Hay una frase muy conocida que, aunque de autor anónimo, refleja una gran verdad: “…Los conflictos surgen generalmente de los malos entendidos. Los malos entendidos a su vez, surgen de la falta de comunicación”.

Si algo ha caracterizado el desarrollo de la civilización ha sido el papel fundamental que ha tenido la comunicación y, en particular, el lenguaje, entre los seres humanos. En efecto, la comunicación posibilita el entendimiento, la comprensión, el intercambio de ideas y pensamientos, la toma de decisiones y los acuerdos entre las personas. Y esta circunstancia, cuando sucede, lleva al encuentro y desarrollo de las personas y de la sociedad.

Siendo la comunicación tan relevante para las personas, y especialmente para las parejas en el matrimonio, resulta que, no con poca frecuencia, ocurren malas interpretaciones y malos entendidos que conducen a los cónyuges a estados  de tensión, disgusto y conflicto.

Si el objetivo de una adecuada comunicación es el entendimiento, cuando éste no se da, es inevitable caer en el desánimo y la frustración. La comunicación no pretende solo transmitir ideas y opiniones, ni solo disponerse a escuchar las de los demás. Al final del proceso, el propósito es lograr un entendimiento.

El mayor de los desafíos es lograr captar lo que el cónyuge desea comunicar, lo que hay en sus pensamientos y sentimientos. Captar la verdadera esencia de su mensaje -verbal y no verbal- y no derivar de él una inadecuada interpretación.

Cuando las parejas asumen mensajes, opiniones, acciones o posiciones de su cónyuge producto de malos entendidos o malas interpretaciones, las posibilidades de conflicto se elevan y las distancias entre la pareja se sobrevienen.

Para una adecuada comunicación conyugal, debe haber tiempo y disposición. Tiempo suficiente para compartir, expresar y escuchar. Disposición para poner atención, para no tener prejuicios, para tratar de observar las cosas como las mira la pareja. Solo así se puede aspirar al entendimiento.

Con el entendimiento no necesariamente se resuelven las diferencias de opinión o de puntos de vista. Es decir, las diferencias de percepción u opinión son parte habitual de la dinámica de pareja, pero con la voluntad y disposición para entenderse se puede arribar a acuerdos satisfactorios para ambos. Esta es en lo fundamental la esencia de la comunicación conyugal: el entendimiento para llegar a acuerdos que impidan caer en los conflictos.

Ahora bien, la observación que hacen muchas parejas cuando acuden a citas de consejería familiar es que, en muchas ocasiones, lo que cada uno le expresa al otro  suele ser malinterpretado, y, de esta manera, se derivan importantes dificultades y confrontaciones.

Por diversas razones, los hombres y las mujeres tienen distintas formas de expresarse y escucharse. Las parejas están conformadas por personas diferentes. Suelen ser distintas en su forma de percibir y captar las cosas, las mujeres suelen ser más asociativas y los hombres más concretos, las mujeres más expresivas y los hombres más reservados; pero también en esas diferencias van a gravitar aspectos de temperamento, hábitos, crianza, entre otros.

Pero las diferencias en la pareja no son el problema, porque con una adecuada comunicación, un oportuno entendimiento y acuerdos efectivos, se evitan las tensiones prolongadas y los conflictos recurrentes. Aquí lo importante es aclarar a tiempo los eventuales malos entendidos o malas interpretaciones que puedan surgir a partir de las diferencias que existen de modo natural entre los cónyuges.

Cuando alguno de los cónyuges capta algo en el mensaje o en la posición del otro que le molesta, que le resiente, que le ofende o le lastima, es indispensable, antes de reaccionar,  preguntar y aclarar. Porque muchos problemas en la pareja se resuelven aclarando malos entendidos.

Se dice que para tener éxito en el matrimonio, hay que resolver cualquier malentendido. Una vida conyugal afectada por problemas de comunicación, está cargada también de silencios innecesarios y malas interpretaciones. Estos “circuitos” en la comunicación conyugal, de no subsanarse a tiempo, terminan por conducir a la pareja a caminos sinuosos de conflictos profundos y rupturas aciagas.

La vida matrimonial es hermosa. Existen diferencias en la pareja que enriquecen la perspectiva, complementan las posiciones y  fortalecen la toma de decisiones. La posibilidad de que la pareja malinterprete muchas veces las manifestaciones o conductas del otro son muy elevadas, por eso es que los expertos en comunicación recomiendan siempre el diálogo abundante, las interrogaciones aclaratorias constantes y la disposición de explorar con voluntad amorosa la motivación que está más allá de una expresión o posición específica del cónyuge.

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