Psicóloga
Hablar del establecimiento de un proyecto de vida en la etapa de la infancia podría ser prematuro, sin embargo, es posible empezar a inculcar en los niños y niñas la perspectiva de que toda persona tiene la posibilidad de plantearse una guía o plan para construir, en la medida de lo posible, su futuro, con la ayuda y apoyo de personas cercanas y significativas. Sin embargo, es importante entender que para poder forjar en los niños el concepto de proyecto de vida, requiere que primero comprendamos el ABC de esta maravillosa etapa que es la infancia y cómo los adultos influenciamos, ya sea de forma positiva o contraproducente, el desarrollo futuro de nuestros niños.
A lo largo de la historia, se ha visualizado la niñez como el periodo en se debe dar al niño información, como si se tratara de llenar un recipiente vacío. Cada época y cultura establece lo que se le demandará socialmente al niño en su adultez, de allí se deriva que el conocimiento que debe adquirir y modo deseable de conducirse se enfoquen a las expectativas que la sociedad tiene de los niños y niñas durante su crecimiento.
En nuestra cultura, no existe un programa de concientización dirigido a la sociedad, que propicie que se le den al niño las herramientas necesarias para vivir y disfrutar plenamente esta etapa crucial, para su buen desarrollo. Pareciera ser que el mensaje que les estamos comunicando es que deben esperar a ser adultos para poder empezar a “vivir”. Esto hace que se prive a los niños de las importantes vivencias que deben experimentar a través de los juegos, la amistad, la fantasía y la exploración del mundo. La infancia en sí misma es una escuela.
Actualmente, por la competitividad que se genera en diferentes campos debido a la modernización, se somete al niño a una fuerte presión. Los padres trabajan arduamente para ofrecerles la “mejor educación”, lo que frecuentemente equivale a un centro educativo que facilite las últimas innovaciones, tutorías particulares e inclusive actividades extracurriculares que absorben todo el tiempo del niño. De esta forma, se pretende asegurar –según la creencia de muchas personas-, el futuro de sus hijos. No sería correcto definir lo anterior en términos de que sea bueno o malo, sin embargo, lo que sí es cierto es que tantas actividades puede llegar a ser abrumadoras para los pequeños y en todo caso esto no es suficiente para asegurar su formación integral.
Si se desea preparar al niño para que en el futuro pueda enfrentar el mundo en función de un proyecto de vida establecido, es necesario guiarle desde etapas tempranas para que se perciba capaz de enfrentar la toma de decisiones oportunas en cada situación particular. Una educación integral no es solo darle las herramientas académicas para poder competir, sino que va más allá de esto. Tampoco es meramente saturarles de información. Más bien se trata de entregarles conocimiento y herramientas con propósitos formativos en todas las dimensiones de la persona humana, es decir en su dimensión física, psicológica y espiritual. En fin es ayudarles a desarrollarse de forma integral, proponiendo la posibilidad de dirigir este desarrollo hacia un norte específico.
Sin embargo, para lograrlo, es indispensable una buena calidad de vida que posibilite actividades cotidianas dentro de un marco de existencia que facilite el desarrollo de los niños en los ámbitos familiar, académico, recreativo y de relaciones de amistad.
Los niños, en esta primera etapa de vida, no tienen el desarrollo cognitivo necesario para entender lo que significa el futuro y como sus decisiones y comportamientos actuales pueden influenciarlo. Es por esto que es esencial la guía de padres y madres. La infancia es el momento justo para proporcionar las herramientas adecuadas para que el niño viva el presente, gozando a plenitud su vivencia cotidiana, y de esta forma, casi sin percibirlo, forjando una identidad, y adquiriendo los principios y valores que les permitirán establecer un adecuado proyecto de vida en las etapas futuras.
El ser humano, cifra sus esperanzas en alcanzar y mantener una calidad de vida óptima, que le permita estructurar claramente sus metas y objetivos de forma natural y dentro de su medio social. Pero ¿qué sucede cuando su vida cotidiana se ve afectada por diferentes crisis? El no saber resolver conflictos es uno de los motivos que pueden producir el que nuestra convivencia se vea obstaculizada. Por esta razón es necesario un proceso integral, donde se logre percibir y conocer los impactos emocionales a los que los niños están expuestos.
Debemos ser conscientes de que nuestra vida plena se inscribe dentro de un complejo de realidades físicas, ambientales, sociales y emocionales. Es necesario que este proceso integral se dé a partir de la etapa de la infancia, puesto que el niño tiene la capacidad para aprender a descubrir y solucionar problemas que podrían, tanto en el presente como en el futuro, menoscabar un crecimiento fructífero y pleno.
El desarrollo humano de los niños y niñas se debe entender, no como un estado de conocimiento total, dentro del cual no existe enigma o duda alguna, sino que apunta a la pericia, a la sapiencia para incidir y confrontar los problemas que todo ser humano tiene.
La niñez es una etapa, esencialmente de formación, en donde se interiorizan más fácil y rápidamente conceptos, normas y actitudes, huellas que marcan la vida entera. Esta etapa se asemeja al barro fresco, suave y moldeable, listo para ser formado en una obra maravillosa.
Es importante comprender que en todo este desarrollo formador, lo niños son en realidad agentes activos y no entes pasivos y puramente receptivos, es por esto, que ellos necesitan aprender a conocerse y manejar sus propios sentimientos, emociones y relación con el entorno. Los niños aprenden lo que ven, lo que viven. Más que oír y comprender las palabras, observan los gestos, captan los sentimientos de sus interlocutores y reaccionan espontáneamente con agrado o rechazo. El niño siente antes de pensar o decir. Son sus sentidos los que le permiten entrar en contacto con el mundo. Ellos reciben influencias que los forman y van construyendo su sentido de identidad, de entender el mundo y de interactuar con los demás.
A continuación algunos consejos que le ayudarán a preparar el camino para que los niños puedan desarrollar en etapas posteriores, el concepto de proyecto de vida: