Reunirme con mi familia, ¿será que pasó de moda?

December 25, 2017

En un mundo de apuro y saturación, de dispersión y falta de tiempo, muchas  personas ven pasar las horas, los días, las semanas y hasta los meses, sin encontrar espacio en sus saturadas agendas para reunirse con los miembros de su propia familia. 


Y es que esta percepción no resulta exagerada. Es definitivamente uno de los principales padecimientos que enfrentan las familias modernas, según se desprende de los datos que suministran los especialistas que se dedican a la consejería familiar. En efecto, la falta de tiempo, las distracciones excesivas, las múltiples ocupaciones y el cansancio, son importantes factores que afectan a los miembros de las familias y que impiden que se reúnan periódicamente en el seno del hogar.


En contraste con lo anterior, los expertos en familia han reconocido que las reuniones familiares con cierta frecuencia, se constituyen en un relevante y efectivo antídoto contra una serie de padecimientos que pueden enfrentar los miembros del hogar a nivel emocional y afectivo, a corto, mediano y largo plazo.  Muchos sentimientos de temor, duda, soledad, culpa y confusión, pueden ser identificados, atendidos y resueltos en esos habituales encuentros familiares. Por eso es que las reuniones en familia no solo no deben verse como pasadas de moda, sino que deben asumirse como prácticas necesarias y saludables del hogar.        

De hecho, en un Congreso de Familia realizado en la ciudad de Barcelona en el año 2009, el experto del Instituto de Familia de la UIC, Ignasi de Bofarull, presentó una serie de indicadores de salud y fortaleza familiar, entre los que se encontraba las reuniones familiares frecuentes.


Y es que no puede ser de otra manera, porque cuando los miembros del hogar se reúnen como práctica habitual, los beneficios para cada uno de ellos y para la dinámica integral familiar son abundantes. Es cierto que quizás las ocasiones de encuentro familiar sean ahora menos frecuentes que antaño, pero los miembros deben procurar coincidir, de ser posible, al menos, una vez al día para comer, y los fines de semana, para reunirse en espacios de tiempo mayores.
 

En estas reuniones familiares las oportunidades de comunicación deben permitir una mayor transmisión de información entre los miembros del hogar. Son oportunidades que se tienen para enterarse de lo que a cada miembro le ocurre, piensa o le preocupa. Son espacios para dialogar, intercambiar opiniones,  expresar inquietudes y transmitir sentimientos.


Alrededor de la mesa en el almuerzo o cena, reunidos en la sala al final de una intensa y afanosa jornada de estudio y trabajo, los miembros del hogar pueden compartir sueños y proyectos, ideas y preocupaciones.


Solo el hecho de estar un tiempo juntos, posibilita aproximación, calidez, bienestar y estabilidad. Es un tiempo de cercanía de pareja, de vinculación entre padres e hijos, de reunión fraterna, que afianza y fortalece los lazos emocionales, afectivos e íntimos a nivel familiar.


Las reuniones familiares también son oportunidades formativas insustituibles, son espacios invaluables para la transmisión de valores y para la educación de los hijos. Son esos momentos donde se comparte en familia que se deben aprovechar para que los hijos conozcan lo que piensan sus padres sobre diversos temas, así como para que los padres, a su vez, escuchen con atención lo que sienten y piensan sus hijos.


Cuando pienso en reuniones familiares,  evoco aquellos encuentros maravillosos alrededor de la mesa de comedor extendida en casa de mis abuelos. Aquella era una mesa capaz de convocar a doce miembros de la familia encabezados por mi abuelo y abuela materna. Se incorporaban mis padres, mis tías y, con frecuencia, un tío abuelo y uno que otro primo. Mis hermanos y yo nos sentábamos a comer, a escuchar, a observar, a preguntar... y a aprender mucho.        

Además de la deliciosa comida preparada por mi abuela, la conversación era exquisita. Sin temor a equivocarme, aquellas horas alrededor de la mesa familiar, eran los momentos donde aprendíamos más acerca de la vida, del amor, de los valores, de la solidaridad, del trabajo, del esfuerzo, del diálogo y del respeto, a pesar de las diferencias que podrían existir entre todos los miembros del hogar.         

Esa fue en realidad mi primera y más significativa escuela. Mis padres y abuelos nos enseñaron a reunirnos, a conversar y a apoyarnos en todo momento. Por eso creo que, aunque los tiempos sean otros, y el ritmo de vida sea más agitado y acelerado, el tiempo compartido en el hogar no puede ser un asunto de moda que acaba sin consecuencias.

 

En efecto, cuando las reuniones familiares logran prevalecer en el transcurrir de los años, a pesar del trajín y la saturación cotidiana   de la época actual, los miembros de una familia buscan hacer coincidir sus agendas y logran encontrarse y compartir. Quizás ya no están los abuelos y los padres, pero aquellos niños y adolescentes de hace más de cuarenta años, son hoy los que convocan a los nuevos miembros de la familia que se han agregado al hogar. Y ahora son los niños y jóvenes de las nuevas generaciones los que disfrutan y aprenden en esas tertulias y encuentros familiares. 


Ese es el legado de buenas tradiciones que se constituyen como improntas en la historia de una familia, dándole  identidad y sentido de pertenecía a sus miembros.          

No es entonces casual, como lo han señalado los expertos a la hora de estudiar la realidad de las familias de la región, que el tiempo en el hogar, las conversaciones y las reuniones familiares se constituyan en unos de las más importantes indicadores de salud y fortaleza familiar. El efecto de su presencia o ausencia en quienes  integran el hogar no es de menor impacto. Como bien lo señaló el novelista y ensayista francés André Maurois: "Una familia feliz es una larga conversación que siempre parece demasiado corta".

 

 

 

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* Jesús Rosales Valladares estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Costa Rica. Además se ha desarrollado como consejero familiar e investigador social en temas de políticas públicas y familia por más de treinta años.

 

 

 

 

 

 

 

 

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