Después del diluvio, Noé y su familia esperaron dentro del arca mientras las aguas bajaban. Noé envió un cuervo y una paloma para encontrar tierra seca. La paloma regresó con una rama de olivo y, al tercer envío, no regresó: señal de que la tierra estaba lista. Cuando Dios le dijo a Noé que era hora de salir, la familia descendió del arca y vio el arcoíris que Dios colocó como señal de su promesa. Esta historia de Génesis 8 enseña que el tiempo de Dios siempre es perfecto.