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Transiciones de la vida
Cuando nos toque partir, ¿Cómo queremos que nos recuerden? Parte I
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Cuando nos toque partir, ¿Cómo queremos que nos recuerden? Parte I

Sixto Porras

Director Regional

Enfoque a la Familia

 

 

1. ¿Qué dejamos?

 

Quienes somos es lo que dejamos. No es lo que tenemos, no es lo que hubiéramos querido, no es nuestros sueños. Dejamos la huella de nuestra esencia a cada persona que se relaciona con nosotros; y eso que dejamos puede ser positivo o negativo y va a afectar en lo espiritual, en lo emocional y en lo social a las futuras generaciones.

 

Pocos se detienen a darle importancia a la pregunta: ¿Cómo deseamos ser recordados?, y menos nos preguntamos ¿Estamos preparados para el último viaje?

 

Pero lo cierto es que ahora mismo, con todo el equipaje de nuestra vida, es que estamos dejando un legado y, entre más temprano estemos conscientes de eso, más disfrutaremos la vida, porque esta va a adquirir un sentido de trascendencia y nos va a permitir vivir con sentido de propósito y realización.

 

2. El legado

 

Según el Diccionario de la Real Academia Española, un legado es “aquello que se deja o transmite a los sucesores, sea cosa material o inmaterial”. En la segunda definición, un legado es, la suma de todos los recuerdos que se convierten en el recurso del cual echamos mano para levantar nuestra propia historia. Resulta de un proceso y es tejido por un conjunto de eventos, acciones, palabras y personas.

 

Cuando nuestros hijos piensen en nosotros, ¿qué recuerdos llenarán sus mentes? Los recuerdos les nutrirán de fuerza, les traerán consejo, les aclararán sus mentes, sonreirán y tendrán gratitud. O bien, los harán llorar, tendrán reclamos y quisieran no haberlo vivido. Tenemos que decidir qué legado deseamos dejar a nuestros hijos y cómo queremos ser recordados ¿Tristeza, pesadumbre, enojo e incertidumbre? ¿O… alegría, seguridad y paz? Todo depende de lo que queramos hacer ahora mismo con nuestra propia vida.

 

Si optamos por lo segundo, este requiere de un esfuerzo consistente, sacrificio y sentido de misión. No se gana el derecho de celebrar un legado positivo hasta que se haya pagado el precio de construir uno ¿Y cómo se construye? En un ambiente de estabilidad emocional nutrido de aceptación, afirmación y amor. Toma mucho tiempo y requiere consistencia, pero ello deparará frutos en la vida del hijo y sus acciones al crecer, y este, a su vez, en la vida de sus hijos y, así, sucesivamente.

 

El ambiente emocional de la familia tiene influencia directa sobre el desenlace de todos nosotros. Un ambiente de amor nutre nuestra capacidad de lidiar con el fracaso y el dolor, lo cual es indispensable, porque todos experimentaremos tiempos de soledad y de frustración donde es imprescindible levantarnos ante la adversidad.

 




3. ¿Cómo transmitimos el legado?

 

Lo hacemos en la cotidianidad. Los padres modelan y refuerzan el legado mediante los momentos rutinarios de la vida y es transferido mediante conversaciones y acciones casuales. Los hijos observan la forma en que sus padres viven y lo ven como algo normal, incorporándolo a su estilo de vida en forma natural.

 

Todos tenemos antecedentes distintos y complejos, en donde hay cosas malas y buenas; sin embargo, todos podemos heredarles a nuestros hijos algo mejor de lo que nosotros mismos hemos vivido.

 

4. Metas de un legado positivo

 

4.1. Ayudar a pasar los aspectos buenos de la herencia

 

Preparemos una herencia que llene la mente de nuestros hijos con buenos recuerdos de los tiempos que pasamos juntos. Un legado emocional fuerte funciona como el principal combustible para que la nueva generación tenga la fuerza necesaria para construir su propia historia. Es lo que les recordará que los abuelos y los padres lo lograron y cómo lo lograron.

 

Una de las cosas que más disfrutaba en mi infancia era sentarme con la abuela a escuchar sus historias. Me daba sentido de pertenencia y me conectaba con mis generaciones pasadas. Pero sobre todo, me identificaba más con la familia.

 

4.2. Ayudar a romper el ciclo de dolor dejándolo atrás

 

Para construir recuerdos saludables en la nueva generación, debemos reparar el asiento emocional en nuestras propias vidas ¿Cómo lo hacemos? Reconociendo el dolor  y redirigiéndolo en otra dirección.

 

Hay que dirigir la atención hacia otros aspectos de la herencia que están más fuertes ¿Cómo? Primero, hay que atacar el problema a través de aceptarnos y perdonar. No tenemos que rendirnos porque creemos que en nuestro legado emocional algo faltó. Sanar las heridas y restaurar recuerdos renueva las fuerzas. Veamos los puntos fuertes y nutrámoslos, hablemos de nuestras virtudes, desarrollemos dones y aprovechemos las oportunidades. Esto compensa los momentos de dolor que vivimos en el pasado. 

 

Y segundo, solo Dios puede reparar el daño de un trauma emocional. La mejor forma es reforzando lo que es verdadero, dejando sin efecto las mentiras que nos lastimaron. La verdad es la que nos sana. Cuando la verdad se habla y se cree, los traumas causados por los engaños se rompen y dejan de lastimar. Es entonces cuando podemos decir que “las cosas viejas pasaron y que todas son hechas nuevas” y “olvidando lo que queda atrás nos lanzamos hacia adelante en procura de aquello que deseamos alcanzar”.

 

Al tomar la actitud correcta y al hacer prevalecer la verdad, la sanidad vendrá, toma tiempo, pero vendrá. Si lo logramos, nos será más fácil construir buenos recuerdos en los más pequeños.

 







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