¿Cómo el divorcio puede afectar a mis hijos?

May 31, 2019

 

Hace muchos años, empezó a circular el mito que proponía que, si los padres eran infelices, los hijos también lo serían. Así que el divorcio podría ayudar tanto a los padres como a los niños. Se asumía que “lo que era bueno para mamá y papá también sería bueno para los hijos”. Sin embargo, ahora contamos con una cantidad enorme de estudios sobre el divorcio y los niños, todos apuntando a la misma verdad irrefutable: Los niños sufren cuando mamá y papá se separan; y realmente papá y mamá no son más felices con el divorcio. (1)

 

Las razones detrás de estas estadísticas problemáticas y del trauma emocional siempre presente son simples pero profundas. Steven Earll, un consejero y terapista, escribe:

 

“Los niños (y los adultos) tienen la confianza de que sus padres deberían ser capaces de trabajar para resolver cualquier asunto conflictivo. Los padres, quienes dieron vida a sus hijos, son percibidos por estos como seres muy competentes con habilidades sobrenaturales para suplir las necesidades de los niños. Ningún problema debería ser muy grande para que sus padres no lo puedan manejar. En un niño, el divorcio destroza esta confianza y creencia básica con respecto a la habilidad de sus padres para cuidarles y para tomar decisiones que verdaderamente tomen en consideración su bienestar. 

 

Los niños tienen la firme creencia de que solo existe una forma correcta de relaciones familiares, y esta es que mamá y papá estén juntos. Cualquier otro tipo de relación presenta un conflicto o traición a esta creencia o pensamiento básico de la vida. En un divorcio los niños tienden a resentir tanto al padre o madre custodio como al padre o madre ausente.”

 

Estudio sobre Niños y Divorcio

 

Mientras que prácticamente todos los niños sufren por la relación perdida y la falta de seguridad descrita anteriormente, las cicatrices emocionales tienen consecuencias adicionales más visibles. Más de 30 años de investigación continúan revelando los efectos negativos del divorcio en los niños. La mayoría de estos efectos medibles se calculan en aumento de riesgos. En otras palabras, si bien el divorcio no significa o implica que estos efectos definitivamente sucederán en su hijo, sí implican que el riesgo aumentará significativamente. Las posibilidades están en contra de sus hijos si usted se divorcia.

 

Estudios que comparan los hijos de pares divorciados con hijos de padres no divorciados muestran que:

 

  • Los hijos de hogares divorciados tienen más riesgo a sufrir académicamente. Pueden experimentar altos niveles de problemas conductuales. Sus notas tienden a bajar y tienen menos probabilidades de graduarse de secundaria. (2)

  • Los hijos de hogares divorciados son sustancialmente más propensos a ser encarcelados por cometer crímenes mientras son jóvenes.(3)

  • Debido a la baja en los ingresos del padre o madre custodio después del divorcio, los niños de hogares divorciados son 5 veces más propensos a vivir en pobreza que los niños de hogares con padres unidos. (4)

  • Los hijos adolescentes de hogares divorciados son más propensos, que aquellos adolescentes con familias intactas, a involucrarse en el uso de drogas y alcohol, y también en el inicio de relaciones sexuales íntimas.(5)

 

Antes de decir, “no le pasará a mis hijos”, recuerde que los niños y los adolescentes presentados en estas estadísticas son niños “normales”, probablemente no muy diferentes a los suyos. Sus padres no pensaron que ellos podrían verse envueltos en este tipo de cosas. De nuevo, estamos viendo un aumento de riesgos.

 

Un poco más de estadísticas que debemos considerar: 

 

  • Los niños de hogares divorciados experimentan enfermedades de forma más frecuente, y su recuperación de los padecimientos es más lenta.(6) Además, tienen más probabilidades de sufrir algún tipo de abuso infantil.(7)

  • Los niños de padres divorciados sufren con mayor frecuencia los síntomas de sufrimientos psicológicos.(8) Y las cicatrices emocionales del divorcio pueden perdurar hasta la vida adulta(9)

 

Las implicaciones de este último hallazgo (que los niños sufren emocionalmente por el divorcio de sus padres) han sido subestimadas en gran medida. Obviamente, no todos los niños que experimentan el divorcio cometen un crimen o abandonan la escuela. Incluso, a algunos de ellos les va muy bien y se convierten en niños sobresalientes. Sin embargo, ahora sabemos que incluso estos niños pueden experimentar un trauma emocional profundo y duradero.

 

Para todos los niños, el divorcio de los padres marca su visión de mundo y sus relaciones personales de por vida.

 

 

Estudio de Wallerstein

 

La psicóloga Judith Wallersteind investigó a un grupo de niños de padres divorciados de 1970 a 1990. Los entrevistó a los 18 meses, y luego a los 5, 10, 15 y 25 años después del divorcio, esperando encontrar alguna recuperación en ellos. Pero lo que encontró fue desalentador: Incluso 25 años después del divorcio, estos niños continuaban experimentando profundas expectativas de fracaso, miedo a la pérdida, miedo al cambio y miedo al conflicto. (10)      

       

Los niños de la investigación de Wallerstain enfrentaron grandes retos especialmente cuando comenzaron a establecer relaciones románticas.  Como Wallerstain explica: “Contrario a lo que hemos pensado, el mayor impacto del divorcio no ocurre durante la niñez o la adolescencia. Al contrario, parece incrementarse en la edad adulta a medida que las relaciones romántica serias ocupan un lugar central.” (11)

 

Otros investigadores confirman los hallazgos de Wallerstain.(12) Específicamente, comparados con niños de hogares intactos, los niños que experimentaron el divorcio de sus padres vieron más favorablemente el sexo premarital y cohabitar con su pareja antes de casarse.(13)  Estas son noticias preocupantes ya que las parejas que cohabitan sin casarse tienen más separaciones, mayor riesgo de violencia domestica (14) y son más propensos a experimentar el divorcio.(15)

 

Detrás de cada una de estas estadísticas hay una vida – un niño, ahora un adulto, aún lidiando con las emociones que trajo el divorcio.

 

Como lo dice Wallestain: “Los niños (en mi investigación) tuvieron dificultades para recordar cómo era la familia antes del divorcio…pero lo que recordaron de  los años post-divorcio fue la sensación de que efectivamente habían sido abandonados por ambos padres, y que su pesadilla (la del abandono) se había hecho realidad." (16)

 

Después de un divorcio, los padres tienden a querer satisfacer sus propias necesidades para encontrar la felicidad nuevamente con alguien más. Pero frecuentemente los viejos problemas vuelven a salir a la superficie, no solo para los adultos, sino también se añaden nuevos problemas para los niños. Como observó Wallerstain: “No es que los padres amen menos a sus hijos o que se preocupen menos por ellos. Es que están completamente ocupados en reconstruir sus propias vidas (económica, social y sexualmente). Las necesidades de los padres y los niños están frecuentemente desintonizadas luego de la separación. Una vez más los niños se sienten abandonados mientras los padres persiguen mejores relaciones luego de la separación." (17) 

 

Los sentimientos de abandono y confusión se ven agravados cuando uno o ambos padres encuentran un nuevo cónyuge. Un segundo matrimonio trae complicaciones y nuevas emociones a los niños, sin mencionar los nuevos hermanastros, padrastros, madrastras y abuelastros, quienes frecuentemente están compitiendo por la atención de los padres. (Ajustarse puede ser aún más difícil, pues son los adultos quienes escogen nuevas familias, y no los niños)

 

Lilly lo expresó así: “Mi pérdida aumentó cuando mi padre se volvió a casar y adoptó una nueva familia. A pesar de mis intentos por mantenerme en contacto, vivimos en ciudades diferentes y su vida ahora gira en torno a su nueva familia con un contacto poco frecuente conmigo. Esto solo aumentó el sentimiento de abandono y separación del divorcio.”

Y el alto índice de divorcio de segundos matrimonios puede dejar a los niños sintiendo aun otra pérdida.

 

Una completa “recuperación” es casi imposible para los niños debido a la naturaleza dinámica de la vida familiar. Mientras su vida y la de su ex cónyuge pueden continuar de forma separada con algo de preocupación, sus hijos pensarán en su pérdida casi a diario. Y aun 25 años después del evento sus vidas ciertamente estarán influenciadas por él.

 

La misma vida les recordará de su pérdida aun en los momentos más felices. Como explica Earll: "Los niños nunca superan el divorcio. Es una gran pérdida que está presente en sus vidas para siempre. Es como un dolor que nunca termina.  Todos los eventos especiales, como fechas festivas, obras de teatro, deportes, graduaciones, bodas, nacimiento de niños, etc., recuerdan la pérdida creada por el divorcio, como también los conflictos familiares que resultan de la “familia extendida” al celebrar cualquier evento”. (18)

 

Sin Salida Fácil

 

Lo que los padres ven como una salida fácil muy frecuentemente resulta en daño emocional que los niños cargarán por 30 o más años. El divorcio no es una cosa pequeña para los niños. Es la ruptura violenta de sus padres, una pérdida de estabilidad y frecuentemente un completo “shock”. Aunque frecuentemente pensamos que nuestros niños son capaces de soportarlo todo, pasar por un trauma así, es mucho que pedir a nuestros hijos.

 

A la luz del hecho de que la mayoría de matrimonios que se dirigen al divorcio pueden salvarse y convertirse en matrimonios maravillosos, los padres deberían hacer una larga pausa antes de escoger el divorcio. Aunque pueda parecer como una opción para usted, no representa una salida fácil ni para usted ni para sus hijos.

 

 

 

 

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1. Interview with Steven Earll [Entrevista con Steven Earll], M.A., M.S., L.P.C., C.A.C. III, August 2001. 

 

2. Nan Marie Astone and Sara S. McLanahan, "Family Structure, Parental Practices and High School Completion" [Estructura Familiar, Prácticas Parentales y Conclusión de Secundaria]. American Sociological Review 56 (1991): 309-320. 

 

3. Cynthia Harper and Sara McLanahan, "Father Absence and Youth Incarceration” [Ausencia Paterna y Encarcelamiento de Jóvenes], Center for Research on Child Wellbeing, Working Paper #99-03, http://crcw.princeton.edu/publications/articles/2004/WP99-03-pub.pdf. 

 

4. Sara McLanahan and Gary Sandefur. “Growing Up with a Single Parent: What Hurts, What Helps” [Creciendo con un Padre Soltero: lo que duele, lo que ayuda]. (Cambridge: Harvard University Press, 1994), p. 82. 

 

5.Robert L. Flewelling and Karl E. Bauman. "Family Structure as a Predictor of Initial Substance Use and Sexual Intercourse in Early Adolescence" [La Estructura Familiar como Predictor del Consumo Inicial de Sustancias y de Relaciones Sexuales en la Adolescencia Temprana]. Journal of Marriage and the Family 52 (1990): 171-181.

 

6. Jane Mauldon, "The Effects of Marital Disruption on Children's Health" [Los Efectos De la Ruptura Marital en la Salud de los Niños] Demography 27 (1990): 431-46, and Olle Lundberg, "The Impact of Childhood Living Conditions on Illness and Mortality in Adulthood," [El impacto de las condiciones de vida en la infancia sobre la enfermedad y la mortalidad en la edad adulta] Social Science and Medicine 36 (1993): 1047-52, both as cited in Linda Waite and Maggie Gallagher, The Case for Marriage [El caso por el matrimonio] (New York: Doubleday, 2000). 

 

7. Catherine Malkin and Michael Lamb, "Child Maltreatment: A Test of Sociobiological Theory," [Maltrato infantil: una prueba de teoría sociobiológica] Journal of Comparative Family Studies 25 (1994): 121-133; Leslie Margolin, "Child Abuse and Mother's Boyfriends: Why the Overrepresentation?" [Maltrato infantil y novios de la madre: ¿Por qué la sobrerrepresentación?] Child Abuse and Neglect 16 (1992): 541-551. 

 

8. P. Lindsay Chase-Lansdale, Andrew J. Cherlin and Kathleen E. Kiernan, "The Long-Term Effects of Parental Divorce on the Mental Health of Young Adults: A Developmental Perspective," [Los efectos a largo plazo del divorcio de los padres en la salud mental de los adultos jóvenes: una perspectiva del desarrollo] Child Development 66 (1995): 1614-1634. 

 

9. Wallerstein, et al., 2000, pp. xxvii-xxix; Catherine E. Ross and John Mirowsky. "Parental Divorce, Life-Course Disruption, and Adult Depression." [Divorcio de los padres, interrupción del curso de la vida y depresión adulta] Journal of Marriage and the Family 61 (1999): 1034-1035. 

 

10. Ibid., p. xxvii. 

 

11. Ibid., p. xxix. 

 

12. See Andrew J. Cherlin, P. Lindsey Chase-Lansdale and C. McRae, "Effects of Parental Divorce on Mental Health Through the Life Course," [Efectos del divorcio de los padres en la salud mental a través del curso de la vida] American Sociological Review, 63 (1998): 239-249; Catherine E. Ross and John Mirowsky, "Parental Divorce, Life-Course Disruption, and Adult Depression," Journal of Marriage and the Family 61 (1999): 10341035. 

 

13. William G. Axinn and Arland Thornton, "The Influence of Parents' Marital Dissolutions on Children's Attitudes toward Family Formation" [La influencia de las disoluciones matrimoniales de los padres en las actitudes de los niños hacia la formación familiar] Demography 33 (1996): 66-81.

 

14. See Stanton, 1997, pp. 55-70; see also David Popenoe and Barbara Dafoe Whitehead, "Should We Live Together?" [¿Deberíamos vivir juntos?] A Report of the National Marriage Project, 1999, http://www.virginia.edu/marriageproject/. 

 

15. Alan Booth and David Johnson, "Premarital Cohabitation and Marital Success," [Cohabitación prematrimonial y éxito matrimonial] Journal of Family Issues 9 (1988): 255272; Paul Amato and Alan Booth, "The Consequences of Divorce for Attitudes toward Divorce and Gender Roles," [Las consecuencia del divorcio en la actitud hacia el divorcio y los roles de género] Journal of Family Issues 12 (1991): 306-323. 

 

16. Jane Meredith Adams, "Judith Wallerstein: Forget the Notion Divorce Won't Hurt Kids. It Will." [Olvide la noción de que el divorcio no dañará a los niños. Sí lo hará] Biography 1 (1997): 79-81.

 

17. Wallerstein, et al., 2000, p. xxix.

 

18. Earll interview, August 2001. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

* © 2001, 2007 Focus on the Family. All rights reserved. Used by permission.

 

 

 

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