Tener hijos o no… ¿Qué pasa si no estamos de acuerdo?

Una de las principales modificaciones que muestran las estructuras familiares en la actualidad se relaciona con la reducción de su tamaño, a partir de la disminución del número de hijos que tienen las parejas jóvenes en muchos de los países occidentales. En efecto, la disminución en las tasas de natalidad es hoy uno de los mayores desafíos demográficos, económicos y sociales que enfrentan muchas naciones de la región.

 

Este hecho característico de las familias en la actualidad se suele vincular al dilema que tienen los jóvenes cuando se ven sometidos a decidir si optan por un proyecto de desarrollo personal, laboral o profesional, o bien por la conformación de una familia. Porque resulta que en las condiciones que se les ofrecen a la mayoría de los jóvenes,  pareciera que ambas opciones no se pueden llevar simultáneamente de manera satisfactoria.

 

Es posible entonces encontrar a parejas de jóvenes frente a una bifurcación en su proyecto de vida, porque en la práctica resulta muy difícil conciliar sus deseos personales, profesionales y laborales, con sus deseos de matrimonio y de tener hijos. Pesan en esta disyuntiva,  además de las razones objetivas de índole económica y laboral, aspectos más subjetivos en cuanto al temor que puede significar para muchos tener hijos en un mundo que se presume complejo y adverso.

 

Estos factores, entre otros, someten a las parejas de jóvenes a un debate cada vez más frecuente. Ya no solo los jóvenes están postergando su decisión de casarse, sino que también discuten sobre el momento y la cantidad de hijos que eventualmente decidirían tener. Y en esta decisión no resulta extraño encontrar posiciones divergentes en la pareja.

 

Puede ser que ambos o uno de ellos desee tener hijos pero no antes de consolidar sus vidas profesionales o tener condiciones laborales y económicas más estables y seguras. Puede ser también que aún en condiciones materiales y personales favorables, persistan en ambos o en uno de ellos el deseo de tener pocos hijos o no  tenerlos del todo, y esta situación podría constituirse en un elemento de discrepancia importante en medio de la vida conyugal.

 

Por eso, tomando en cuenta lo que señalan los estudios en los diversos países en cuanto a la reducción en el número de hijos que están teniendo las parejas jóvenes, es necesario incentivar el diálogo para evitar tensiones y confrontaciones conyugales derivadas de este tema.

 

Aunque para la mayoría de los matrimonios el tener hijos continúa siendo una hermosa y natural expectativa en sus vidas, la decisión de tenerlos y el tiempo para hacerlo, es una elección muy importante que muchas personas hacen en algún punto de sus vidas, y para hacerlo necesitan asegurarse de que están plenamente preparados y comprometidos a tener un hijo antes de intentar concebir o, eventualmente,  adoptar. También es una buena idea evaluar las circunstancias y asegurarse de que tendrán el tiempo y las condiciones materiales y económicas apropiadas para cuidar al niño.

 

Dentro de lo que puede significar una actitud responsable para decidir tener un hijo, es bueno evaluar y planear adecuadamente esa posibilidad procurando obtener información correcta y precisa. Se deben evitar los prejuicios indagando con personas cercanas, amigos y familiares, que han tenido ya la experiencia de la maternidad y la paternidad. Es bueno consultar sobre la experiencia de criar hijos, los desafíos y las recompensas que se viven desde el embarazo, el parto y los primeros años de los hijos, los cambios que se experimentan a nivel personal y de pareja, los ajustes en el tiempo, recursos y otros. Podría ser que exista una determinada posición respecto a si se debe o no tener hijos, pero que esta posición no esté fundamentada en información adecuada  sino en temor o prejuicio.

 

Cuando una persona o la pareja tiene dudas acerca de si se desea o no tener hijos, es conveniente conversar exhaustivamente respecto al tema. Es perfectamente posible que uno de los cónyuges o ambos sientan que pueden vivir plenamente felices  sin tener hijos, pero también puede ser que esa posición sea temporal, mientras se terminan de concretar algunas metas personales o de pareja. Por eso es que resulta tan importante que ambos cónyuges dialoguen acerca de si el tener hijos es un objetivo fundamental en sus vidas de pareja y procurar un acuerdo al respecto si hubiese alguna diferencia en tiempo o circunstancias. No se puede olvidar que el niño debe llegar a un hogar donde se le reciba con amor y alegría, y en donde los padres se sientan preparados para asumir la maravillosa responsabilidad de cuidado y crianza que merece ese hijo.

 

La comunicación en la pareja es siempre relevante, pero en cuanto a la decisión de tener hijos ese diálogo abierto y franco es indispensable. Cada miembro de la pareja debe expresar con honestidad sus sentimientos, deseos y pensamientos, compartir si se siente o no preparado para vivir esa bella experiencia, revelar si existen temores o dudas con relación al bebé o a los eventuales cambios que experimentará la convivencia con la llegada de los hijos. La pareja debe hablar, hablar, siempre hablar; y llegar a acuerdos sin sentirse presionada o forzada a tomar determinada decisión.

 

La decisión de tener hijos en una pareja debe ser algo que produzca ilusión y alegría.  El matrimonio tiene como una de sus características naturales e insustituibles la de servir de marco para la procreación, así como fundamento para el establecimiento de familias estables, seguras y saludables que posibiliten el bienestar de sus miembros, especialmente de los hijos.

 

Pero desde esta perspectiva, la pareja debe preparase para asumir esta función natural y  maravillosa. Debe saber que, con la llegada de los hijos,  hay cambios en los aspectos materiales y económicos, en el tiempo y en las prioridades de algunas metas. Por eso es que resulta tan importante conversar y prepararse sin temor ni estrés, sino con disfrute, para vivir intensamente la maternidad y la paternidad.

 

Sin embargo, puede ser perfectamente normal que en uno de los cónyuges o en ambos persistan  sentimientos o pensamientos de duda acerca de tener hijos. Si esto ocurre, además del diálogo para evaluar el transfundo o permanencia de alguna postura en ese sentido, puede considerarse también la asesoría profesional para obtener una mayor orientación.

 

Obviamente, si en uno o en ambos cónyuges prevalece la convicción de no tener hijos, se debe respetar esa posición y no forzar a un cambio que, en esas condiciones, podría más bien traer resultados desfavorables para la relación o para el eventual niño. También conviene considerar no tomar la decisión de tener hijos -al menos temporalmente- cuando existen condiciones de inestabilidad económica severa, problemas serios de salud mental o física de alguno de los cónyuges o de una relación de pareja seriamente dañada.

 

Tener hijos es maravilloso, es un don de Dios y una de las experiencias más extraordinarias que pueden experimentar las personas al conformar una familia. Es algo para ser disfrutado con pasión, ilusión y amor. La pareja debe vivirlo y decidirlo juntos... por el grandioso significado que tiene para el bienestar de todos los miembros del hogar y del bien común de la sociedad.

 

 

 

* Jesús Rosales Valladares estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Costa Rica. Además se ha desarrollado como consejero familiar e investigador social en temas de políticas públicas y familia por más de treinta años.

 

 

 

 

 

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