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Trabajando con la escuela

De la Serie Criando hijos con necesidades especiales. Artículo 7.

 

 

Shari  Rusch Furnstahl

Traducción: Andrea Valerio

 

Conseguir lo que es mejor para la educación de tu hijo.

 

El día en que mi primer hijo Michael nació, estaba llena de expectación. Había idealizado este momento. Seria parecido a un comercial de Pampers — la mamá y el bebé mirándose felizmente uno al otro, el papá mirando con adoración ¿No es así como pasa siempre? No exactamente.

 

Antes de que pudiera escuchar: “¡Es un niño!” o pudiera tener mi primer ojeada de él, escuché, “Tenemos un problema de paladar aquí” el bebé por el que habíamos esperado tanto fue reducido a un déficit, un problema, una etiqueta.

 

Una enfermera sostuvo a mi bebé lejos de mí y dijo: “Pudo haber sido mucho peor.” ¡No era realmente lo que yo quería escuchar! ¿Peor que qué?

 

Este fue el principio de mi curva de aprendizaje. Yo sabía lo que era paladar hendido — más o menos— pero ¿qué significaría para mi hijo? ¿Sería capaz de hablar, oír o aprender?

 

Para el futuro

 

Fui rápidamente enseñada por especialistas, cirujanos y asistentes médicos. Lo que no me dijeron tuve que descubrirlo por mí misma. Ya fuera que me hubiera dado cuenta o no, me había convertido en una asesora y defensora para Michael. Era claro que este trabajo requeriría un esfuerzo incansable para buscar y encontrar respuestas para que Michael pudiera tener el mejor resultado posible y alcanzar su potencial.

 

Pronto, el rumbo de Michael estaba claro. Él tendría cirugías y ortodoncia extensiva. Los problemas auditivos se desarrollaron y la terapia de lenguaje fue necesaria. La cara de Michael estaba abierta debajo de su nariz y a pesar de que sabíamos que las cirugías y la ortodoncia extensiva serían necesarias, estábamos agradecidos porque podíamos ver al menos, algunos de los retos frente a nosotros.

 

Mientras poníamos a dormir a Michael o lo cargábamos en arnés por la casa, pensaba en mi mamá. Yo había nacido con muchos problemas “escondidos” relacionados con la visión, el habla, coordinación motriz, atención e hiperactividad, así como deficiencias de aprendizaje. Mi papá y mi mamá estaban armados con buenas intenciones y oraciones comprometidas, pero no existían las respuestas fáciles. Inseguros de qué hacer, solo continuaron orando, preguntando y dependiendo de la ayuda de los doctores y maestros. En un momento cuando las leyes no se habían establecido para controlar la referencia, las pruebas y la colocación de los niños con necesidades especiales, mi historia no hubiera tenido un final feliz. Mis padres, a pesar de lo que no sabían, se negaron  a darse por vencidos con migo. Yo logré lo imposible, teniendo éxito en la escuela y obteniendo mí maestría.

 

Lo que he aprendido

 

A medida que empecé a compartir mi testimonio, los padres se me acercaron buscando ayuda. Todo lo que yo podía ofrecer era mi perspectiva como educadora y compartir el camino que mi mamá tomó. Cuando me convertí en madre, entendí mucho más claramente los retos asociados con ser el padre de un niño con necesidades especiales.

 

En mis viajes como oradora conocí a tantos padres que trataban de poner juntas todas las piezas de un rompecabezas lleno de incógnitas. Las deficiencias de aprendizaje no se pueden ver; tampoco el autismo o el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (ADHD, por sus siglas en inglés) — bueno, al menos no inmediatamente. Todas las partes de la historia tienen que juntarse para crear una imagen clara. Los fracasos o las dificultades se acumulan y muy pronto todo se suma. Existe un problema. Ahí es cuando un padre dice: “¿Qué hago ahora?”

 

Yo me pregunté lo mismo. La buena noticia es que una vez que reconoces que hay o puede haber una necesidad especial física, de comportamiento, académica o en otras áreas del funcionamiento, puedes empezar a tomar acción — no acción al azar o una reacción si no una acción meditada e intencional para ayudar a tu hijo.

 

Por dónde empezar

 

Entonces ¿cuáles pasos puedes tomar para proveer las bases para un diagnóstico apropiado y para preparar el mejor plan de tratamiento posible?

  1. Ora. Deja que Dios guíe y dirija tu camino en todas las cosas.
  2. Confía en ti mismo. Tú eres el más apasionado — y puedes convertirte en el defensor más informado para tú hijo.
  3. Documenta una historia sobre tu hijo, concéntrate en los aspectos positivos tanto como te sea posible. Las preguntas por hacer cuando estás creando la historia incluyen:
◦     ¿Qué ha pasado en la vida de mi hijo hasta ahora?
◦     ¿Qué sabemos sobre mi hijo? ¿Cuáles son las preguntas que todavía quedan sobre las necesidades académicas, médicas y de comportamiento de mi hijo?

◦     ¿Qué es lo que mi hijo hace bien? Considera el éxito académico tanto como el no académico.

◦     ¿Qué tipo de ambiente funciona mejor para él o ella? ¿Mi hijo exhibe comportamiento positivo o negativo en todos los ambientes o sólo en ciertos escenarios?

◦     ¿Qué hace feliz a mi hijo?

◦     ¿Por cuáles pasatiempos o actividades mi hijo se siente más atraído?

◦     ¿Cuáles personas (estilo de personalidad y método) parecen trabajar mejor con mi hijo?

◦     ¿Cuáles estrategias han funcionado mejor para combatir los retos de los comportamientos desafiantes?

 

Asegúrate de mirar esas mismas preguntas desde la perspectiva contraria (por ejemplo: ¿Contra qué lucha tu hijo?). Luego, has las mismas preguntas de todos los que interactúan con tu hijo incluyendo a los maestros (de la iglesia y la escuela), los enfermeros, los parientes y los entrenadores.

 

Si te preocupan los problemas de aprendizaje o del comportamiento, te sugiero hacer todo lo posible por descartar los problemas médicos, que podrían ocultar o complicar el diagnóstico. Obtén evaluaciones completas de la vista, el oído, el habla y físicas. Pide la información de tu hijo sobre el azúcar en la sangre, el recuento de glóbulos y del funcionamiento de la tiroides y del endocrino. Además, busca una prueba para las alergias ambientales y a la comida.

 

Aquí hay otras sugerencias:

 ◦     Obtén pruebas completas de IQ, aptitud, estilos de aprendizaje y deficiencias de aprendizaje, incluyendo dislexia y otros desordenes basados en el lenguaje, ADHA y de Desordenes de Procesamiento Sensorial.

 ◦     Mantén un récord de todas las evaluaciones de tu hijo así como un portafolio de cada prueba de su escuela o tarea.

 ◦     Explora las leyes de educación especial para que conozcas tus derechos y puedas defender responsable y positivamente a tu hijo.

 ◦     Explora los enfoques menos invasivos y más holísticos cuando se trate de intervenciones. Piensa a largo plazo, no en una cura rápida, para cualquier solución relacionada con la salud, el aprendizaje y el comportamiento.

 ◦     Busca la detección temprana, desde el nacimiento hasta 3 programas de intervención y programas de enriquecimiento para niños, con aplazamientos para asegurar que tu hijo tiene una ventaja antes de entrar a la escuela.

 ◦     Disponte a ver las pruebas y las evaluaciones como una fuente de información, no como un factor determinante del éxito futuro.

 ◦     Usa términos edificantes para identificar los problemas especiales para que los niños sean vistos como una “persona primero.”

 ◦     Finalmente, siempre busca una segunda opinión.

 

 

Derechos de autor © 2009, Shari Rusch Furnstahl. Todos los derechos reservados. Derechos de autor asegurados en todo el mundo. Usado con permiso.

 

 

 

 







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