Ananías fue un hombre bueno y valiente que amaba a Dios. Vivía en la ciudad de Damasco. Dios le pidió que ayudara a Pablo de Tarso cuando estaba ciego. Aunque al principio tuvo miedo, Ananías obedeció, oró por él y Pablo recuperó la vista. Gracias a su ayuda, Pablo pudo empezar a contarle a muchas personas sobre Jesús.