Consejos prácticos para el noviazgo. Parte III

September 30, 2016

Señales de peligro

 

Elegir a la persona que nos acompañará hacia el altar y por el resto de la vida no es fácil. Algunas veces nos encontraremos con trampas que nos pueden hacer tomar una decisión equivocada y que podríamos lamentar el resto de la vida. Si logramos detectar las señales de peligro lograremos actuar preventivamente. 

 

El amor crece a partir del respeto mutuo, lo que fortalece una relación saludable y produce esperanza. Si la relación que tenemos no nos está haciendo crecer, nos genera temor y los amigos nos advierten que vamos mal, hay que tomar una decisión. Sobre todo debemos tomar en cuenta que la paz es el visto bueno de Dios en todos los ámbitos de nuestra vida, y que si no la tenemos en nuestra relación, algo no está bien.

 

Es importante prestar atención cuando estemos frente a algunos escenarios antes de empezar o continuar una relación enfermiza.

 

Las trampas

  • Creer que el amor es un golpe de suerte.

  • Elegir a la primera persona disponible al estar desesperados por querer ser amados y poder casarnos.

  • Actuar apresuradamente en función de lo que sentimos.

  • Idealizar a la persona, y terminar engañados por las cualidades superficiales.

  • Amar por dependencia, es decir, una persona bien intencionada, se aferra a una persona con necesidad extrema de recibir amor y afecto.

  • Amar por lástima, cuando nos encontramos a alguien que nos ama e idealiza y decidimos estar con ella por compasión aunque nosotros no sintamos lo mismo.

  • Relación por rebeldía, salir con alguien solo para llevar la contraria a nuestros padres.

  • La trampa de los años y la experiencia: creer que la experiencia nos permite saltarnos algunas etapas antes de iniciar una relación.

  • Relacionarnos con alguien por Internet y afirmar que lo conocemos.

Los malos consejeros

 

En algunas ocasiones, nuestros motivos para permanecer en una relación o elegir a una pareja, pueden estar siendo influenciados por malos consejeros. Construir una relación fundamentada en motivos equivocados, puede conducirnos a tomar una decisión incorrecta.. Algunos de ellos son:

  • Soledad

  • Desesperación 

  • Ansias pasionales 

  • Aburrimiento

  • Para olvidar un amor

  • Deseos de venganza

  • Religiosidad: cuando creemos que debemos estar con otra persona por «imposición divina».

No ignoremos las señales de advertencia

 

En el noviazgo se debe estar atento a las señales que pronostican problemas o nos revelan que estamos en una relación tóxica. Si atendemos las advertencias, podremos actuar sabiamente. Algunas luces rojas son:

 

El abuso

 

Toda relación humana debe fundamentarse en la admiración, la aceptación, el respeto y la cordialidad. Por eso en el amor, los abusos no pueden ser tolerados de ninguna manera. No hay explicación razonable que apoye cualquier forma de abuso. El abuso nunca es justificable y debe detenerse inmediatamente. Si nos sentimos obligados, manipulados o impulsados a actuar en contra de nuestra voluntad, debemos terminar la relación inmediatamente y buscar ayuda profesional.

 

Existen varios tipos:

  1. El abuso físico, donde prima la fuerza para controlar o lastimar a la otra persona. Aunque el agresor llore o exprese arrepentimiento, hay que terminar.

  2. El abuso verbal, son comentarios degradantes, insultos, palabras humillantes, burlas o gritos que deterioran la salud emocional de la persona afectada.

  3. El abuso emocional, cualquier expresión que pretenda controlar, degradar o disminuir las acciones, comportamientos o creencias de una persona por medio de la manipulación, humillación o intimidación.

  4. El abuso espiritual, que manipula y controla en nombre de Dios.

  5. El abuso sexual, que es toda conducta que pretenda obligar a efectuar actos sexuales sin consentimiento, con consecuencias emocionales o físicas.

  6. El abuso patrimonial, que es cuando en nombre del amor y de la relación, uno saca provecho del otro en cuanto a bienes materiales o las finanza. 

Las adicciones

 

Cuando estamos en una relación con una persona que tiene alguna adicción, estamos tratando con alguien que es esclavo de ella, no es una persona libre, con autocontrol o equilibrada emocionalmente. Al ser un individuo controlado por una sustancia o una acción, le será difícil mantener una relación sana y estable, y posiblemente tenga relaciones rotas constantemente porque la adicción tiende a ser su prioridad, poniendo la relación en un segundo plano.

 

Cuando media una adicción, solemos justificar a la otra persona para sostener la relación. Nos convertimos en sus salvadores, volviéndonos a nosotros dependientes de ellos, forjando así una relación de codependiente. Sin embargo, el amor de pareja no es un amor que se fundamenta en la caridad o en relaciones de víctima-rescatador, se fundamenta en la salud emocional que ambos tienen. Por eso, la recomendación es terminar lo más pronto posible y no regresar hasta que la otra persona haya superado totalmente la adicción, y luego de haber buscado ayuda para evitar repetir el patrón de salvador.

 

Tanto la persona con adicción, como su rescatador, tienen problemas emocionales profundos que necesitan ser resueltos y atendidos por un profesional.

 

La infidelidad

 

Uno de los fundamentos de una relación amorosa saludable es la fidelidad, ya que fortalece la confianza y provee seguridad a ambas partes. Si se mina la confianza en la relación, el dolor que experimentaremos se extenderá en el tiempo y será difícil de recuperarla.

 

Si está con alguien que le ha sido infiel a usted o a otra persona, debe asegurarse que haya trabajado con un profesional este comportamiento ya que podría ser un patrón que vuelva a repetir durante el matrimonio.

 

La inmadurez o irresponsabilidad

 

No significa que la pareja sea olvidadiza, pierda las llaves de la casa o no sepa a dónde dejó su celular. Pero si observamos que es una persona con un profundo patrón de inmadurez e irresponsabilidad, lo que está diciendo es: «¿Quieres ser mi mamá/papá?», «¿puedes hacerte responsable por mí?».

 

Una persona inmadura se caracteriza por no definir metas ni propósito en la vida; puede ser un idealista soñador, pero difícilmente pone manos a la obra para su realización. Además, espera que otro sea quien le resuelva su vida. Asimismo, es poco comprometido y abandona las responsabilidades que había asumido con anterioridad: no termina nada de lo que inicia, y siempre justifica su irresponsabilidad. También, es alguien que suele posponer las cosas para último minuto y frecuentemente llega tarde a sus compromisos o no los atiende. Tiene dificultad para tener trabajos estables, no paga sus deudas y posee mal antecedente crediticio. Alguien así nos anuncia que estamos en una relación que nunca será estable.

 

Problemas emocionales no resueltos

 

Una persona que trae un lastre emocional no resuelto, puede tener dificultades para construir relaciones saludables. Podría tener luchas por el poder, arranques de ira profundos, depresiones frecuentes, etc. Por eso, es saludable que ambos puedan haber alcanzado estabilidad emocional antes de iniciar una relación. 

 

No es fácil distinguir los problemas emocionales no resueltos, por lo que es indispensable que se puedan dar el tiempo necesario para conocerse, conocer a la familia y observar las conductas poco saludables. La meta es evaluar la viabilidad de la relación, antes de entrar a un matrimonio destinado al divorcio o bien, con conductas abusivas, enfermizas, destructivas y disfuncionales. Los problemas emocionales serios deben atenderse a tiempo para que sean superados.

 

Decidamos establecer relaciones con personas que hayan alcanzado equilibrio y salud emocional, para lograrlo debemos haberlo logrado primero. 

 

Parte IV

 

 

 

 

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*Sixto Porras. Director Regional de Enfoque a la Familia.  Autor de los libros: «Amor, Sexo y Noviazgo», «De Regreso a Casa», y «El Lenguaje del Perdón». Coautor de: «Traigamos a los pródigos de regreso al hogar» y «Meditaciones en Familia». Esposo de Helen, y padre de Daniel y Esteban. Su pasión es ayudar a las familias a mejorar.

 

 

 

 

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