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¿Qué es la Codependencia?

Mujer arrecostada al hombro de su pareja

En general, se entiende la codependencia como un mecanismo de afrontamiento adaptativo utilizado compulsivamente por aquellos que intentan encontrar valoración personal y sentido de logro satisfaciendo las necesidades percibidas en los demás.

CAPÍTULO UNO

¿Qué es la Codependencia?

En general, se entiende la codependencia como un mecanismo de afrontamiento adaptativo utilizado compulsivamente por aquellos que intentan encontrar valoración personal y sentido de logro satisfaciendo las necesidades percibidas en los demás.

Ana le contó a su consejero sobre sus esfuerzos para salvar dos matrimonios fallidos, ambos con hombres que luchaban contra el abuso de sustancias, y que eran abusivos e infieles. Y ahora su tercer matrimonio se desarrollaba de la misma manera.

En el transcurso de la conversación, Ana habló sobre su pasado: su papá había abandonado a la familia cuando ella tenía 7 años, por lo que ella era responsable de sus hermanas pequeñas, mientras que su mamá tenía dos trabajos. “Eso es mucha responsabilidad para una niña”, afirmó gentilmente el consejero. “¿Alguien le ha mencionado alguna vez que tener que cuidar de su familia cuando era niña podría estar afectando sus relaciones como adulta?”

Definición de codependencia

En general, se entiende la codependencia como un mecanismo de afrontamiento adaptativo utilizado compulsivamente por aquellos que intentan encontrar valoración personal y sentido de logro satisfaciendo las necesidades percibidas en los demás.

En pocas palabras: la codependencia es querer ayudar con una motivación confusa. Ayudar se convierte en una necesidad motivada por un sentimiento de culpa y un deseo de sobrevivir, en vez de venir de un espíritu de servicio voluntario.

Por esta razón, la codependencia va en contra de la instrucción de Dios: “Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría” (2 Corintios 9:7, NVI).

Las relaciones deben ser interdependientes (mutuamente responsables el uno del otro), en vez de ser codependientes (ser responsable de otra persona). Eso no significa que ignoremos las circunstancias legítimas de los más jóvenes, aquellos que están enfermos, personas de edad avanzada, o con necesidades especiales. Al contrario, significa que buscamos la sabiduría del Señor con respecto a nuestras motivaciones, y para discernir si nuestros amigos o seres queridos realmente tienen una necesidad.

Causas de la codependencia

La codependencia es demasiado compleja para atribuirle una sola causa. Sin embargo, a menudo comienza en la niñez. Los niños que crecen en un hogar disfuncional se ven con frecuencia deseando, o necesitando, ayudar a otros porque los adultos en la familia no pueden o no quieren hacerse cargo.

En el caso de Ana, su madre sintió que no tenía más remedio que hacer que ella se hiciera cargo de las otras dos niñas. Con su papá ausente, su mamá tuvo que trabajar más. Y por diferentes razones, su mamá no creó redes sólidas con otros adultos que pudieran haber apoyado a su familia. Lamentablemente, no se dio cuenta del daño que esa decisión le causaría a Ana a largo plazo.

Con el tiempo, el comportamiento adaptativo puede volverse compulsivo: al pensar que “alguien debe hacerse responsable, y ese alguien debe ser yo”. Y un niño criado en ese entorno suele convertirse en un adulto que se siente obligado a arreglar, rescatar o controlar a otros.

¿Cómo podemos discernir si nuestra ayuda está motivada por las razones correctas, o se da por la culpa y el deseo de sobrevivir? Tenemos que prestar atención a las señales de la codependencia y ser honestos con nosotros mismos sobre signos de alerta.

Señales de codependencia

Usted o un ser querido pueden ser codependientes si:

  • Están en una relación marcada por la adicción o el abuso.
  • Asumen la responsabilidad de ayudar a los demás a expensas de sus propias necesidades.
  • Buscan sentirse amados y valorados a través de la ayuda, pero viven con temor al abandono.
  • Soportan el maltrato y viven en modo de supervivencia.
  • Excusan y permiten continuamente los comportamientos disfuncionales en los demás.
  • No establecen o mantienen límites personales.
  • Se vuelven emocionalmente dependientes de arreglar, rescatar, y controlar a los demás.
  • Viven con sentimiento de falta de amor, atención, seguridad, plenitud, e identidad.
  • Experimentan dolor, miedo, ira, culpa, soledad, y vergüenza en sus relaciones.
  • Niegan la realidad y el costo personal de mantenerse en una relación enfermiza.

Hay una mejor forma

La escritura nos dice: “Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud” (Gálatas 5: 1, NVI). Si usted creció en un hogar disfuncional donde se sentía esclavo de las necesidades de los demás, y ahora sufre de codependencia como adulto, cobre ánimo: hay una manera de recuperarse.

CAPÍTULO DOS

Una Danza para Dos: ¿Cómo se Desarrolla la Codependencia?

Es probable que la codependencia se desarrolle en cualquier situación en la que alguien no pueda funcionar por sí mismo, cuando parece que alguien nos necesita, y nosotros necesitamos que nos necesiten.

David estaba agotado de lidiar con el alcoholismo de su esposa. Sabía que el hermano de su pastor luchaba con la adicción a las drogas, y que su pastor entendía el deseo de ver un cambio en la situación de su ser querido, así que decidió abrir su corazón. El pastor sorprendió a David con su respuesta: “David, sé que amas a tu esposa. Has intentado deshacerte del licor que tiene escondido, encubrirla cuando tiene resaca y llaman de su trabajo amenazando tomar acciones legales por su irresponsabilidad. Pero, ¿te has detenido a pensar si tus acciones están siendo permisivas en lugar de ayudarla?”.

La codependencia se ha asociado durante mucho tiempo con el abuso de sustancias. Los pioneros de la investigación en esta área notaron que el cónyuge de un alcohólico podía depender tanto de arreglar, rescatar y controlar al alcohólico como el alcohólico dependía del alcohol. Fue entonces, que los cónyuges fueron descritos como codependientes. La dinámica de la pareja es una danza destructiva.

Sin embargo, el abuso de sustancias no es el único entorno en el que se desarrolla la codependencia. La lucha podría ser con enfermedades mentales, comportamientos irresponsables, o un sinnúmero de problemas. Es probable que la codependencia se desarrolle en cualquier situación en la que alguien no pueda funcionar por sí mismo, cuando parece que alguien nos necesita, y nosotros necesitamos que nos necesiten.

La necesidad de ser necesitado

Ser necesitado se siente bien. Y poder dar y recibir ayuda con seguridad y confianza es parte de una relación de interdependencia saludable (en la que somos mutuamente responsables). Pero, para las personas que luchan con la codependencia (sentirse responsables de alguien), el atractivo de ser necesario se distorsiona.

Por lo general, se desarrolla de la siguiente manera: conocemos a alguien que, a primera vista, no necesariamente parece necesitarnos. De hecho, hasta puede verse como una persona alegre e interesante. Sin embargo, cuanto más la conocemos, más empezamos a creer, de forma equivocada, que podría vivir una mejor vida con nuestra ayuda. Tal vez tenga un hábito negativo, un trasfondo disfuncional, esté pasando por un momento difícil, o tenga que “limar algunas asperezas”. Así que entablamos una relación, e ignoramos las señales de advertencia. Lo que se sintió muy bien al comienzo de la relación se vuelve incómodo, irritante, e impredecible. Se deteriora hasta convertirse en una situación que se siente peligrosa, y fuera de control. Uno de los dos en la danza se convierte en el centro de la relación: la “persona problemática”. Y la persona que se preocupa demasiado, la persona codependiente, está de vuelta en un territorio familiar: la necesidad de ser necesaria, y se esfuerza cada vez más por hacer las cosas bien.

El círculo vicioso de la codependencia

Ambas personas juegan el mismo papel en la espiral descendente de la disfunción. Los consejeros llaman a esto “el círculo vicioso”.

Los miedos, y otros comportamientos relacionados que hay en cada uno, intensifican los miedos y otros comportamientos relacionados en su pareja, en un ciclo continuo de conflicto, sentimientos heridos, ira, venganza y desesperación.

Imagínese un círculo que gira constantemente. En un lado del círculo está la persona problemática y en el otro lado está la persona codependiente. Cada uno de ellos aporta energía para impulsar un ciclo continuo de dolor.

Por ejemplo, si la persona problemática es abusiva, los miedos que carga del pasado (ser lastimado, manipulado y perder el control) alimentan nuevos comportamientos hirientes. Al mismo tiempo, los miedos pasados del codependiente (no ser amado, ser abandonado, sentirse impotente) crean nuevos comportamientos de control hacia el abusador.

La intención del codependiente es ayudar, pero el resultado es la permisividad.

Codependencia: un patrón de permisividad

La permisividad es dar oportunidad o facilitar que suceda algo. En el caso de la codependencia, la permisividad comienza con buenas intenciones: hacer la vida más fácil para quien parece estar lidiando con dificultades. Pero este tipo de permisividad libera a las personas de responsabilidad y de enfrentarse a las consecuencias de sus acciones.

En el caso de David, de forma involuntaria, su comportamiento fue permisivo con el alcoholismo de su esposa, al ignorar su problema con la bebida, negar su daño, reclamarle a su esposa, encubrirla, tirar su alcohol, sacarla de la cárcel, hacer cosas por ella que ella misma debería hacer, mantener su problema en secreto, hacerla sentir mal, preocuparse por ella, y amenazar con consecuencias, pero no cumplirlas.

Desafortunadamente, su comportamiento, aunque bien intencionado, la hizo empeorar. Sus esfuerzos por arreglar, rescatar y controlar a su esposa también le hicieron daño a él mismo. Sus propios comportamientos aumentaron su dolor, miedo, resentimiento y estrés.

Lo que necesita un cónyuge dependiente del alcohol es que su pareja le proporcione límites claros y consecuencias firmes. Y lo que necesita el codependiente es el coraje y la voluntad de brindar amor firme. Si ella no está dispuesta, y no puede dejar de beber, y él no está dispuesto ni es capaz de proporcionar los límites y las consecuencias necesarias, nada cambiará, y el costo para ambos será alto.

CAPÍTULO TRES

Los Costos Personales de la Codependencia

Nadie estaría dispuesto a entablar una relación con una persona problemática si supiera el verdadero costo de asumir el rol de codependiente. Pero a veces, desarrollamos el síndrome de “ver la vida de color de rosa”: nos enamoramos de las fortalezas de una persona, y aunque tenemos cierta conciencia de sus debilidades, optamos por minimizar esos defectos.

El médico de Brenda la conocía desde que era niña. Él podía ver que ella estaba bajo mucho estrés y estaba preocupado por las señales de abuso. La miró con amabilidad y fue directo al grano: “Has perdido cinco kilos desde la última vez que te vi, y eres muy joven para tener hipertensión y dolores en el pecho. Me dijiste que tenías ese moretón en la cara porque te caíste y te golpeaste en el sillón. Pero puedes ser honesta conmigo. ¿Tu esposo está abusando de ti?”.

Nadie estaría dispuesto a entablar una relación con una persona problemática si supiera el verdadero costo de asumir el rol del codependiente. Pero a veces, desarrollamos el síndrome de “ver la vida de color de rosa”: nos enamoramos de las fortalezas de una persona, y aunque tenemos cierta conciencia de sus debilidades, optamos por minimizar esos defectos.

Tal vez la otra persona era entretenida en un principio, pero luego se hizo claro que, en realidad su comportamiento era irracional. O tal vez parecía ser un líder fuerte, pero se volvió controlador y abusivo. ¿Qué pasa si la espontaneidad despreocupada resulta ser un comportamiento impredecible causado por una enfermedad mental o una adicción?

Los verdaderos costos de la codependencia

Si se siente atrapado en una relación con una persona problemática, probablemente se ha enfrentado a una angustia significativa, y es posible que sienta que ha perdido más de lo que jamás pensó que fuera posible:

  • La cordura: el círculo vicioso de las relaciones puede hacernos sentir como si estuviéramos volviéndonos locos.
  • El valor personal: los sentimientos de valía sufren un gran castigo cuando no se nos respeta y parece que no podemos ganar el amor de otra persona ayudándola.
  • La identidad: Si todo lo que hemos hecho en la vida es complacer, servir y rescatar a los demás probablemente luchamos por conocer nuestro propósito y saber quiénes somos.
  • El derecho a elegir: sentimos que tenemos que elegir entre quedarnos con la persona problemática o divorciarnos, pero cualquiera de las dos decisiones nos provoca un gran dolor.
  • La salud emocional: nos sentimos heridos, temerosos, confundidos, enojados, culpables, avergonzados, solos, indignos, sin amor, ni seguridad.
  • La confianza en el propio juicio: Pensamos: “No puedo creer que me haya casado con esta persona. Y ahora me he quedado tanto tiempo en esta relación que no sé qué más hacer “.
  • Las relaciones: hemos dedicado tanto tiempo y esfuerzo a la persona problemática que las relaciones con otros seres queridos, como los hijos,  se han visto afectadas, y hemos descuidado la intimidad con Dios.
  • La salud física: los niveles extremos de estrés continuo afectan nuestra mente y nuestro cuerpo.
  • La autoestima y el respeto de quienes son importantes.
  • La esperanza y los sueños para el futuro.

La pérdida de uno sólo de estos aspectos importantes de nuestra humanidad es muy difícil de afrontar. Sin embargo, es muy probable que sienta los efectos en la mayoría de las áreas. Aun así, su situación está lejos de ser desesperada.

El cambio es posible

El primer paso hacia la sanidad es ser honesto consigo mismo sobre el costo de la codependencia. Encuentre a alguien de confianza que le ayude a superar sus pérdidas. ¿No está seguro de dónde acudir? Si se encuentra en los Estados Unidos, llame a nuestros consejeros certificados para una consulta telefónica gratuita. También pueden darle una lista de terapeutas calificados en su área para que pueda tener un seguimiento adecuado. Si se encuentra fuera de los Estados Unidos visite el sitio www.enfoquealafamiali.com/consejeria para encontrar un consejero en su área.

El siguiente paso es empezar a cuidarse a sí mismo. Amarse a sí mismo no es egoísta; es un mandamiento dado por Dios (vea Marcos 12: 28-31). No importa cuánto tiempo haya estado en el rol dañino de codependiente, usted puede construir una nueva vida si comprende una cosa: la importancia de los límites personales.

CAPÍTULO CUATRO

Codependencia: la Importancia de los Límites Personales

Los límites personales marcan dónde terminamos y dónde comienza la otra persona. Estos son los límites que establecemos y defendemos en la vida, y en las relaciones.

Susana era parte de un grupo de apoyo en la iglesia. Ella escuchó mientras Celeste describía cómo no dejó entrar a su marido infiel a su casa y, de repente, Susana no pudo contener su creciente ira. “¡Pues yo estoy luchando por mi matrimonio! No quiero ser la razón por la que mi esposo se vaya. Nunca lo obligaré a cruzar la puerta solo porque no puede dejar de ver pornografía”.

El grupo guardó silencio. Celeste respondió amablemente: “Yo también quiero salvar mi matrimonio. Todos tenemos circunstancias únicas, así que déjame explicarte: mi esposo irrespeta continuamente mis valores y los límites más básicos con su infidelidad. Mi decisión de dejarlo fuera comunica que merezco respeto “.

Comprensión de los límites

Imagine una cerca alrededor de su propiedad, o la puerta de entrada de su casa. Esto protege lo que es importante para usted. Delinea aquello de lo que usted es responsable. Y evita que otros invadan su espacio personal. Sin este límite, tendría dificultades con vecinos descuidados, animales callejeros y cualquiera que quiera aprovecharse de lo suyo.

Los límites personales marcan dónde terminamos y dónde comienza la otra persona. Estos son los límites que establecemos y defendemos en la vida, y en las relaciones. Los límites definen quiénes somos, protegen lo que valoramos, definen aquello de lo que somos responsables, y nos mantienen a salvo. Tenemos el derecho y la obligación de salvaguardar nuestro propio bienestar.

Cuando tenemos límites personales saludables, disfrutamos de relaciones caracterizadas por el respeto y el trato justo. Sin embargo, si no expresamos y hacemos cumplir nuestros límites, somos vulnerables a ser utilizados o abusados.

Cuando la comprensión se derrumba

En cualquier tipo de relación disfuncional, una persona carece de límites y la otra carece de respeto por los límites. En las relaciones codependientes, las personas a menudo carecen, tanto de límites personales, como de respeto por los límites de los demás. No es que hayan elegido este camino, simplemente no conocen otro camino. Muy probablemente, la familia en la que crecieron modeló una forma defectuosa de relacionarse entre sí.

Los cristianos pueden confundir la amabilidad, con la falta de límites tan fácilmente como cualquier otra persona. La Biblia nos enseña a ayudar y cuidar de los demás (Gálatas 6: 2). Y Dios espera que ayudemos a aquellos que realmente llevan una carga pesada (viudas, huérfanos, pobres, y personas con necesidades especiales).

Pero la Biblia no nos enseña a ser esclavos de las necesidades que percibimos en otros. (Las necesidades percibidas son deseos que sentimos en otros, o en nosotros mismos, que no provienen de una necesidad genuina). Después de todo, las personas están obligadas a ocuparse de sus propias responsabilidades en la vida diaria (Gálatas 6:5).

No es difícil entender por qué luchamos con los límites. Nuestras propias creencias falsas y sentimientos basados ​​en el miedo nos crean confusión. Podríamos pensar, por ejemplo:

  • Necesito arreglar la vida de los demás porque es la forma principal en la que me siento bien conmigo mismo.
  • Tengo que rescatar a otros porque no es correcto permitir que la gente sufra.
  • Debo controlar el comportamiento de los demás, o terminaré compartiendo sus consecuencias.
  • Me sentiré culpable si no soy un “buen” cristiano / padre / cónyuge / amigo.

¿Se imagina a Jesús ayudando a otros por esas razones? Por supuesto no. Jesús ayudó a otros porque estaba cumpliendo la voluntad de su Padre, y trabajando para la gloria del Padre. Voluntariamente, cubrió las necesidades de aquellos que estaban hambrientos, enfermos y atormentados por demonios. Sin embargo, Jesús no ayudó a todo el mundo, ni ayudó todo el tiempo.

Los límites son imprescindibles

Jesús estableció límites personales, y dio prioridad al cuidado personal. No estaba impulsado por ideas falsas o sentimientos movidos por el miedo. Jesús no permitió que nadie lo usara para sus planes egoístas. El defendió su causa cuando nadie más lo hizo. Jesús estableció límites y nunca se sintió culpable por hacerlos cumplir.

De la misma manera, establecer y mantener límites personales es un paso fundamental para superar la codependencia. Si vamos a ser personas saludables, y tener relaciones saludables, debemos tener nuestros propios límites. Si no lo hacemos, perdemos el respeto por nosotros mismos, el respeto por los demás, e incluso nuestra propia identidad.

CAPITULO CINCO

Superar la Codependencia

En la codependencia, los demás están en primer plano, Dios se va al fondo, y el “Yo” se pierde por completo en la imagen. Pero ese no es el diseño de Dios.

El estudio bíblico de Jose y Emilia trataba acerca de cómo amar a nuestro cónyuge como Cristo ama a la Iglesia. Durante el estudio, Emilia estaba más concentrada en cómo Jose amaba su trabajo más que a ella, y tramaba una manera de lograr que el grupo sacara a la luz su situación. Sin embargo, un comentario de otra persona le provocó una convicción repentina. “Estaba obsesionada con la distracción de Ricardo con su computadora portátil y su teléfono celular”, dijo Joni. “Sin embargo, me he dado cuenta de que mi enfoque debe estar primeramente en Cristo. Sería bueno que haya alguna forma en la que yo pueda ayudar a Ricardo. Pero solo Dios puede motivar a una persona a cambiar, ¡y, ciertamente, yo no soy Dios!”.

El Foco de atención

Podemos aprender mucho sobre nosotros mismos si nos damos cuenta de dónde enfocamos nuestra atención. Usualmente, aquello en lo que nos enfocamos pasa a ser nuestro “primer plano” (el centro de nuestra atención), y todo lo demás se convierte en un fondo borroso. En la codependencia, los demás están en primer plano, Dios se va al fondo, y el “Yo” se pierde por completo en la imagen. Pero ese no es el diseño de Dios.

El Señor nos enseña dos mandamientos fundamentales en Mateo 22: 36-40 (NVI):

  1. “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente”.
  2. “Ama a tu prójimo como a ti mismo”

Generalmente, las personas que luchan con la codependencia aman a los demás mucho más de lo que se aman a sí mismas. Pero si hacemos de los demás (o incluso de nosotros mismos) el centro de nuestra atención, en lugar de Cristo, hemos perdido el foco de la imagen completa. Nada funciona bien en la vida si Cristo se queda en el fondo.

Por el contrario, cuando Cristo es el centro de nuestra atención, es mucho más fácil dejar que Dios sea Dios. No tenemos que arreglar, rescatar o controlar compulsivamente a otros. Dios es soberano, y la fuente de todas las cosas, y podemos confiar en que Él hará cosas poderosas en las vidas de nuestros seres queridos.

También es cierto que Dios nos permite ayudar a lograr Su propósito en la vida de otras personas. Pero, ¿cómo podemos ser parte del plan de Dios sin asumir el papel de salvador, o entrar en una relación de codependencia? Debemos empezar por comprender nuestra identidad en Cristo.

Paso a Paso

Superar la codependencia no es algo que ocurre de la noche a la mañana, pero sí es posible lograrlo. Sea honesto consigo mismo, confíe en el diseño de Dios para tener relaciones saludables, invite a personas sabias y amorosas a caminar a su lado, y dé un paso a la vez.

  • Entienda que la codependencia no es una sentencia de por vida. Es un mecanismo de adaptación, y usted puede aprender una mejor manera de relacionarse con otros.
  • Admita que su motivación para ayudar se confundió en algún momento de la vida. Pero recuerde que lo que sucedió en el pasado no es su culpa. Usted puede adoptar una nueva forma de cuidar y ayudar a otros centrada en Cristo.
  • Comprenda que la atracción que suele sentir por las personas necesitadas proviene de motivaciones insanas. Pero no tiene porqué seguir estos sentimientos como abeja al panal.
  • Detenga el círculo vicioso en sus relaciones. No siga haciendo lo que siempre ha hecho. Comprométase a no seguir siendo permisivo con los demás, y a no perder su identidad tratando de ayudar.
  • Dese espacio para experimentar el duelo. No ignore las pérdidas que ha vivido en las relaciones de codependencia.
  • Siga el ejemplo de Jesús en sus decisiones futuras: Él se preocupó por los demás, pero siempre estableció límites claros.
  • Establezca consecuencias coherentes para aquellas personas que no respeten sus límites.

Pida ayuda

El cambio nunca es fácil, y no podemos cubrir todos los escenarios y situaciones específicas en este espacio. Es por eso que lo alentamos a buscar apoyo constante, y relaciones sólidas que fomenten la rendición de cuentas:

Recuerde: un paso a la vez. Aférrese a la esperanza, apóyese en la fuerza de Dios, descanse en Su amor inagotable, y confíe en que Él le conectará con personas confiables. Usted puede superar la codependencia.

CAPITULO SEIS

La Codependencia en un Matrimonio Disfuncional:

Sanidad y Esperanza

Para hacerlo más sencillo, vamos a identificar a la persona problemática descrita en este artículo como “el esposo”. Pero es importante aclarar que, tanto las esposas, como los esposos tienen la misma probabilidad de ser la fuente principal de un conflicto matrimonial.

Cuando lo normal no es normal

En un matrimonio disfuncional, el esposo, que hasta podría autodefinirse como cristiano, podría tener conductas adictivas, abusivas, promiscuas, enfermedades mentales, ser controlador o irresponsable. Pero en lugar de depender del Señor, depende de alguna droga, o de salirse con la suya, y conseguir lo que quiere fuera de su matrimonio.

Su esposa, al tratar de rescatarlo, arreglarlo o controlarlo, se vuelve codependiente. Y cada vez que ella intenta que él cambie su actitud o comportamiento, él responde haciendo más de lo mismo, lo que la hace sentirse abatida y atrapada. Su relación se ha convertido en un círculo vicioso de Destrucción Mutua Asegurada – un loco desorden matrimonial.

Desafortunadamente, la práctica habitual de ir a consejería una vez a la semana rara vez funciona en esta situación, porque el esposo es egocéntrico, engañoso, incapaz de rendir cuentas, y no está interesado en el cambio. Él ha bloqueado su relación con Dios, y ha perdido el respeto por su esposa. A este punto, ofrecerle conocimiento o herramientas para el matrimonio será contraproducente. Tanto la relación matrimonial, como un proceso de consejería, requieren de dos personas que estén dispuestas a cooperar. Si uno de los dos se muestra resistente, combativo, o fingiendo cooperación, los caminos tradicionales hacia la restauración no serán efectivos.

Afortunadamente, la invitación de Dios a un cambio real y una sanidad duradera es una constante. Restaurar un matrimonio disfuncional es difícil, pero no imposible, porque “para Dios todo es posible”. (Mateo 19:26). Pero antes, Dios debe llamar la atención de la persona problemática.

Amor firme: las consecuencias pueden conducir a un cambio positivo

Dios es amor y justicia. Él nos concede compasión, y también permite las consecuencias. Él tiene un balance entre el amor sublime, y el amor firme. A lo largo del relato de la Biblia, se puede ver cómo, cuando alguien quería evitar la voluntad divina, Dios podía darse a conocer a través de un susurro apacible o a través de las plagas de Egipto, afectando la vida y la propiedad de las personas (1 Reyes 19:12 y Éxodo 7: 14-12: 30). Dios está dispuesto a llamar nuestra atención, cueste lo que cueste.

Podemos aplicar esa misma verdad al lidiar con un cónyuge desafiante. Podemos establecer consecuencias a sus actos. Los cónyuges problemáticos suelen responder mejor a un enfoque en el amor firme, que con cualquier otro esfuerzo. Como parte de la rutina, usamos las consecuencias con los niños como una medida amorosa para ayudarlos a respetar y acatar los límites necesarios. Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto usar las consecuencias con un adulto que amamos?

Tal vez tememos provocar el efecto contrario. Quizás no sepamos cómo. A lo mejor pensamos que tenemos que resolver nuestros problemas antes de imponer consecuencias a nuestro cónyuge. O tal vez creemos que hacer cumplir las consecuencias establecidas sería poco piadoso. Cualquiera que sea la razón, la mayoría de los cristianos dudan en usar la incomodidad para influir en la vida de un ser amado. Y esta es una de las herramientas más poderosas que Dios nos ha dado.

No se puede cambiar a un cónyuge desmotivado razonando, discutiendo, regañando, llorando, o suplicando. Por el contrario, usted y Dios pueden trabajar juntos para llamar la atención de su cónyuge a través de la incomodidad. ¿Cómo? Establezca límites personales, y haga que esos límites se cumplan con consecuencias lógicas y naturales.

Primero lo primero: escoja su equipo de apoyo

¿Conoce usted el relato bíblico de Josué preparándose para luchar contra los gigantes de la Tierra Prometida? Dios le dijo a Josué: “No teman ni se asusten ante esas naciones, pues el Señor su Dios siempre los acompañará; nunca los dejará ni los abandonará” (Deuteronomio 31: 6, NVI).

No intente pelear esta batalla solo. Usted necesita la sabiduría y el apoyo de Dios, así como de otras personas para mantenerse firme y seguir adelante. Contacte a un consejero cristiano certificado, o un coach de vida cristiana que pueda ayudarle a pensar bien, hacer un plan y comprometerse a llevarlo a cabo. En estos procesos, usted puede aprender cuáles son los límites más adecuados y qué consecuencias podrían ser más efectivas con su cónyuge.

Si usted está en una relación de abuso, tome medidas adicionales para procurar su seguridad física, y la de su familia. Llame al 911 si se encuentra en peligro inmediato. Para obtener otras recomendaciones, lea “No se arriesgue: cómo lidiar con la violencia doméstica”.(Disponible solo en inglés) Si se encuentra en los Estados Unidos, también puede llamar a nuestros consejeros certificados al 1-800-232-6459 para una consulta telefónica gratuita, o puede obtener ayuda las 24 horas del día, los 7 días de la semana, los 365 días del año a través de la Línea Directa Nacional de Abuso Doméstico al 1-800-799-7233. Si se encuentra fuera de los Estados Unidos visite el sitio http://www.enfoquealafamilia.com/consejeria para encontrar apoyo en el lugar en donde se encuentre.

Trace un plan estratégico

A menudo, los terapeutas no se preocupan en proporcionar un plan detallado de límites y consecuencias porque ellos mismos no se ven en esta situación. Pero usted necesita una idea básica de por dónde empezar. Aquí hay algunos pasos a considerar. Evalúelos con su consejero o coach de vida para obtener ideas y recomendaciones adicionales. Estas sugerencias no son las únicas opciones para su situación. Usted debe comprometerse al proceso y, al mismo tiempo, mantenerse flexible, y pedir la guía del Espíritu Santo.

  • Decida no ser una víctima. Sea un vencedor, fuerte y valiente en Cristo.
  • Deje que Dios sea su fortaleza. Lea 2 Samuel 22: 2-3.
  • Consulte con un consejero cristiano certificado o un coach de vida cristiana que este familiarizado con el tema de la codependencia.
  • Haga un plan para establecer límites, comuníquelos de manera asertiva y establezca consecuencias según el caso.
  • Detenga cualquier comportamiento permisivo.
  • Manténgase firme en la ejecución del plan, incluso cuando resulte doloroso.
  • Si le es posible, mantenga abiertas las líneas de comunicación con su cónyuge; el objetivo es la renuncia a las conductas negativas, no la destrucción de la relación, pero no permita que los viejos patrones de comportamiento continúen.
  • Exprese la verdad con amor. Dígale a su cónyuge que cree en él y hágale saber que está orando por un cambio que le acerque a usted, a los niños y a Dios.
  • Dele tiempo a su cónyuge, no cambiará de la noche a la mañana. Y no se deje engañar por las lágrimas y las promesas de cambio prematuro. Observe y espere por la verdadera transformación.
  • Su necesidad de atención física podría tentarle a tratar de acortar el proceso de cambio. Manténgase firme. No sabotee el trabajo que Dios está haciendo, tanto en usted como en su cónyuge.
  • Enfoque su atención en cuidar de sí mismo y de sus hijos.
  • Permita que esta etapa lo lleve de vuelta a la intimidad con Dios, y a depender solo de Él. Pídale que le muestre los propósitos que Él tiene para su vida.
  • Perdone a su cónyuge bajo la dirección del Espíritu Santo. Hable con su consejero o coach de vida sobre lo que significa el perdón verdadero.

Aunque parezca imposible en este momento, trate de visualizar el día en que su historia sea una motivación para otros. Independientemente de los resultados que obtengamos en esta tierra, nuestro sufrimiento nunca es en vano cuando confiamos en que Dios tiene control del cuadro completo: “Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que, con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren” (2 Corintios 1: 3-4, NVI).

Llame a nuestros consejeros certificados para discutir cualquier tema que necesite. Para una conversación más detallada, recomendamos el Libro de Trabajo de Recuperación Cristiana de la Codependencia (Solo disponible en inglés).

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