El nuevo modelo de paternidad

Dentro de los cambios que se están plateando en los contextos familiares en este inicio de siglo, está el replanteamiento en la perspectiva que se tiene acerca de la maternidad y paternidad. Durante muchos años se ha insistido en la relevancia que tiene la mujer en el ámbito doméstico y, por supuesto, con su incursión acelerada en los ámbitos laboral y profesional, su figura ha adquirido una importancia aún mayor a nivel integral. Sin embargo, los expertos en familia advierten que este proceso exige un replanteamiento paralelo de la figura del hombre tanto a nivel familiar como social.

 

La búsqueda por otorgar un mayor grado de independencia y equidad de la mujer, ha devenido en un replanteamiento de sus roles y características tradicionales al interior de la familia y a nivel social. Un replanteamiento en las tareas y responsabilidades domésticas, laborales y sociales que ha sido fundamental y que ha posibilitado un mayor desarrollo de su potencial y sus aportes donde se desenvuelve.

 

Sin embargo, este cambio ha traído consigo un efecto colateral que se ha hecho evidente en el transcurrir del tiempo. En efecto, existe una percepción y casi convencimiento social de que el papel del padre en el hogar puede ser sustituido y considerado “prescindible” en el desarrollo y proceso de crecimiento de los hijos.

 

De acuerdo con estudios realizados recientemente, entre ellos el de la profesora María Calvo Charro, de la Universidad Carlos III de España, los roles paternos han estado bajo observación y se ven como válidos en la medida en que se asemejen a los asumidos por las madres. Es decir, la perspectiva social es que los roles de la madre y del padre pueden ser “intercambiables” y, por lo tanto, en el caso de los padres, prescindibles. Se cuestionan los efectos particulares de la figura paterna y se ha devaluado paulatinamente la función específica y diferenciada del padre en el ámbito familiar.

 

Cuando se ha evaluado el papel tradicional del padre en sociedades occidentales, surgen las evidentes características patriarcales que han prevalecido durante muchos siglos. El replanteamiento de los principales roles y características de la figura paterna se ha constituido en un importante aporte en procura de un mayor bienestar de la familia y de todos sus miembros. No obstante, esta visión crítica y necesaria de la figura tradicional del padre no debe de realizarse dejando de lado los importantes y objetivos elementos que aporta la figura paterna en el desarrollo y crecimiento de los hijos.

 

Los cambios en las familias

 

Los cambios en la estructura y dinámica familiar, ocurridos a finales del siglo pasado y principios del presente, muestran un aumento en los hogares monoparentales jefeados principalmente por mujeres, así como el abandono de los hijos por parte de muchos padres producto de las separaciones y divorcios. Estos cambios han hecho que aumente el número de niños y niñas que se crían y se educan sin la figura paterna a su lado. Incluso muchos padres que viven aún en sus hogares, no asumen las funciones naturales insustituibles que deben ejercer en su rol de padres. Las estadísticas muestran que las carencias del padre en la vida de sus hijos, trae vacíos y consecuencias lamentables en el desarrollo emocional de los menores. Son varios los estudios que se han hecho, y al de la profesora Calvo, se le suman otros informes presentados por The Familly Watch en los cuales se evidencia la necesidad y relevancia que tiene la figura paterna en la vida y desarrollo de sus hijos.

 

En Estados Unidos también se ha investigado esta realidad, y se ha descubierto que los niños y adolescentes que presentan mayores problemas con el alcohol y drogas, con alteraciones psicológicas y delictivas, con dificultades para el buen desempeño escolar, entre otros, responden en un elevado porcentaje a hijos que han crecido sin una figura paterna sólida y presente.

 

Definitivamente la ausencia del padre o una figura disminuida de éste, con roles confusos o con una presencia eclipsada, dificulta el potencial del desarrollo de los menores de edad. La madre es fundamental en el proceso de cuidado, crianza y educación de los hijos, al lado del papel igualmente fundamental del padre, con sus propias características complementarias y diferenciadas.

 

Síndrome de la función paterna en fuga

 

Una de las característica que se han venido presentando con mayor frecuencia en los hogares es el denominado “síndrome de la función paterna en fuga”, la cual se refiere a una presencia física del padre en el hogar, pero sin asumir sus funciones, responsabilidades y tareas en el cuidado, crianza y educación de los hijos.

 

Las sociedades de Iberoamérica han venido experimentando un debilitamiento de la figura paterna, la cual se ha cuestionado severamente (con cierto grado de razón por las características que ha tenido producto del modelo patriarcal que ha estado vigente durante muchos años), y esta situación ha provocado que gran parte de los padres hayan abandonado sus tareas y responsabilidades en el hogar, aún permaneciendo en las familias.

 

A este lamentable panorama hay que sumarle el hecho de que en general muchos padres y madres deciden trasladar sus funciones fundamentales de educación de los hijos, a los centros educativos donde asisten los menores, aumentando los vacíos en ellos. Los centros educativos son lugares de instrucción académica muy importantes, pero son los padres y madres los que deben educar en valores y principios.

 

La necesaria figura paterna

 

Está claro que para el buen desarrollo, crecimiento y educación de los hijos, se requiere de familias sólidas, funcionales, estables y saludables. Es necesario una presencia positiva tanto de la madre como del padre; cada uno con funciones bien claras y diferenciadas, donde ambos se complementen y se apoyen, tal y como lo recomiendan los estudios realizados por The Family Watch.

 

Esta afirmación no significa, sin embargo, que los roles del padre y de la madre sean rigurosamente excluyentes. Debe existir una co-responsabilidad en lo fundamental, la cual debe procurar, sobre todo, que el tiempo de atención, el cuidado, la educación, la orientación, el afecto y la disciplina provengan de ambos padres. Sin embargo, las funciones de la figura materna y paterna, la presencia de cada uno en la vida de los hijos, tiene un significado especial y específico, que equilibra el desarrollo emocional de los menores.

 

El nuevo modelo de paternidad surge del “post patriarcado” y del “post feminismo”, es un modelo de paternidad moderno, responsable, presente, complementario y altamente participativo.

 

Los constituyen hombres implicados en las tareas y responsabilidades del hogar y en el cuidado, crianza y educación de los hijos. Esposos y padres que han asumido un papel de relevancia en el hogar, sin dejar de ser por ello buenos profesionales y trabajadores exitosos. Hombres que actúan en el hogar donde el aporte de su masculinidad complementa el incuestionable aporte de la esposa y madre en su femineidad.

 

El nuevo modelo de paternidad viene como superación de una obsoleta perspectiva donde disminuía el papel del padre en el hogar o donde el propio padre se sentía limitado o cohibido a ejercer sus funciones domésticas.

 

 

 

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* Jesús Rosales Valladares estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Costa Rica. Además se ha desarrollado como consejero familiar e investigador social en temas de políticas públicas y familia por más de treinta años.

 

 

 

 

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