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Contentamiento y Gratitud
Pastor Daniel Catarisano

Enfoque a la Familia, EEUU

   Hoy en día se hace difícil cultivar y practicar una “actitud de gratitud” cuando la sociedad nos incita a hacer cambios constantes en nuestra vida social, financiera, familiar y religiosa. Cuando caemos en la trampa de estos cambios constantes, nunca estamos contentos ni satisfechos con nada. Creo que sufrimos una constante adicción a cosas que satisfacen momentáneamente, pero que luego dejan sabor a nada.

   El contentamiento no es una virtud incorporada a nuestra mente de manera natural. El contentamiento se adquiere y se refina en la práctica. Podemos aprender a estar contentos y agradecidos aun cuando las cosas no siempre resultan exactamente como deseamos.

   Hace muchos años atrás, mi esposa y yo logramos comprar nuestra primera casa. Realmente fue una gran bendición y hasta me atrevo a decir que fue un milagro. Sin embargo, la casa necesitaba muchas reparaciones, remodelación…y una gran dosis de amor para que se viera presentable, pues los habitantes anteriores jamás se habían interesado por cuidarla como corresponde. Así que con toda sinceridad debo confesar que la casa estaba en condiciones deplorables.

   Como familia nos sentíamos muy emocionados con nuestra primera casa, pero todos reconocíamos que el desafío de ponerla en buenas condiciones nos llevaría mucho tiempo, trabajo y dinero. Recuerdo haber reunido a mi familia para animarles a vencer estos obstáculos. La historia del  pueblo de Dios enfrentando a los gigantes me fue de mucha utilidad.  Esta casa era nuestra tierra prometida, pero sin duda tendríamos varios gigantes que vencer hasta poder sacarle provecho. Así que desde el comienzo tuvimos que aprender a estar agradecidos; contentos con lo que Dios nos había provisto. Fue una lección que más tarde produjo buenos frutos en la vida de todos.

   La Biblia dice en el libro de Hebreos 13.5

 “Sean las costumbres vuestras sin avaricia; contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré.”

   Es interesante notar que cuando estamos contentos con lo que el Señor nos da, él nos ayuda a cambiar nuestras actitudes y nos hace sentir satisfechos. La gratitud a Dios elimina la avaricia y promueve la paz en nuestras emociones y en el trato con los demás.

   El contentamiento y la gratitud son actitudes indispensables para lograr la armonía familiar. Cuando cada miembro de la familia está satisfecho con Dios, entonces también lo está con todas las bendiciones que Dios le concede. Los cónyuges viven tranquilos y sus hijos no los presionan con demandas imposibles de cumplir.

    Creo que aunque sea difícil cultivar y practicar una actitud de gratitud, de todas maneras es posible. Obviamente se requiere oración e intencionalidad para logarlo, pero contamos con Dios, quien siempre está dispuesto a ayudar a un corazón agradecido.

   Que el contentamiento y la gratitud sean nuestras características personales; y si aun no lo son, incorporemos estas valiosas actitudes a nuestra conducta, pues los resultados son incomparables.

   Nuestra familia, la iglesia y la comunidad nos lo agradecerán profundamente.

                La Gratitud es para todo el año.

 

Daniel L. Catarisano

Enfoque a la Familia, EEUU

Pedro llegó a los Estados Unidos escapando del régimen tiránico que azotaba a su país natal. Aquí se encontró con Ramón, oriundo de otro país latinoamericano, quien también acababa de arribar con la ilusión de encontrar trabajo y poder enviar dinero a su familia. Muy pronto ambos se hicieron amigos. Estar solos en un país extraño era difícil, así que la amistad les sirvió para enfrentar mejor la soledad y para ayudarse a navegar los desafíos de una cultura diferente. Pedro había estudiado un poco de inglés en la escuela, pero podía leerlo, más que comunicarse hablando. Ramón no tenía idea.

El primer año en América fue muy difícil. Conseguir trabajo les costó mucho más de lo que habían calculado. Estaban agradecidos, pero el dinero no siempre alcanzaba para vivir y para enviar ayuda a sus familias. Confundidos, tristes y reevaluando si la decisión de emigrar había sido la correcta, cierto día, inesperadamente, un vecino del complejo de apartamentos vino a visitarlos. Su nombre era James y aunque apenas podía decir algunas palabras en español, logró comunicar su deseo de ayudarles. Al principio los muchachos desconfiaron un poco, ¿qué intenciones tendría este “gringo”? Pero como tampoco tenían muchas alternativas, decidieron aceptar la ayuda. James no tenía dinero para ofrecerles, pero los invitó a ir dos veces por semana a su apartamento para enseñarles inglés, y para que su esposa, Catherine, les enseñase a cocinar.

Cuando llegó el mes de noviembre, James aprovechó las clases de inglés para enseñarles una nueva palabra a sus amigos: “Thanksgiving”. Pedro y Ramón ya la habían visto escrita en varios avisos publicitarios, e inclusive en un adorno que colgaba de la puerta de entrada al apartamento de James y Catherine. Se habían dado cuenta que se trataba de una fiesta y en el trabajo les habían dicho que tendrían un par de días “off”. Otro hispano que conocieron en el mercado les dijo que era “el Día del Guajolote”, pero les parecía extraño que el país tuviese un feriado para celebrar a un animal. Afortunadamente, James y Catherine pudieron explicarles el verdadero significado del “Día de Acción de Gracias”.

Con mucha paciencia y mostrándoles las figuras en algunos antiguos libros escolares, James y Catherine les contaron acerca de los europeos que llegaron a Plymouth Rock el 6 de septiembre de 1620. “Luego de una dramática travesía de dos meses en el mar”, explicó James, “los peregrinos europeos llegaron a esta tierra en busca de libertad para adorar a Dios. Lo primero que hicieron después de desembarcar, fue tener un servicio de oración y construir refugios muy precarios, que por supuesto probaron no ser adecuados para el crudo invierno de New England. Casi la mitad de ellos murieron antes de la primavera. Cierto día, sorpresivamente, se les acercó Samoset, un indio nativo de la región quien les habló en inglés, explicándoles que lo había aprendido de unos pescadores y mercaderes. Al principio los peregrinos desconfiaron y Samoset también tuvo sus dudas en cuanto a estos extranjeros. Pero al no tener otras alternativas, los europeos decidieron aceptar la ayuda.” A estas alturas del relato, Pedro y Ramón notaron algunas similitudes en relación a su propia experiencia con James.

“Pasada una semana”, agregó Catherine, “Samoset los visitó nuevamente, esta vez acompañado de su amigo, Squanto, quien se quedó a vivir con los peregrinos y luego también aceptó su fe cristiana. Squanto les enseñó a pescar, a cazar y a sembrar la tierra. El verano siguiente, la cosecha fue tan abundante que todos decidieron tener tres días de fiesta para agradecer a Dios y para celebrar con sus amigos indios. Era Diciembre de 1621 y noventa indios Wampanoag se unieron a los cincuenta peregrinos en la fiesta de acción de gracias. El siguiente año, otras colonias vecinas también decidieron celebrar y así se transformó en un festival anual. En 1933, el presidente Franklin D. Roosevelt comenzó a celebrar “El día de acción de Gracias” el cuarto jueves del mes de Noviembre, hasta que en 1941, el Congreso de la Nación lo adoptó como feriado nacional, para dar gracias a Dios por la libertad y la abundancia de esta tierra.”

Cuando James y Catherine terminaron de relatar la historia, Pedro y Ramón se miraron el uno al otro y dijeron: “Nunca habíamos escuchado algo así. Esto significa que a partir de ahora nosotros también podemos celebrar…mejor dicho, debemos celebrar.” “Es cierto, respondió James, “Ahora ustedes participan de las bendiciones que Dios ha dado a esta tierra.”

Catherine se levantó de la mesa, tomó la Biblia en español que acababan de comprar esa semana y abriéndola en el Salmo 100 leyó en voz alta: “Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza. Alabadle, bendecid su nombre, porque el Señor es bueno, para siempre es su misericordia.”

“¡Porque el Señor es bueno!”, exclamó Pedro, “No tengo dudas al respecto, porque él ha tenido misericordia de nosotros, ayudándonos a luchar para salir adelante y también dándonos amigos como ustedes.” “Estoy de acuerdo”, afirmó Ramón, “tengo que confesarles que muchas veces me quejo de este país. Creo que hasta ahora no lo he mirado con mis propios ojos. Ningún país es perfecto, pero aquí es donde vivimos y Dios continúa bendiciéndonos.”

Los cuatro amigos concluyeron la velada dando gracias a Dios por la libertad, la abundancia y la amistad; y Pedro prometió compartir la historia de “Thanksgiving” con su familia, quienes según la última carta de la oficina de Inmigraciones, estaba a punto de llegar.







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