Enseñando a nuestros hijos a enfrentar la adversidad

En su libro “El lado positivo del fracaso”, John Maxwell hace una interesante comparación entre los que se dejan vencer y los que han decidido transformar la adversidad en victoria. Maxwell señala que el que se rinde, culpa a los demás por lo que le ocurre, y quien decide triunfar, en la adversidad, asume la responsabilidad de sus actos.

El que se deja vencer espera nunca más fracasar, ¡pero es imposible! Todos los que abordan algún proyecto pasarán por el valle de la dificultad. El que decide transformar la adversidad en victoria, reconoce que el fracaso es parte del camino, parte del proceso. El que se deja vencer cree que va a seguir fracasando o, peor aún, se dice a sí mismo: “soy un fracasado”. El que elige transformar los fracasos en victoria mantiene una actitud positiva frente a la vida. Quien se deja vencer se siente limitado por los errores del pasado. Sin embargo, quien quiere caminar y llegar, está dispuesto a volver a arriesgarse y a intentarlo de nuevo.

Nuestros hijos necesitan vernos superar la adversidad y volverlo a intentar, porque ellos también enfrentarán momentos difíciles. Cuénteles a sus hijos cómo ha superado la adversidad y cómo lo han hecho otros. Ellos necesitan saber cómo hacerlo en su momento.

El secreto del éxito no lo determinan los resultados sino el esfuerzo realizado y la pasión invertida. Existen quienes siembran semillas, pero nunca comen el fruto que sembraron, lo harán sus hijos y nietos. Por la fe regaron y abonaron esas semillas y creyeron que a su tiempo la nueva generación cosecharía. Otras generaciones, como la suya o la mía, hemos recibido el privilegio de recoger el fruto de lo que nuestros abuelos y padres sembraron. Ellos estuvieron dispuestos a sembrar pensando en que a su tiempo nosotros recogeríamos el fruto de su esfuerzo. Ellos tuvieron visión de futuro y ahora nos corresponde a nosotros hacer lo mismo con nuestros hijos.

La persona que decide dejarse vencer cede y tiene la tendencia a relacionarse con otras personas con la misma actitud, alimentando así pensamientos incorrectos. Quien decide transformar la adversidad en victoria, debe perseverar, y elegir con inteligencia a las personas que le acompañarán en el recorrido.

Cada dificultad puede ser una oportunidad para avanzar, aprender de la experiencia y ser una inspiración para sus hijos.

Para poder resolver correctamente los desafíos de la vida es necesario soltar el pasado y vivir intensamente el presente

Hace algún tiempo recibí la carta de una dama de treinta y seis años. Escribió luego de haber participado en un seminario sobre el poder de las palabras. Ella dijo: “En casa éramos tres; la hábil, la inteligente y.… yo. Mamá solía encargarse de que lo supiéramos. Ignoro lo que yo significaba para mi mamá. Me solía decir que yo era tan incapaz que ni siquiera iba a poder introducir un hilo en una aguja cuando me casara. Lo repitió tantas veces que, hasta el día de hoy, cada vez que intento hacerlo mis manos tiemblan”.

Ella llevó a su mamá al seminario. En él, se dio cuenta de que las palabras producen vida o muerte, y que impulsan o detienen a las personas. En medio del llanto, la madre tomó la mano de su hija y le dijo: “Perdón mi amor, por las veces que te lastimé con palabras hirientes”. “Desde aquel día” —relataba la autora de la carta— “me llama todos los días para decirme las habilidades que poseo, cuánto valgo y lo hermosa que soy. Eso ha traído sanidad a mi vida”.

Luego de unos meses esta mujer se animó a inscribirse en un curso de corte de cabello. “La sorpresa”, —continúa ella— “me la llevé cuando el profesor mencionó que le encantaría contar con una cámara para filmarme, porque pocas veces había visto tanta habilidad en las manos de una persona. Este halago es uno de mis trofeos, mi recompensa. Me di cuenta de que vale la pena confrontar los miedos del pasado para que queden atrás. He decidido sacudirme el polvo de mis pies y levantarme con esperanza, porque ahora sé que soy una obra maravillosa de Dios, con dones y talentos que tenía guardados y que ahora descubro”.

Oídos inteligentes

En el caminar de la vida nos encontraremos con personas que son como un cubo de agua fría. Nos afirman que somos incapaces, tontos, que no podemos lograr nada. Esa agua, hay que dejarla correr. ¡No les crea! Reme contra la corriente y elija seguir caminando, confiando en Dios y en los talentos y las oportunidades que Él le ha dado. Discipline sus oídos a no recibir comentarios que lo descalifican. Debemos aprender a no escuchar lo que nos lastima y debemos enseñar a nuestros hijos hacer lo mismo.

Hijos Exitosos

“Hijos Exitosos” es un curso que le enseñará a todo padre a guiar a sus hijos con principios y fundamentos que le permitan alcanzar el éxito en el área financiera, emocional, de emprendimiento, familiar y personal. Este curso es impartido por Sixto Porras y está basado en el libro “Hijos Exitosos”.

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