En la realidad social de hoy, las familias son más pequeñas, tienen menos hijos, presentan más divorcios, ocurren menos matrimonios, optan por uniones de hecho, hay más presencia de adultos mayores, entre otros aspectos. Frente a este panorama, se ha señalado que estas transformaciones traen consigo modalidades o tipos de familia que son diferentes, tanto por su estructura como por su dinámica.

En un artículo anterior relacionado con este tema, se describieron los principales tipos de familia y los rasgos característicos que se manifiestan en cada uno de ellos. En esta ocasión, procuraremos  ofrecer algunas recomendaciones para mejorar la calidad de vida de las familias y de las personas que las conforman, considerando esas modalidades familiares, tanto por su estructura como por su dinámica. Por su relevancia e impacto familiar y social, nos centraremos solo en algunos tipos de familia específicos.

  • Recomendaciones para las Familias Nucleares

También conocidas como “tradicionales” o “naturales”, son familias que podrían reunir las condiciones más apropiadas para brindar mayor bienestar a los miembros que las conforman.

No obstante, la presencia materna y paterna no es, en sí misma, una garantía de éxito y bienestar, pero si ese hogar se caracteriza por contar con un vínculo conyugal robusto, cercano, respetuoso y amoroso, y por relaciones  funcionales, sólidas y saludables, donde exista corresponsabilidad en las labores del hogar, principalmente las de cuidado, crianza y educación de los hijos, existen grandes posibilidades de crecimiento y desarrollo positivo para todos.

  • Recomendaciones para las Familias Monoparentales

Hay otros tipos de familia que han crecido en la sociedad actual. Uno de ellos, los hogares monoparentales -principalmente a cargo de mujeres-. A pesar de la ausencia de uno de los progenitores, muchos de estos hogares logran salir adelante con un gran esfuerzo de la persona que queda a cargo de la familia.

Además del recurso económico que debe procurar para atender las necesidades de su familia, el progenitor a cargo debe estar atento a mantener un vínculo muy cercano con sus hijos, considerar rigurosamente los lugares donde los menores van a permanecer mientras se ausenta por razones de trabajo, compartir el tiempo y fomentar la comunicación en los momentos en los que puedan estar juntos, entre otros.

Muchos de estos hogares monoparentales son producto de disoluciones conyugales, por lo que se debe procurar mantener -a pesar de la separación o divorcio- un contacto respetuoso y cordial con la ex-pareja, con el propósito de poder coordinar aspectos relacionados con la atención de las necesidades materiales, emocionales y espirituales de los hijos.

La pobreza es uno de los aspectos que mayormente caracteriza a los hogares monoparentales, por lo que para reducir este impacto, se debe reforzar el  cumplimiento de las normativas que regulan el ejercicio de una “paternidad responsable”, y complementarla con acciones a nivel educativo y cultural para que esa “paternidad responsable” no se limite a los aspectos económicos, sino también se consideren los afectivos, educativos y de cuidado de los menores.

  • Recomendaciones para las Familias Reconstituidas

Las familias “reconstituidas” son otro de los tipos donde se manifiestan, en  algunas ocasiones, complejas formas de ajuste y dinámica familiar. En efecto, los “nuevos” hogares -al estar constituidos por parejas con hijos que traen, eventualmente, de matrimonios anteriores, y que, a partir de su nueva unión, podrían agregar  hijos propios-, tienen algunas posibilidades de experimentar   relaciones no tan  armoniosas y funcionales entre todos los miembros.

Por eso es que a las familias “reconstituidas” se les recomienda poner mucha atención en la etapa de ajuste, respetando el nivel de cercanía y confianza que cada uno de los miembros deberá ir estableciendo con los otros, procurando un diálogo permanente, un manejo adecuado de las diferencias y el arribo a acuerdos plausibles para todos. La pareja debe mantenerse unida y estable frente a sus hijos, mostrando y presentando las normas y reglas comunes del hogar; pero los padres biológicos deberán ser los comunicadores directos de las decisiones relevantes y de las eventuales medidas disciplinarias cuando se requieran. Por su parte, la pareja del padre o de la madre biológica debe concentrarse en relacionarse, con respeto y amor, con los hijos de su cónyuge, cuidándose de no establecer diferencias o preferencias con sus propios hijos.

Las dinámicas entre los miembros de las familias “reconstituidas” no hay que forzarlas, sino dejar que fluyan paulatinamente de manera natural. El tiempo, el perdón, el amor, la comprensión, el diálogo y el respeto son los mejores aliados para que se desarrollen relaciones cordiales, saludables y armoniosas en la “nueva” familia.

De igual forma, en el artículo anterior relacionado con los tipos de familia, se señaló la existencia de familias según sus dinámicas, comparándolas con otras formas de convivencia.

Familia Hotel

Al respecto, se indicó que la familia “hotel” era aquella que se caracterizaba porque sus miembros habitaban una misma casa, pero prácticamente no pasaban tiempo juntos, no lograban coincidir debido a sus múltiples ocupaciones y diversos horarios. Cuando esta situación se presenta, los miembros del hogar deben hacer un alto, conversar y ponerse de acuerdo para ajustar sus agendas y lograr separar espacios diarios y semanales de convivencia. Los recursos tecnológicos facilitan posibilidades de información y  momentos de comunicación ágil, pero es imprescindible contar con espacios de diálogo directo y de encuentro familiar. Los tiempos de comida  durante las noches y los fines de semana deben mantenerse como hábitos imperdibles.

Familia Ejército 

Por otro lado, en las familias “ejército”  prevalecen las normas, las reglas, la disciplina y  las instrucciones, principalmente dirigidas a los niños y adolescentes. Las familias sometidas a estas dinámicas terminan derivando hijos frustrados y temerosos, deseando salirse cuanto antes de los excesivos controles y de autoritarismos  desmedidas. Los padres deben modificar esos comportamientos y asumir papeles más horizontales, cercanos y de mayor confianza con sus hijos. Siempre dará más resultado el diálogo, los acuerdos y la convicción, que la imposición y el temor.

Familias Agencias de Espionaje 


Por su parte, también las familias “agencias de espionaje”, no pueden conducir a nada sano manteniendo  dinámicas de control, supervisión y vigilancia entre sus miembros. Estas familias deben cambiar la desconfianza, la duda y la inseguridad que les invade por dinámicas donde el diálogo y la transparencia sean los fundamentos de los vínculos, tanto a nivel conyugal como entre los padres y sus hijos. Muchas veces los temores y las desconfianzas surgen,  en algunos miembros del hogar, de experiencias o situaciones personales que deben ser atendidas y resueltas con ayuda profesional, pero no deberían trasladarse a los miembros de la familia adoptando dinámicas insanas.

Familias Centro de Entretenimiento

En cuanto a las familias “centro de entretenimiento”, hemos indicado que el problema no está en que los miembros del hogar se reúnan para compartir una jornada de diversión o un tiempo de entretenimiento. Por el  contrario, estos espacios son oportunidades altamente valiosas para que la familia se reúna y comparta. El problema se encuentra en que únicamente lo hagan en ocasiones de fiesta o de tertulia ligera. La familia debe contar también con espacios para compartir ideas, problemas y congojas. Deben contar con lugares y tiempos para el diálogo íntimo y sereno, para la reflexión y la oración.  Convocar a la familia a actividades de diversión y entretenimiento es una práctica positiva, pero también debemos reunirnos para conversaciones más profundas e íntimas.

Los tiempos han cambiado, es cierto, y hoy nos encontramos con familias muy distintas en sus estructuras y dinámicas. La forma en que, a lo largo de la historia de la civilización, se han establecido las conformaciones familiares, es algo que han estudiado los antropólogos, sociólogos e historiadores desde hace mucho tiempo. Pero, a pesar de las obvias y específicas diferencias de carácter socio-histórico y cultural, los rasgos fundamentales que caracterizan a las familias continúan prevaleciendo como aspiración vital humana: el sentido de pertenencia, el sentido de permanencia, el sentido de estabilidad y el sentido de trascendencia.

Tomando en cuenta  las estructuras y dinámicas de las familias en la actualidad, se debe procurar conformaciones familiares donde mejor se pueda asegurar el cumplimiento de sus funciones naturales y sociales, y en donde mejor se garantice el bienestar de los miembros que las conforman y el bien común de la sociedad. Procurar familias fuertes, saludables, funcionales, estables y sostenibles debe continuar siendo el objetivo de todos.

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