerzo no es sacrificio

 

La Real Academia define amor como un “sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo”. Por lo tanto, amar es la expresión palpable de ello. El amor es voluntario, una libre decisión, un acto voluntario y libre sostenido en el tiempo.

 

El amor nace como un sentimiento, pero la única forma para hacerlo crecer es que estemos dispuestos a esforzarnos y pagar el precio para lograrlo, con entrega, dedicación, trabajo, perseverancia, fidelidad, lealtad, compromiso y ayuda mutua. El amor debe cultivarse, protegerse y alimentarse.

 

Pero no hay día sin noche, no hay oasis sin desierto, no hay amor sin dolor. El amor no está libre de sufrimiento, hay que sacrificarse, pero el amor no es un sacrificio. El amor no es una carga que se lleva como una cruz a cuestas, ni tampoco es un acto de caridad o algo que se mendigue. No es una imposición, menos manipulación.

 

¿Es fácil amar? De ninguna manera. Amar no es sencillo, porque requiere ser respetuoso cuando deseamos ser groseros, ser gentiles cuando queremos ser toscos. El amor hace grande a la otra persona, se sacrifica con tal de que el otro crezca y esté bien. Amor es renunciar a nuestros deseos egoístas para hacer prevalecer el bienestar de ambos.

 

Además está directamente ligado al nivel del sacrificio que hacemos por otro. Por ejemplo, el amor por los hijos es un amor muy sacrificial, lleno de momentos emocionales fuertes y extendido en el tiempo. Nunca pensamos que podemos salir a cambiar a nuestro hijo por uno más joven, o a una hija por una más bonita o más alta. Una madre o un padre jamás cambiarían a un hijo ¿Por qué entonces sí cambiar al cónyuge? El amor hacia los hijos no depende de lo emocional, no lo alimenta el amor romántico, es producto del sacrificio, de la entrega, de la dedicación, tiene sentido de pertenencia. Por eso es crucial comprender que la dimensión de amor está relacionada con el nivel de sacrificio que estamos dispuestos a otorgar.

 

2. Romance versus amor

 

Solemos definir el amor como romance, ese estado primario donde existe una idealización y se sienten “mariposas en el estómago”. La Real Academia lo define como “relación amorosa pasajera”, una que no llega a profundizar. Esto nos ha conducido a una interpretación errónea sobre el amor.

 

El problema del amor romántico es que necesita sentir, quiere sentirse enamorado, quiere sentir bonito y, cuando no siente, cree que debe buscar una nueva aventura que le haga volver a sentir. Pero el amor no se alimenta de lo que sentimos, porque el sentir cambia: en ocasiones se siente y en otros momentos no se siente. Si dejamos que el sentir sea lo que domine nuestro actuar, estaremos al antojo de nuestras emociones, porque las emociones suben y bajan y hay momentos en los que se siente lo opuesto y esto confunde, porque lo que sentíamos ya no está, se ha transformado en un recuerdo. Ante el hecho de que la otra persona no nos atiende como lo hacía antes, no nos escucha, no nos halaga, no nos reconoce y de repente surge alguien que nos escucha, nos halaga, nos reconoce y nos hace sentir bien es ahí cuando surge la confusión.

 

Es en esos momentos difíciles es en lo que debe prevalecer la convicción y la voluntad de alimentar el amor que nos juramos, el amor que nos ha hecho construir una historia, que nos hace soñar y nos hace desear estar juntos. Requiere insistir en conquistar, en volver a intentarlo una vez más. Surge la necesidad de volvernos a encontrar, del esfuerzo de dejar de ver lo malo para valorar lo positivo en la otra persona. No es fácil, porque requiere esfuerzo, entrega, sacrificio, voluntad y perseverancia para volver a sentir y hacer prevalecer el amor sobre el tiempo.

 

El amor es una combinación entre sentir, emocionarse, y un ejercicio de la voluntad. Una relación que se disfruta, pero que también está dispuesta a enfrentar las adversidades.

 

Quien insiste en amar, respetar, honrar, admirar y permanecer descubre dimensiones del amor que jamás descubriría si no se persevera.

 

El amor tiene sus crisis y quien las ignora puede caer en la trampa de creer que el amor murió y que, ahora sólo quedan cenizas. Sin embargo, cuando hay amor verdadero, siempre es posible recuperarse.

Le invitamos a acompañarnos en la Parte II de este artículo.









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