¿Quiénes Somos? Tienda Virtual  Preguntas Frecuentes Enlaces recomendados Contáctenos


  
















   
Retos de crianza
Los niños y el ahorro
Educando a las iglesias
Trabajando con la escuela
Las necesidades de los hermanos
Sintiéndose aislado
Cómo salir adelante
Hechos maravillosamente
Perdiendo la fe
Criando hijos con necesidades especiales
¿Qué pasa si un problema de drogas ya se ha desarrollado?
Reduciendo el Riesgo de Abuso de Sustancias
Etapas y Señales de Advertencia en el Abuso de Sustancias
¿Por qué Los Niños Usan Drogas?
El Abuso de Sustancias en los Niños
Escogiendo un pasatiempo familiar
Construir una relación con tus hijos
El impacto de la interacción diaria
Conversación de familia e identidad
Tiempo en familia y las relaciones
La vida: ¡Vamos, adelante!
Madres de Mujeres
El manejo exitoso de los problemas de comportamiento
¿Cómo aprovechar las vacaciones para enseñar a nuestros hijos finanzas sanas?
La poderosa influencia de un padre
¿Qué saben mis hijos acerca de mi trabajo?
Mantenlo simple
Crecimiento espiritual para niños: Un reto para los padres
Educar es enseñar a vivir
Trabajo y Familia
La Biblia, una Guía para la Vida
Cuando los niños no quieren comer verduras
Recompensando la responsabilidad
Bendiciendo a sus hijos
Oración
Papá, mamá: Ayúdenme a ahorrar
Valores Cívicos en el hogar: un verdadero legado
¿Qué hay detrás del MUNDO DEL MANGA Y EL ANIMÉ?
El ABC del mañana Proyecto de vida para niños
Tener hijos no es para cobardes
El desafío de tener hijos
Hábitos a desarrollar en familia I Parte
Hábitos a desarrollar en familia II Parte
Conviviendo con la pareja de papá
Padres amigos
En los zapatos de papá
Dando importancia a lo verdaderamente importante
Criando hijos en el siglo XXI
Tolerancia bíblica
Paternidad Consistente
¿Cómo Pueden los Padres Mantenerse Involucrados?

Perdiendo la fe

 

Lori Howard
Traducción: Andre Valerio M.

Mi hija, Chloe, es asombrosamente verbal, emocionalmente sensible y toda una belleza. Ella sabe lo que quiere, lo cual es, por supuesto, ser una princesa bailarina que monta un pony, doctora de bebés y animales. Ella tiene por excelencia 4 años y yo estoy encantada.

 

Chloe nació con pie zambo y otras complicaciones. En estos primeros cuatro años, ya tuvo seis operaciones y ha usado yesos, soportes y zapatos especiales unidos a una barra que usa en las noches. Ella ha estado dentro y fuera de hospitales, le han sacado sangre múltiples veces, ecocardiogramas, un enema de bario y está en terapia física regularmente. También ha experimentado dolor severo.

 

Comienzos tranquilos

 

Mi esposo, Dane, y yo queríamos un bebé. Estábamos emocionados de recibir en nuestras vidas a otra persona para amarla. Durante el embarazo, imaginé el nacimiento y la vida de nuestra hija. Ella jugaría fútbol como su papá y bailaría como yo. Sería perfecta.

 

Todavía recuerdo esos momentos tranquilos antes de las preocupaciones y las lágrimas, ese ensueño de dedos perfectos, arrullos y sonrisas y, por supuesto, los dedos de los pies perfectos. Los diez dedos de las manos perfectos y los diez dedos de los pies perfectos.

 

Pero ¿qué sucede cuando las cosas no resultan perfectas? La esperanza se desvanece, las expectativas se frustran; el futuro se nubla rápidamente mientras entra el miedo y preguntamos: ¿Dios, dónde estás?

 

Esperanzas frustradas

 

Para el ultrasonido de los cinco meses nos dijeron que Chloe probablemente nacería con pie zambo, un defecto del corazón y una anormalidad cromosómica. “Síndrome de Down,” dijo el doctor, “o lo más probable Síndrome de trisomía 13, que en la mayoría de los casos los bebés nacen muertos.” El doctor nos trasladó al consejero genético quien nos dijo: “Ustedes pueden interrumpir este embarazo hoy, nadie los culparía.”

 

¿Dónde estás Dios? Imploré.

 

Chloe llegó en Abril con hermosos dedos en sus manos, expresivos ojos azules, pie zambo, los pies de nuestra hija estaban tan cuidadosamente enroscados, uno envuelto alrededor del otro — tan hermosa y pequeña. Un pie perfectamente como el mío, el otro escasamente se parecía a un pie. Faltaban siete uñas, las otras tres parecían cabezas de alfileres en dedos poco formados.

 

Primero pensé en su futuro, sufrí por Chloe — por tener 8 años y no correr tan rápido como los otros niños, por tener 12 y sentirse avergonzada de sus pies, por tener 16 y nunca usar sandalias, por tener 25 y tener que resignarse con su cuerpo. Sufrí por mi hija.

 

Después comencé a ver que a través de toda esta dura experiencia — los ultrasonidos, las amniocentesis, el posible defecto del corazón, las anormalidades cromosómicas — este bebé, esta hija hermosa, fue ciertamente hecha para mí. Dios me dio la fuerza de decirle al consejero genético que no terminaría su vida. Dios me concedió la sabiduría para continuar investigando y hacer las preguntas difíciles. Dios me dio el valor de ver el futuro de mi hija en una luz positiva. Dios nos dio a Chloe, a Dane y a mí, porque Él sabía que ella cambiaría nuestros corazones, sólo con nacer. Dios estuvo con nosotros todo el camino, esperando a que nosotros viéramos que Él está en control.

 

Aún ahora, mientras Chloe hace piruetas en la clase de ballet, con un pie tratando tan duro de andar en puntillas, escucho a Dios diciendo, aquí estoy. Y estoy bendecida.

 

Este artículo apreció primero en la edición Discovery Years en el número de Enero, 2005 en el boletín informativo Enfócate en tu hijo. Derechos de autor © 2005 Lori Howard. Todos los derechos reservados.


Roselyn Vargas Corrales

Psicóloga

 

 

1. Antes de ser mamá

 

Ser mamá es una de las vocaciones más maravillosas que existen, ya que se nos confía la vida de un ser humano al cual amamos y deseamos que se desarrolle de la mejor manera posible.

 

Para la mayoría de las madres, las hijas y los hijos llegan a nuestras vidas pequeños e indefensos, de ahí que necesitados de todo nuestro tiempo y cuidado para atenderlos. Conforme se van desarrollando, nosotras vamos cumpliendo con la tarea de ser madres y, en este camino, comenzamos a darnos cuenta de que ser mamá hace surgir en nosotras grandes alegrías y satisfacciones, pero al mismo tiempo, preocupaciones, dudas, incertidumbres, remordimientos y culpas que no sabíamos que teníamos la capacidad de sentir. Y así, sin darnos cuenta, en el cumplimiento de esta gran labor, las mamás nos concentramos de manera exclusiva en hijos e hijas; y nada más.

 

Sin embargo, la verdad es que se nos olvidan dos elementos fundamentales. El primero es que la maternidad va mucho más allá que tener hijos e hijas. Se nos olvida que las protagonistas de la historia también somos nosotras. Sí, debemos mantenernos concentradas en el bienestar de la vida de nuestros hijos pero sin dejar de lado nuestras propias necesidades, por lo que debemos cuidarnos integralmente para poder cuidarles a ellas y a ellos de manera apropiada. Por esto es importante saber quiénes somos y comprendernos a nosotras mismas. Solo así podremos realizar eficazmente el rol de madre, así como cualquier otra tarea otra que desempeñemos.

 

El segundo aspecto se refiere a que una vez que sabemos quiénes somos, estamos conscientes de las fortalezas y debilidades que nos caracterizan. Y con esa información, tenemos  claro que nosotras, con nuestras virtudes y defectos, influenciamos la vida de alguien más. Nuestro papel es de gran relevancia y, por lo tanto, debemos ser intencionadas en lo que queremos hacer. Acercarnos a la gratificante experiencia de la maternidad comprendiendo que nuestra misión debe ser premeditada, esto puede ayudarnos de manera extraordinaria a criar a nuestros hijos e hijas partiendo de la plenitud y no del vacío.

 

2. La intencionalidad

 

Todas las cosas importantes en la vida requieren ser proyectadas y planificadas. Cuando nos proponemos alcanzar una meta, invertimos tiempo y esfuerzo para lograr lo que deseamos, seguimos un plan, y de camino nos adaptamos cuando surgen situaciones inesperadas o necesidades no contempladas. Cuando abordamos un proyecto de esta manera, teniendo claridad en lo que queremos conseguir, nos llenamos de energía, de propósito, de esperanza, difícilmente claudicamos y conforme avanzamos sentimos gran satisfacción de ver cada vez más cerca de cumplirse nuestras metas.

 

De ahí que cuando de ser madres se trata, al ser esta una de las tareas más significativas en nuestra vida, aún más debemos tener claridad en el rumbo que deseamos fijarnos. Entramos a la maternidad con grandes sueños, deseos e ideales, pero estos pueden fácilmente desaparecer cuando nos encontramos con la realidad, con el trajín diario de la cotidianidad y con el tener que equilibrar nuestro rol de madres con todos los otros, como el ser esposas, trabajadoras, etc.

 

Por consiguiente, para cumplir con esta gran tarea debemos ser intencionales. Según el Diccionario de la Real Academia Española, la intención es la “determinación de la voluntad en orden a un fin”. En otras palabras, significa tener nuestra atención claramente concentrada o fija en lograr algo. De modo que ser una madre intencional es tener claro los valores, los deseos y las metas por lograr que nos hemos propuesto para con nuestros hijos e hijas y entender con claridad que, mientras avanzamos por las rutinas cotidianas, todas las decisiones que tomemos, lo que hagamos así como lo que dejemos de hacer en la vida de nuestros hijos e hijas, tendrá implicaciones en el futuro.

 

Al ser madres intencionadas vamos a poder experimentar, en el largo plazo, la satisfacción de poder mirar hacia tras sin remordimiento alguno al ver que lo que dijimos, hicimos, modelamos y formamos en la vida de nuestros hijos dio el fruto que tanto nos habíamos propuesto.

 

Nuestra tarea es compleja, pero no imposible, y desempeñarla de manera intencional no hará que sea perfecta o que dejemos de cometer errores, lo que sí hará, es lograr dejar atrás los remordimientos y las preocupaciones sin sentido y centrarnos en fijar la mirada en el futuro mientras hacemos el trabajo del presente.

 










Sumation™ WebSite
by quinix technologies