Consejos para padres divorciados. Parte I

July 10, 2017

 

¿Se ha dado cuenta de cómo el cónyuge que ha sido herido en un divorcio, es decir, el que claramente ha sido víctima de la irresponsabilidad del otro, es frecuentemente el que sufre más por sentirse culpable? A menudo el cónyuge, que al verse rechazado trató de evitar que el matrimonio se destruyera, se pregunta: "¿en qué le fallé?" y al no encontrar una respuesta razonable piensa "no valgo nada, por eso me dejó". 

 

Cuando un matrimonio se desintegra, raras veces la culpa recae solo sobre uno de los cónyuges. Sin embargo, cuando uno de los dos decide comportarse de manera irresponsable, es decir, tener una relación extramarital o abandonar a la familia, comúnmente busca justificar su comportamiento exagerando las faltas del otro. "Tú no satisfacías mis necesidades, así que tuve que buscarlo en otra parte". Con esta actitud, la persona trata de reducir su responsabilidad, transfiriendo parte de su culpa al otro cónyuge. Esto no es justo, por lo tanto, no asuma responsabilidades que no le corresponden.

 

Es una tendencia que el esposo o la esposa con un amor propio lastimado, esté más vulnerable a aceptar estas acusaciones y recriminaciones como si fueran realidades indiscutibles. 

 

Si usted se encuentra en esta situación, resista la tentación de asumir toda la culpa. Examine objetivamente lo que ha ocurrido, aprenda de la experiencia y levántese de nuevo.

 

El ajuste ante un proceso de divorcio puede ser diferente para un hombre que para una mujer. Aunque en ambos sea un proceso difícil y doloroso, para las mujeres el divorcio puede ser más difícil en los ámbitos de seguridad económica, emocional y social.

 

La mujer divorciada debe procurar mantener su identidad y recuperar el sentido de sí misma; tener definido hacia dónde va, aclarar los roles que aún debe desempeñar y aferrarse a todo aquello que le permita seguir brillando. También debe buscar apoyo en familiares y amigos cercanos. El aislamiento solo le genera soledad y hostilidad.

 

En el caso del hombre, la sociedad no espera que sufran su soledad llorando, más bien se espera que sean fuertes, insensibles, callados y enérgicos. Esta norma imaginaria aumenta la tensión, la soledad y la frustración. Por lo que los hombres deben contar con amigos con los cuales hablar, personas que puedan aconsejarles, y mantener la mejor actitud ante lo que viven.

 

Ambos pueden batallar con la culpabilidad de abandonar a sus hijos, además de una verdadera sensación de pérdida, especialmente cuando los niños no han quedado bajo su custodia.

 

Ante todo luto, toda relación rota, o bien, ante un divorcio, se requiere de un proceso para volver a recuperar la estabilidad emocional y el ritmo de vida que esperamos tener.

 

El proceso de duelo en el divorcio

 

El primer impacto es devastador, porque la cotidianidad cambia de un día para otro y la sensación de fracaso podría inundarnos. Luego podríamos experimentar un sentimiento de negación de la realidad. El sentimiento más común, cuando se experimenta un dolor muy fuerte, es la depresión y la angustia.

 

Es en medio de las preguntas existenciales que surge el resentimiento; ¿por qué nos sucedió?, ¿qué dirá mi familia?, ¿cómo lo tomarán los niños?, ¿qué voy a decir? Estas preguntas son indicios de que estamos aceptando el acontecimiento.

 

Esto nos conduce al odio y al deseo de venganza. De repente, aquella armonía que teníamos se convierte en una fuerza destructiva que pareciera controlar todo nuestro ser. Si el dolor nos conduce a este nivel de frustración, debemos tener cuidado, porque si nos atrapa la amargura, podríamos comenzar a herir más de lo que imaginamos. Deténgase si está en esta etapa. Está bien sentir dolor, frustración y enojo, pero no podemos permitirnos ser controlados por deseos de venganza. Las víctimas directas somos nosotros mismos, y los que más sufren son los hijos.

 

Luego que hemos superado el dolor de la pérdida, comenzamos a aceptar lo que estamos viviendo y es cuando nos adaptamos a la nueva realidad. En este momento, la carga emotiva es menor y se logra dar paso a la reflexión y a la esperanza. La vida continúa y debemos vivirla a partir del perdón, el amor y la ilusión.

 

Cuando hemos superado el dolor disfrutamos a nuestros hijos a plenitud y la vida vuelve a sonreírnos. Cuando hemos superado el dolor del divorcio, los recuerdos vuelven a surgir, elevamos el amor propio y las fuerzas se renuevan en todo nuestro ser. Es lo que nos permite tener relaciones sanas, y enseñar a nuestros hijos a ver el futuro con esperanza.

 

 

 

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Parte II

 

 

*Sixto Porras. Director Regional de Enfoque a la Familia. Autor de los libros: «Amor, Sexo y Noviazgo», «De Regreso a Casa», y «El Lenguaje del Perdón». Coautor de: «Traigamos a los pródigos de regreso al hogar» y «Meditaciones en Familia». Esposo de Helen, y padre de Daniel y Esteban. Su pasión es ayudar a las familias a mejorar.

 

 

 

 

 

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