¿Tengo las cualidades que quiero ver en mi pareja?

El famoso médico neurólogo, padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, señalaba que los seres humanos suelen tener expectativas conscientes e inconscientes acerca de otras personas y de sus circunstancias, pero que éstas no siempre van a corresponder a la realidad con la que se van a encontrar. La brecha que se establecerá entre las expectativas y la realidad, producirá casi siempre enojo, frustración e inconformidad.


Este desfase entre expectativas y realidades deberá ser resuelto, bajando un poco el nivel de las expectativas -sin renunciar totalmente a ellas- y procurando influenciar favorablemente el cambio en la realidad -sin esperar tampoco transformaciones rápidas y  radicales-.


Y es que con frecuencia las personas aspiran encontrar a alguien  con quien puedan unir sus vidas y conformar un proyecto familiar en común, el cual posea una serie de características y cualidades que les resulten aceptables y satisfactorias. Para este propósito, se espera que la  persona con la que se va a establecer una vida matrimonial contenga un grupo de cualidades especiales.

 

Esta aspiración no debería sorprender porque, en realidad, las personas tienden a buscar pareja a partir de necesidades y requerimientos muy concretos de carácter psico-afectivo. Sin embargo, lo que sí llama la atención es que, en muchas ocasiones, las cualidades que se esperan encontrar en la otra persona, no necesariamente se han cultivado y asumido como cualidades propias. En efecto, muchas veces en las sesiones de consejería se observa en los cónyuges que,  las características y cualidades que se exigen el uno al otro, no están presentes ni se han desarrollado primero en cada uno.

 

Aunque la lista de cualidades que se espera encontrar en la otra persona puede variar en cada caso, lo cierto es que, en la mayoría, muchas de estas cualidades están asociadas a aspectos fundamentales que pueden  brindar solidez, estabilidad y confianza al vínculo conyugal.

 

Prácticamente todos quieren que su pareja sea transparente y confiable. Se aspira a que la relación esté cimentada en la verdad, en la sinceridad, en la transparencia. Cuando se produce cualquier asomo de mentira, ocultamiento u opacidad en la relación, la desconfianza e inseguridad compromete seriamente el vínculo. La transparencia y el actuar con la verdad se constituyen en un fundamento de la relación, pero ese proceder de manera transparente, por parte del cónyuge, es una cualidad altamente esperada y apreciada. 

 

La gran mayoría de las personas aspiran a que su pareja no sea celosa. Los celos carcomen los pensamientos y los sentimientos, paralizan el caminar seguro, obnubilan el entendimiento, hacen perder el disfrute, drenan energía y desgastan la relación. Cuando se habla de celos infundados y excesivos, se hace alusión a un padecimiento que agobia a ambos dentro del vínculo matrimonial, que hace que la relación sea conducida por el temor y la desconfianza, por la duda y la sospecha, por la necesidad de recurrir al control y la supervisión. 

 

Otra cualidad relevante que las personas procuran encontrar en su pareja es una buena disposición al diálogo y a la adecuada comunicación. Aún asumiendo la existencia de las esperables diferencias, se aspira a que el cónyuge sea una persona que, al menos, comparta un mínimo aceptable de información, que esté dispuesto a expresar sus pensamientos, opiniones, criterios y sentimientos. Que sea una persona con la que se pueda conversar, que esté dispuesta a escuchar con atención, que se comunique de manera positiva, abundante y con frecuencia.

 

Las personas desean tener a su lado a alguien romántico, tierno, amoroso, cuidadoso con los detalles y con las expresiones afectivas. Es cierto que la intensidad y posibilidades de esas manifestaciones variará de persona a persona, pero también es cierto que la mayoría requerirá, en general,  de las palabras agradables y cálidas, del abrazo tierno y confortable, de los gestos de cariño y amor. Cuando las expresiones afectivas decaen en el vínculo, se produce un distanciamiento y un deterioro de la relación altamente peligroso.

 

La fidelidad es, quizás, una de las cualidades más valoradas y apreciadas. Al conformar un vínculo matrimonial, por supuesto que se espera que el cónyuge sea una persona fiel. La fidelidad es una convicción, un valor arraigado, un principio ético de elevado significado. Con la fidelidad conyugal se afianza la seguridad y la confianza, se consolida la estabilidad y protege la relación. Por el contrario, cuando irrumpe la infidelidad dentro del matrimonio, la relación colapsa, porque vive una de las más devastadoras experiencias, porque se desestabiliza todo el sistema de confianza sobre el que se edifica toda relación. De esta manera, si hay una cualidad que se aprecia y se espera encontrar en la persona amada, esa es la fidelidad.

 

Pero hay otra cualidad igualmente relevante: el respeto. Siempre se desea que el cónyuge respete el vínculo en todos los órdenes, tomando en cuenta la opinión de su pareja, aunque sea divergente; cuidando no hacer sentir mal a su cónyuge, hablando desfavorablemente de su familia de origen, por ejemplo; criticándola de manera destructiva, ofendiendo, menospreciando, siendo indiferente, lastimando a su pareja emocional, física y espiritualmente. El respeto es determinante, y está vinculado indudable

 

mente al aprecio y a la admiración que se le tiene a la persona amada.

 

Y el compromiso, es otra de las cualidades que se espera encontrar en la pareja. Esta característica se relaciona más con ese deseo de saber que se puede contar en todo momento y circunstancia con la persona amada. Tener la certeza que no va a fallar, que estará siempre al lado, "...en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad...". Poder confiar  que se tiene al lado a alguien que mira el mismo porvenir, con la misma emoción, con la misma ilusión, con la misma pasión, y que lucha de la misma manera "empujando" el proyecto común hacia la misma dirección.

 

Se podría continuar con una lista inagotable de cualidades que las personas desean encontrar en su pareja. Es más, cuando alguna de estas u otras de las características no se logran encontrar a su plena y total satisfacción, o no cumplen con sus expectativas,  la frustración, el enojo y el desaliento son los que prevalecen entre ambos cónyuges. Cuando esto se da, es común, entonces, encontrar exigencias y malestares, presiones y reclamos.

 

Sin embargo, este conjunto de cualidades, y quizás otros más, antes de ser exigidos y reclamados al cónyuge, debería de desarrollarse en la propia persona. Antes de poner el foco de atención hacia la pareja, debería primariamente dirigirse hacia sí mismo. Porque el ser humano suele ser muy severo y exigente con los demás, pero flexible y moderado consigo mismo: "...antes de ver la paja en el ojo ajeno, mira la viga en el propio...".

 

La transparencia y la verdad, la superación de los celos y las desconfianzas, la adecuada comunicación, las expresiones afectivas y el romanticismo, la fidelidad permanente, el respeto y el compromiso, entre otros, son cualidades fundamentales que ambos cónyuges deben poseer. No obstante, antes de empezar a exigirlas y evaluarlas en la pareja, con absoluta sinceridad, convicción y perseverancia, se deben asumir, desarrollar y fortalecer primero a nivel personal.

 

 

 

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* Jesús Rosales Valladares estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Costa Rica. Además se ha desarrollado como consejero familiar e investigador social en temas de políticas públicas y familia por más de treinta años.

 

 

 

 

 

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