Las palabras que diriges a tus hijos no son neutras: tienen el poder de construir su identidad o derrumbarla. En esta prédica Sixto Porras desarrolla una enseñanza desde 1 Pedro 3:9-10: fuiste llamado para bendecir, y cada vez que usas tus palabras para herir, estás contradiciendo el propósito para el que Dios te creó.