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Relaciones interpersonales

Mujeres triunfadoras. Parte I

 

Sixto Porras

Director Regional

Enfoque a la familia

 

 

1. Ante todo: seres humanos

 

Cuando se tocan temas sobre la mujer, lo primero que salta a relucir son las “diferencias” respecto a los hombres; y las hay desde aquellos que las encasillan en roles machistas hasta los más bien intencionados que hablan de la “súper mujer”.

 

Lo cierto es que antes que entrar en comparaciones, lo primero que hay que hacer es precisamente lo contrario: no hacerlas. Mujeres y hombres son seres humanos en igualdad de condición, con los mismos deberes y derechos por igual. Ambos son fuertes y débiles en su humanidad, porque un género u otro no hace a ninguno superior o inferior en cuanto a habilidades o aptitudes y actitudes para enfrentar la vida. Ninguno entra en la categoría de “blanco o negro”, pues los dos estamos llenos de grises.

 

Una vez claro este punto, tanto mujeres como hombres somos personas, cada uno es distinto y único. Y, desde la personalidad de cada uno, nuestro ser interior, podemos o no alcanzar nuestro máximo potencial para vivir la vida. No es por ser mujeres u hombres que alcanzamos o no el éxito: eso depende enteramente de quien es cada uno en su personalidad y carácter y su determinación por alcanzar lo propuesto.

 

Además, acá es importante señalar un último punto: cada uno de nosotros tiene una historia, una vivencia, un marco de vida donde crecimos y nos desarrollamos, que para bien o para mal, estas son las primeras luces que recibimos para enfrentar la existencia y planear un proyecto de vida personal, propio.

 

A partir de esto, ¿podemos preguntarnos quién es una mujer triunfadora?

 

2. Derribando mitos de la mujer triunfadora

 

Antes de entrar en detalles sobre mujeres triunfadoras, es válido abordar ciertos mitos o estereotipos que han acompañado a dicho tema por años.

 

2.1. Desde el machismo y los roles del hogar:

La ama de casa perfecta sólo existe en los libros de cocina y etiqueta de los años 40 y 50. Si bien la costumbre señalaba que la mujer fuera la administradora del hogar y el hombre fuera el proveedor, ni uno ni el otro son excluyentes, ni en función ni en rol. Cada ser humano está en el derecho de encontrar lo que lo apasiona en la vida y alcanzarlo, así como llegar a negociaciones en el hogar sobre a quién le toca qué.

 

2.2. Desde la “súper mujer”:

El trecho de pasar recluida en el hogar a ser una mujer trabajadora afuera del hogar tuvo, y tiene, su trampa: no se puede permitir esa sobrecarga de trabajo dentro y fuera de la casa porque “la mujer todo lo puede”, cuando debería estar repartido entre todos: el marido y los hijos de acuerdo a la edad, sin importar si son niños o niñas.

 

Los roles de enfermera, consejera, “arregla todo”, etc., en el seno familiar, son roles que también debe asumir el hombre. Aquí, el asunto es ver quiénes son los adultos responsables de los hijos, y estos son: el padre y la madre, por tanto, esos roles deben ser compartidos.

 

Por otro lado, el anuncio del detergente que ubica a la mujer trabajadora y administradora del hogar siempre sonriente sin importar en cuántas partes se divida en un día… no es más que un anuncio: experimentar cansancio y estrés es lo humano, la sonrisa exigida es eso: una exigencia de un ideal, por demás injusto.

 

2.3. Desde el “roble emocional”:

“Las mujeres son fuertes en lo emocional” es un mito absurdo, porque, de paso, incluye la idea de que los hombres no fueran capaces de serlo, porque a ellos, en esta repartición, “les tocó ser los fuertes en lo físico”.

 

2.4. Desde la maternidad:

“Mujer madre es mujer completa”, cuando lo cierto es que toda madre debe pasar primero por ser mujer. Ser madre solo es un rol, importante y trascendental pero, como cualquier otro, y como cualquier rol, puede decidir asumirlo o no asumirlo.

 

2.5. Desde la mujer esposa:

¿Quién no ha visto con malos ojos cuando una mujer de cierta edad no ha encontrado marido? “Por algo será…” dicen las malas lenguas. Sea por decisión personal o por circunstancias de la vida, el hecho de permanecer soltera no la hace una mujer fracasada, incompleta o “menos mujer”.

 

2.6. Desde la imagen:

Jennifer López, María Sharapova, la madre Teresa de Calcuta, Meg Ryan. La “sexy”, la deportista, la “santa”, la “dulce”. ¿Hay que calzar en algún estereotipo? No, cada persona, hombre o mujer, tiene su esencia, que es la que tiene que encontrar y forjar.

 

Siga con nosotros aprendiendo sobre este interesante tema en la Parte II.

 










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