Recuerdo haber escuchado a mi abuelita expresar alguna vez que “la actividad en los niños es una señal de buena salud”. Y tiene que serlo, porque una persona activa, sin importar su edad, al mantener ocupados su mente y cuerpo, no abre espacio al desgano, al  aburrimiento y a los padecimientos. 

No todas las personas son iguales, piensan semejante, sienten similar y actúan igual. Existe una extensa variedad de rasgos en los temperamentos de las personas, que las hacen ser y comportarse de manera diferente. Con los niños ocurre lo mismo. Sus temperamentos, caracteres y personalidades los hacen comportarse de manera diversa.

Los padres saben muy bien que sus hijos pueden ser impulsivos, participativos, expresivos y extrovertidos, o bien pueden resultar en ocasiones analíticos, recatados, herméticos e introvertidos. Pueden ser muy activos e inquietos, o pasivos y cautos.  Pero tomando en cuenta estos rasgos diferenciados,  lo cierto es  que los hijos, cuando son tranquilos y mesurados, no significa necesariamente que  adolecen de una salud quebrantada o disminuida.

Sin embargo, aún considerando los distintos rasgos de cada temperamento, en general, los hijos activos, mental y físicamente, serán casi siempre menores saludables. 

Muchas veces la preocupación de los padres viene de las dos situaciones. O porque sus hijos son muy pasivos e inactivos en exceso,  o porque, al contrario de los otros, suelen mantener un ritmo de actividad tan elevado, que dejan a sus padres prácticamente rendidos y agotados por el cansancio, al final de cada jornada.

Además de las características propias de cada niño, hoy en día es muy frecuente escuchar que los hijos les  ha correspondido vivir en un mundo donde sobreabundan los estímulos externos.  Este rasgo del mundo moderno propicia que los niños crezcan con muchos referentes y factores externos que los invitan a estar activos y ocupados.  Esos estímulos externos han cambiado con el tiempo. Antes estaban más asociados con el deporte, el campo y la naturaleza, con el mundo de la imaginación y la creatividad, y hoy más conectados a las tecnologías y a las conexiones que propician los instrumentos digitales y las redes sociales.  

Cuando los hijos son muy activos e inquietos pueden dejar a sus padres exhaustos al final de cada jornada.  Estos niños desean participar en múltiples actividades, asistir a diversos eventos, incorporarse a gran cantidad de grupos y, junto a  ellos, sus padres deben acompañarlos y cuidarlos en sus recorridos constantes. Pero aunque para los padres este ritmo activo y acelerado de sus hijos les pueda resultar agotador, lo bueno es que si sus hijos se mantienen ocupados en actividades físicas y mentales provechosas, el resultado a corto y mediano plazo será altamente positivo para toda la familia.

Uno de los aspectos más  importantes que los padres deben cuidar es establecer un balance adecuado en las actividades de sus hijos.  Los niños y adolescentes deben, en primer lugar, equilibrar sus responsabilidades educativas, con sus actividades recreativas – deportivas y de descanso. De igual forma, deben establecer un balance apropiado entre las actividades que ejercitan el cuerpo y las que desarrollan el intelecto. Finalmente, un equilibrio necesario debe contemplar actividades dentro del hogar, aulas o salones, así como visitas periódicas al campo y juegos o eventos recreativos, deportivos y artísticos al aire libre.

De esta forma, una adecuada y balanceada actividad en los hijos puede generar estilos saludables de vida y un desarrollo físico, mental, emocional y espiritual apropiados. Los padres no solo no deben cortar las iniciativas e inquietudes de sus hijos, sino más bien propiciarlas y promoverlas.  Los hijos que, desde pequeños, se destacan  por ser creativos e imaginativos, son generalmente muy activos física y mentalmente. Son curiosos y les gusta explorar y experimentar.  No se deben inhibir las iniciativas y los sueños, pero sí saber canalizar el entusiasmo y la energía que hay contenida en este tipo de niños y adolescentes.

Por su parte, otros niños y adolescentes podrán encontrar toda la diversión y el entretenimiento en actividades más pasivas, al menos físicamente. Estos menores suelen querer pasar horas frente a sus televisores     observando películas o programas de entretenimiento, o bien imbuidos en sus videojuegos, con sus computadoras, celulares y  tablets.

Los padres de este tipo de niños y adolescentes deben velar porque en sus hogares se adopten los balances que mencionamos anteriormente. No es bueno que los hijos pasen muchas horas haciendo uso y abuso de estos dispositivos electrónicos y, en cambio, se alejen de la actividad física que puede beneficiar sus cuerpos y mentes, a través del deporte y los juegos al aire libre.  

Es cierto que habrá niños y adolescentes más propensos a la actividad física fuera del hogar y otros que prefieren, por ejemplo,  permanecer en sus residencias practicando la lectura, los juegos de mesa y las tertulias.  Como lo hemos dicho, cada quien actuará a partir de las tendencias que marcan sus temperamentos, así como de sus gustos y preferencias.  Pero cierto es también que, respetando estas tendencias naturales, sociales y culturales, los equilibrios siempre son adecuados y convenientes.
Existen especialistas que ven en el ocio y el aburrimiento un punto de partida para despertar la imaginación y la actividad intelectual. De hecho, el pensamiento filosófico y matemático comenzó en la antigüedad a partir de la observación y la reflexión durante los tiempos  de ocio del ser humano. Pero no hay duda de que  la actividad física, mental y espiritual balanceada es una  buena aliada en el desarrollo integral de los menores.

Hijos activos, hijos saludables. Actividades dentro del hogar y fuera de él. Combinación de entretenimiento, aprendizaje y disfrute, así como de ejercicio físico, mental y espiritual. Estas son algunas claves para el crecimiento y la salud integral de los niños y adolescentes.

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