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Abuso y adicciones

Dejando la comida atrás

Por Laurel Robinson

Traducido por Jimmy Hernández Arroyo

“Era temprano en la noche y yo me estaba preparando para tomar un baño. El día me había dejado exhausta, pero estos días, son así de todas maneras. Había trabajado por nueve horas y luego había hecho ejercicios por dos horas y media. Antes de meterme en la tina, me paré delante del espejo y me quedé viendo fijamente mis piernas en total disgusto. Me sentí traicionada por ellas. Eran tan grandes y feas. Desesperadamente deseé que pudiera cambiarlas. Estaba dispuesta a tratar prácticamente cualquier cosa. Agarré la parte posterior de ambas piernas y halé de la piel y la  grasa tanto que podía ver como se verían si fueran más pequeñas...Volví a ver a mi dolorido estómago y empecé a gritarle por estar adolorido”.

En su libro de 1997 Dejando la comida atrás, Sheila Mather describe francamente su recuperación de la bulimia, de estar hambrienta y de comer en exceso. A la edad de 18 años, después de tres años de restringir su dieta, en comilonas, purgándose, y ejercitándose de manera obsesiva en búsqueda de la perfección, Sheila tenía una estatura de 1,73 m. y un envidiable peso de 115 libras (55 kg). Ella también tenía encías que se habían caído, cabello quebradizo, un tracto digestivo inefectivo, un metabolismo lento, fatiga constante y moretones a lo largo del abdomen (por forzar el vómito). Ella había “tocado fondo,” y supo que era hora de cambiar.

Son muchas las probabilidades de que un gran porcentaje de mujeres que llevan sus libros por el campus de su universidad este semestre carguen con el enorme peso de un desorden alimenticio (también conocido como trastorno alimentario). Para ellas, como para Sheila, se trata más de un desorden alimenticio que de comer. Es más que quedar atrapada en la comida. Se trata de cómo se siente una mujer sobre sí misma, cómo ella ve su cuerpo,  y, lo más importante, cómo ella evita el dolor en su corazón. Es un círculo vicioso de pensamientos, conductas y consecuencias psicológicas.

Pero aún, esta carga puede ser contagiosa. Si una mujer ya es vulnerable, la tentación de estar hambrienta o de comer en exceso puede convertirse en algo irresistible cuando otros alrededor de ella lo hacen a diario. Un artículo reciente en la revista People describe una casa de una hermandad femenina (casa de las estudiantes en la universidad) donde las cañerías se atascaron porque muchísimas mujeres vomitaban en sus inodoros cada día. Wendy Shalit en su libro publicado en 1999: A Return to Modesty (Un regreso a la modestia) hace referencia a una mujer que nunca piensa dos veces sobre la anormalidad de comer chocolates en el cuarto de baño, de manera que pueda vomitarlos inmediatamente. En algunas comunidades universitarias, los desórdenes alimenticios son tan comunes que se ven normales. El hecho prevalece, no son normales. Sin importar quiénes los practican, ¡incluso las supermodelos!— los hábitos involucrados en un desorden alimenticio son peligrosos.

Normal es, una conducta saludable no causa mal aliento, mejillas inflamadas, dolor abdominal, y fluctuaciones constantes de peso. Purgarse de manera persistente puede causar fatiga, palpitaciones del corazón, ataques, y la muerte. La anorexia, una manera glorificada de hacer padecer de hambre al cuerpo, causarán todos y cada uno de los mismos problemas. Una de las ironía más crueles de la vida es que la persona anoréxica, quien presume en búsqueda de belleza y perfección, muere con un estómago hinchado como un niño del Tercer Mundo, y con cabello quebradizo de color naranja en sus raíces debido a la desnutrición.

Así pues, ¿de dónde vienen los desórdenes alimenticios?

Una vez que el círculo vicioso ha comenzado, es difícil señalar una única causa. Consejeros del Rancho Remuda y de la Sierra de Tucson (centros de tratamiento de pacientes hospitalizados) a menudo encuentran que los parientes de personas bulímicas luchan con la depresión, desórdenes maniaco-depresivos, alcoholismo, o los mismos desórdenes alimenticios, lo cual sugiere un posible predisposición genética. Otros psiquiatras siguen al pie de la letra y le llaman a esto una enfermedad.

La versión más reciente del Manual Estadístico de Diagnóstico (Diagnostic Statistical Manual (DMS-IV)), publicado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (American Psychiatric Association), define bulimia como episodios recurrentes de comer en exceso, junto con intentos para compensar esta conducta al provocar el vómito, ayunando, o ejercitándose excesivamente por lo menos dos veces por semana. Mientras la definición clínica es útil cuando se diagnostica el problema, puede llevar a algunos a buscar una rápida solución: un padre o madre a quién culpar, o una píldora qué tomar.

Otros recurren a un acercamiento más frontal. Florence Wolfe, una orientadora cristiana en una secundaria privada en Maryland para estudiantes de 17 años, ha compartido sobre sus desórdenes alimenticios con sus estudiantes. Sea que un estudiante esté jugueteando con la anorexia o esté inmerso en la bulimia, Wolfe dice que todo comienza con una decisión consciente. Es verdad, la cultura grita "¡esto es estar en onda!", pero últimamente cada uno de nosotros tiene control sobre nuestras propias acciones.

La Sra. Wolfe prefiere arrancar con el " factor de la honestidad": Cuando una mujer está deliberadamente matándose de hambre a sí misma, o comiendo en exceso y purgándose, ha empezado a mentirse a sí misma y a engañar a sus padres, novio, y cualquier otra persona que se preocupe por ella lo suficiente para objetar cualquier cosa que la lastime. La Sra. Wolfe estimula a sus estudiantes a que desarrollen pertenencia de sus propias opciones, y de la codicia o la glotonería involucrada en sus conductas.

Desarrollar pertenencia no necesariamente significa que una mujer debe ser condenada y castigada por sus decisiones. A menudo hay asuntos profundos detrás de los desórdenes alimenticios: En último caso, sus amigos y padres la han presionado para que sea delgada. Peor aún, ella ha sido abusada o traumatizada, y ahora está viviendo en temor y odiándose a sí misma. Sin embargo, el primer paso para recuperarse es encontrando una mejor forma de lidiar con las presiones que vienen de otros, o del abuso sufrido, o de las mentiras de la cultura. El auto abuso no es una respuesta.

Mi amiga Dahnna se recuperó de la bulimia en la universidad porque se dio cuenta del profundo amor que Dios tiene por ella, no hay problema que pueda abrumarla en el tanto ella esté consciente de que está apasionadamente enamorada de un Dios personal. Ella piensa que las conductas involucradas en bulimia y anorexia son como los brotes de dientes de león en un césped: podemos pasar la podadora sobre la "flor" (ejemplo, curar los síntomas), pero nuevas flores brotarán al día siguiente. La única forma de curar el problema permanentemente es llegarle a la raíz. Aquellos quienes han tenido el mayor éxito saben que la raíz usualmente está en el corazón.

Para luchar contra el dolor emocional, muchos de nosotros comemos (o dejamos de comer). Por alguna razón, esto “funciona” al principio. Incluso cuando el dolor físico de estar hambriento o de vomitar se convierte en intenso, aún parece mejor que enfrentar el verdadero y patético dolor. La verdad, sin embargo, es la única cosa que hará a una persona libre.

Otra amiga de la universidad, Carolyn, quien todavía tiene un dolor emocional intenso por su pasado nos hace la confidencia que su mente "sólo corre" a veces, llena de recuerdos de abuso, pensamientos de odio hacia sí misma, soledad y un deseo de comer hasta que vomita, lo cual la lleva a más auto condenación. Ella es una cristiana, pero en las profundidades de sus luchas, apenas puede reunir la fuerza para creer. Ella ha aprendido que con el propósito de prevenir esas horrible experiencias, ella necesita asistir a ciertos grupos de consejería con regularidad, que le puedan ayudar a sanar y perdonar, y que le recuerden sobre la verdad de que ella no está sola.

Si usted está luchando con un desorden alimenticio, lo primero que debe hacer es decirle a otra persona. La curación viene de mucho hablar, pensar, trabajar, y escuchar; sobre todo, escuchando a su corazón. Para ello será necesaria la honestidad. Usted necesitará a alguien objetivo, alguien de afuera, para que le ayude a procesar todos sus pensamientos y sentimientos.

Garantizado, parece vergonzoso y da miedo confiar a alguien esta información tan personal. Así que elija con cuidado a quién le cuenta, pero sí es importante que le diga a alguien. Los compañeros puede que no sean la mejor opción; incluso los miembros de la familia que te quieren mucho, muchos puede que no sepan qué decir o hacer para ayudarle a llegar a la raíz. De hecho, aquellos que se preocupan por ti no querrán verte lastimada, así que puede que traten de ayudarte distrayéndote del dolor. Un terapeuta con licencia puede ser objetivo, y mantendrá todo en absoluta confidencialidad. Él o ella puede ayudarle a clasificar a través de todos los pensamientos confusos, y decir algo de muy cierto digno de confianza de acuerdo con la situación.

Un buen consejero o programa también le rendirán cuentas; es decir, empoderará a la persona animándolo a tomar buenas y saludables decisiones acerca de qué hacer con su cuerpo. Ellos no le permitirán buscar ninguna excusa que le mantendría en los patrones destructivos. Si usted sinceramente no sabe cómo alimentar a su cuerpo bien, un/a nutricionista puede ayudar.

Puntos importantes para recordar:

Usted no está sola. Muchas mujeres sufren en la universidad de desórdenes alimenticios, la bulimia y la anorexia juntas forman la tercera enfermedad más común entre las mujeres adolescentes. Los consejeros sobre el consumo en el Rancho Remuda en Arizona reportan 500 llamadas cada mes; ¡y estas son sólo de las mujeres que están sufriendo lo suficiente como para pedir ayuda! Los consejeros están ahí para ayudar a todas y cada mujer para que se den cuenta de cuál es la mejor manera de afrontar su problema.

La curación demandará trabajo. La mayoría de las mujeres no son "reparadas" de la noche a la mañana. Sheila Mather trabajó a través de la culpa, el miedo, la vergüenza, la inferioridad, la ira y el dolor de su pasado de la edad de 25 a los 30. Todos los días obtenía la victoria, se enfrentó a los falsos mensajes en su mente que habían jugado con ella durante tanto tiempo y la hacían ser tan dura con ella misma. Algunos días se deslizó de nuevo hacia los viejos patrones, pero una vez que había iniciado el camino de la recuperación, sólo pudo avanzar hacia la totalidad. Sheila no cambiaría nada del trabajo duro por algo menos que la libertad que tiene ahora:

Me desperté una bella mañana de verano y salté de la cama. ¡Sentí un impulso para vivir! El pasado había quedado atrás! No sentía ninguna necesidad de aferrarme a él o cambiarlo de alguna manera. Hoy fue un nuevo día con nuevas opciones…. Yo esperaba con interés los nuevos desafíos. ¿Qué otras personas pensaron no influirían en mis decisiones?... Me gustó lo que yo era. Yo quería ser todo lo era. Estaba ansiosa por vivir la vida. Yo estaba lista. Yo sabía que habría momentos en los que me sentiría abrumada por el miedo. Sabía que la vergüenza siembre sería parte de mi vida. Yo sabía que iba a experimentar dolor y decepción, probablemente muchas veces. Pero la alegría y el amor estaban en medio de mis pensamientos. Tenía esperanza. Tuve la emoción. Los pensamientos negativos ya no me gobernaban, a pesar de que todavía estaban presentes.

¡Usted quiere ser libre! Los seres humanos no fueron creados para vivir en el tipo de miseria que la bulimia y la anorexia causan. Fuiste hecha para ser libre, y Dios quiere liberarte. Usted puede utilizar los alimentos como estaba previsto: para nutrir el cuerpo. Usted puede ser libre para sentir, para herir, confundir, para estar triste, para estar arrepentido, para estar enojado. Incluso puede reír de nuevo: una risa suave, alegre desde lo más profundo de su alma. Su curación depende en parte de su deseo. Si realmente quiere ser libre, recuérdese esto a usted misma en cada momento, y pídale a otros que le ayuden a recordar eso.

Cuando el apóstol Pablo le pidió a Dios que le quitara su "espina clavada en la carne" [2 Cor 12:7-10], respondió el Señor: "Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad " Así que Pablo decidió, "Por eso me regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte."

Dios se especializa en tomar a “los débiles" del mundo y convertirlos en almas fuertes y hermosas. En Sus ojos el quebrantamiento no es un fracaso, es la puerta a una mayor espiritualidad. (De Judith Couchman  Diseñando la vida de una mujer: descubriendo su singularidad, propósito y pasión [Designing A Woman's Life: Discovering Your Uniques Purpose y Passion].)

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Enfoque a la Familia tiene consejeros y especialistas quienes está disponibles de lunes a sábado para conversar con usted, proveerle de información y animarlo, le sugerirán recursos, le darán referencias y orarán con usted. Si usted está luchando con un desorden alimenticio y le gustaría conversar con uno de ellos, puede encontrar más información aquí.


Derechos de autor © 1999 Laurel Robinson. Todos los derechos reservados. Derechos de autor internacionales asegurados. Este artículo fue publicado en Boundless.org en Setiembre 9, 1999.



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