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¿Por qué nos desconectamos de nuestro adolescente?

Papa e hijo con una patineta sentados en un parque para patinaje

No pocas veces hemos atendido a padres y madres que vienen con su hijo o hija adolescente a consulta porque no se logran comunicar. En ocasiones, esto resulta evidente en los primeros minutos de conversación.

Cuando los padres hablaban, esta joven miraba hacia fuera con desprecio. Cuando ella hablaba, sus padres interrumpían repetidas veces para contradecir la versión y las opiniones de su hija. Ambas partes afirmaban que no se lograban entender. Y así era. Cada frase de los padres parecía producir molestia en su hija. Y cada vez que ella hablaba ellos se indignaban.

Los padres de este adolescente estaban descorazonados, me veían con una expresión de angustia y tristeza mezcladas con incertidumbre y temor. Su hijo adolescente estaba en serios problemas y no encontraban la forma de comunicarle lo que pensaban al respecto. Cada vez que intentaban conversar con él, para ayudarle a entender la situación y darle una nueva perspectiva, su hijo los rechazaba. En una noche particular les dijo que los odiaba. Ellos afirmaban que no entendían qué habían hecho mal ni en qué momento perdieron el corazón de su hijo. Cuando le pregunté al muchacho por qué odiaba a sus padres respondió rápidamente para decir que en realidad no los odiaba, que en ese momento perdió la paciencia pero que de hecho los amaba.

Estos dos casos muestran la triste realidad de la desconexión que pueden experimentar los padres y sus hijos durante la adolescencia. Afortunadamente, en ambos casos, en el del muchacho y en el de la joven, tanto ellos como sus padres aceptaron participar en un proceso de acompañamiento de consejería. Esto les ayudó a descubrir las claves de su desconexión, y a entender las razones que los habían llevado a sentirse tan lejos de las personas que, ellos mismos afirmaban, eran las más importantes de sus vidas.

Las claves de la desconexión

En estos dos casos, y en muchos otros, hemos identificado dos palabras claves para entender la desconexión emocional y relacional que se puede sufrir con un hijo o hija adolescente. Estas palabras son distancia e interruptores.

La distancia natural entre padres e hijos

Conforme nuestros hijos crecen, se produce un distanciamiento natural que suma a la desconexión. Este distanciamiento no es negativo, más bien es necesario para el desarrollo de nuestros hijos. Tiene que ver con la independencia que poco a poco van ganando en distintas áreas de su vida. La tarea de los padres, en este sentido, es empoderar a sus hijos mientras se mantienen atentos a su desarrollo. De esta forma, les hacen saber que en ellos tienen un lugar seguro al cual regresar después de cada experiencia de crecimiento.

La distancia natural se produce a partir de:

a. El avance en la edad

Un bebé es mucho más dependiente a sus padres que un hijo adolescente. El vínculo cambia dramáticamente desde el nacimiento y conforme los hijos avanzan con éxito en cada estadio de su crecimiento.

Usted puede leer más sobre este proceso en el artículo Nacimos conectados… Pero si descuidamos la relación podemos desconectarnos, de Ana Leonor Jiménez.

b. Los amigos

Los padres tendemos a pasar más tiempo jugando y cuidando a nuestros hijos más pequeños que a los adolescentes. Por esta razón, nuestros hijos pequeños nos ven como sus amigos de juego y con quienes desean pasar tiempo. Pero conforme crecen y entran a la escuela, sus compañeros de clase toman ese lugar de compañeros de juego también. Al llegar a la adolescencia, es común que los adolescentes cuenten con un grupo de amigos con los cuáles, literalmente, viven su vida. La exploración y las nuevas experiencias de la juventud se viven con sus pares. Y por distintas razones, los padres somos relegados a un tipo de relación diferente. Esto es bueno y los padres haremos bien si lo entendemos, pues en esta etapa nuestros hijos necesitan diferentes referentes que les ayuden a establecer su identidad. Por esto, los amigos, fuera de lo familiar, son tan importantes en la adolescencia.

c. Las actividades cotidianas.

Nuestros hijos son mucho más independientes en la adolescencia de lo que lo fueron durante la niñez. Esto facilita que ellos y nosotros manejemos agendas diferentes. Nos ponemos de acuerdo, pero vivimos a ritmos diferentes. Nuestras prioridades son diferentes. Nuestros intereses también. Esto no es para nada malo, más bien es bueno para todos en casa. Pero si nos descuidamos, nuestras vidas pueden tornarse tan diferentes que no encontremos espacios para la convivencia como familia. Necesitamos aprovechar y disfrutar cada etapa de nuestra vida y cada etapa de la vida de nuestros hijos, sin que ello signifique un distanciamiento tan grave que prácticamente solo compartamos un lugar al cual llegar a dormir. Es responsabilidad de los padres crear agendas en conjunto y espacios dedicados en exclusividad al convivir familiar.

d. La etapa de desarrollo

La adolescencia es una etapa del desarrollo que tiene sus propias particularidades. No es casualidad que atemorice a tantos padres. Este temor no es infundado. Hemos visto a otros padres sufrir y disfrutar la adolescencia de sus hijos. Ahora bien, lo cierto es que los padres y madres seguirán siendo las personas más importantes para el desarrollo de sus hijos. Así que acercarse a la adolescencia de nuestros hijos con un abordaje pro-activo será de mucha utilidad para ellos y para nosotros. Si sus hijos están por entrar a la adolescencia dedíquese a aprender sobre esta maravillosa etapa. Sea intencionado en el estudio y en la búsqueda de recursos para prepararse de la mejor manera.

En el App de Enfoque a la Familia encontrará series y conferencias que le brindarán perspectiva nueva sobre su rol paterno o materno y en las que encontrará herramientas prácticas que podrá usar de inmediato para mejorar la relación con sus hijos.

Los interruptores de desconexión

El distanciamiento natural le da seguridad y herramientas para la vida a nuestros hijos. Sin embargo, si nos descuidamos, ese distanciamiento puede llegar a ser no saludable si se conjuga con alguno de los interruptores que explicamos a continuación, sumado a una intervención errática de nuestra parte.

a. Los conflictos de terceros

Hay conflictos que pueden aumentar la desconexión con nuestros adolescentes. En especial los conflictos entre los padres. Conflictos no con los hijos, sino entre los cónyuges. Sería ideal que nuestros problemas de matrimonio no afecten a nuestros hijos, pero no es así. Ellos son los primeros afectados por los conflictos matrimoniales. Ellos no son parte del matrimonio, y el matrimonio es un asunto de sus padres. Sin embargo, lo que ocurre a los padres les impacta profundamente, de tal manera que cuando los padres pelean, se separan o se divorcian, tiende a aparecer un distanciamiento mayor con alguno de los padres. Cuando los hijos evalúan el conflicto entre sus padres, aparecen sentimientos y emociones que les resultan difíciles de manejar, como la culpa o el resentimiento. En estos casos el distanciamiento viene a ser una especie de mecanismo de defensa.

b. Las crisis de vida.

Durante la adolescencia, nuestros hijos pasan del pensamiento concreto al pensamiento abstracto. Es como si el mundo se abriera ante sus ojos, y las personas, conductas y circunstancias tomaran formas y significados que antes no tenían. Esto hace que algunos eventos sean apreciados como determinantes para sus vidas, para su identidad y para sus emociones. Las pérdidas son eventos que no se superan con facilidad durante la adolescencia. Asuntos como: que sus padres pierdan el empleo, cambiar de colegio, la muerte de una mascota, y el rompimiento de una relación de noviazgo, pueden ser comprendidos por un adolescente como una crisis de vida. Si los padres no comprendemos esa intensidad y nos burlamos o reaccionamos sin empatía, nuestros hijos pueden sentirse heridos y menospreciados, lo que sumará a un distanciamiento desde el dolor.

c. La influencia de otros significantes

El grupo de amigos y las relaciones sentimentales adquieren una importancia mayor para nuestros hijos cuando son adolescentes. La necesidad de pertenecer y de sentirse valioso para sus iguales se hacen intensas en esta etapa. Es por ello que resulta tan peligroso que nuestros hijos se vinculen, de forma negativa, con personas que no suman positivamente a su juventud. Los padres debemos aprender asertividad y sabiduría para guiar a nuestros hijos en la toma de decisiones de todo tipo, pero sobre todo las que son de tipo relacional. Necesitamos actuar con equilibrio y con la guía de Dios para señalar el camino y advertir de los riesgos potenciales a nuestros hijos. Orar por que Dios coloque personas buenas y bien intencionadas en la vida de nuestros hijos debe ser una práctica diaria.

d. La negligencia

Lamentablemente la principal razón de desconexión con los hijos adolescentes es la negligencia con la que padres y madres tratan su relación afectiva y emocional con sus hijos. Si descuidamos la relación y no actuamos decididamente para cuidar, orientar y amar a nuestros hijos, el resultado será la desconexión. Si usted está leyendo esto es porque desea mantener o reconstruir la conexión con sus hijos adolescentes. Ese es el primer antídoto para la negligencia. Negligencia es dejar pasar cualquier comportamiento y actitud destructiva en nuestros hijos, ya sea el descuido de su salud, de sus estudios o de sus vínculos con otras personas. Los padres estamos llamados por Dios para ser los guías y referentes de nuestros hijos. No podemos dar por sentada la relación con ellos. Ellos necesitan padres y madres interesados por ellos, que pasan tiempo de calidad con ellos y que les expresan amor en formas relevantes y significativas.

Dios está de su lado para ayudarle en la empresa de reconquistar el corazón de su hija o de su hijo. Usted siempre será su padre o su madre. Cobre ánimo y tome decisiones valientes para reconstruir la relación. Puede tomarle tiempo pero sus hijos lo están deseando y necesitando, aunque le digan lo contrario.

Si está enfrentando una separación en su hogar, el artículo Las rupturas familiares y sus efectos en la familia, de Jesús Rosales, le servirá para comprender el impacto sobre sus hijos. Si necesita ayuda, nuestro equipo de especialistas está a su disposición.

Aprenda más sobre las claves de reconexión y aproveche algunas recomendaciones para generar un vínculo duradero en los siguientes artículos.

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