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Intimidad con Dios: El camino para la verdadera plenitud

Hombre con los brazos abiertos en una colina

Tener una relación íntima con Dios significa descubrir que la vida abundante nunca se encontrará en otra persona.

Tengo algo que confesar. A mí realmente me gustan las películas para chicas, de esas en las que el Sr. Correcto conoce a la Srta. Correcta, ellos se enamoran, experimentan una crisis que rompe su relación y luego se reconcilian con un beso.

Me gustan estos filmes porque conmueven un lugar muy interno de mi ser que anhela el amor romántico. Sin embargo, sé que nunca encontraré la satisfacción absoluta aun si pudiera experimentar el amor romántico de las películas, porque no es la mayor aspiración del género humano o el nivel más alto de la plenitud. Si así lo fuera, entonces nuestro mayor llamado estaría basado en un mandato bíblico que hablara sobre amar de forma romántica. En su lugar, nuestro llamado es amar a Dios sobre todas las cosas (Mateo 22:37-40). En Su amor, podemos encontrar la plenitud que ningún ser humano puede brindar.

Siga estos pasos para ayudarle a experimentar una relación íntima de amor con Dios.

Paso Uno: Abrace la verdad de que la intimidad con Dios no tiene competencia.

Una de mis amigas se sentía sola y frustrada porque Dios no le había cumplido su mayor deseo: un esposo. Sin haberse casado nunca y ya con 40, estaba cansada de orar y esperar y esperar y esperar, pero más que nada ella estaba convencida de que su vida era de alguna manera carente. “¡Estar soltera no es la vida abundante!” declaraba enfáticamente.

Ciertamente me identifiqué con esas emociones, algunas veces desgarradoras, que me hacían sentir como si fuera la única chica que no tenía una pareja para el baile de graduación. Yo empaticé con su soledad, con sus llantos por la noche cuando solamente Dios podía escucharlos, y con sus millones de oraciones por un hombre que ni siquiera estaba segura de que existiera. Pero ¿la ausencia de vida abundante?

Nuestra conversación me hizo correr a mi Biblia donde encontré Juan 10:10 (NVI).

“El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia.”

La palabra vida saltó de la página, y tuve que buscar su significado. En la definición, encontré la prescripción para la enfermedad del corazón de mi amiga: Dios mismo es la vida abundante que tanto ella como yo buscamos, no la relación con un hombre. La palabra griega para vida es zoe (en el lenguaje original) y significa:

“vida, se refiere al principio de la vida en el espíritu y el alma. (énfasis mío). [Zoe es] todo lo más alto y mejor que es Cristo, lo cual Él da a los santos. La mayor bienaventuranza de la criatura.”

Vida. Dentro de mí. Dentro de ti. En el espíritu. En el alma. Dada por Dios. La mayor bendición que podemos tener de este lado del cielo. Cristo mismo.

El primer paso para desarrollar una íntima (y plena) relación de amor con Dios es admitir que la vida abundante que Él promete nunca se encontrará en otra persona. En lugar de ello, tal como muestra la definición de zoe (vida), la verdadera vida abundante es interna y se encuentra solamente en Cristo.

No me malinterprete; Dios nos creó para experimentar el amor humano y el romance puede agregar una maravillosa dimensión a la vida. Pero el amor romántico nunca podrá triunfar sobre una relación íntima de amor con Dios. Y francamente, a Dios le gusta que sea de esta manera porque Él no quiere competir contra otros por nuestro corazón, Él es celoso de nuestro afecto (Ex. 34:14 NVI).

Paso Dos: Acepte que una relación íntima y plena de amor con Dios es personal

Algunas cosas con Dios son tan personales, tan íntimas, que no se pueden describir con palabras, solo se pueden sentir con el corazón. Así es la verdadera intimidad con Dios; sentimos que nadie más puede entender realmente el vínculo especial que compartimos con Él porque es completamente personal.

Esto describe mi relación con Cristo. Él me ha consolado cuando he llorado, me ha dirigido, enseñado, reprendido, guiado y amado. Ha habido momentos cuando he creído que mi corazón estallaría de emoción por Él. ¿Quién podría entender la profundidad de mi relación con Él excepto yo y mi Salvador? Esta es la verdadera intimidad con Dios: cuando sentimos que nadie más la entendería por completo, incluso si tratamos de explicarla, porque la relación con Dios es personal.

Si usted nunca se ha comprometido en una relación personal con Él, no es algo repleto de requisitos o deberes religiosos difíciles. Él no pide que cambie antes de comprometerse con Él; solo pide que venga como usted es, le confiese a Él su pecado, reconozca su necesidad de que sus pecados sean perdonados, y acepte Su regalo de perdón que le ha ofrecido a través de Su muerte en la cruz (Mat. 27:1-66, 2 Cor. 5:21). Después de que haya hecho esto, puede comenzar una conversación con Él a lo largo de la vida, lo cual es parte de la abundancia de zoe.

Paso Tres: Hable con Dios

Así como una relación cercana con otra persona requiere conversación, también pasa lo mismo en la relación con Dios. Conversamos con Él cuando leemos la Biblia (Su forma principal de comunicación con aquellos que le aman) y cuando oramos (una conversación de dos vías, entre usted y Dios).

Cuando usted ora, Dios no está pidiendo una fórmula; Él no quiere que usted pretenda ser algo que no es. Él no quiere que usted solamente le adore, que nunca le pida nada, o que diga frases particulares que le hagan sonar “religioso”. En su lugar, Él solo quiere que le diga lo que está en su mente y en su corazón, tal como lo haría con un amigo de confianza (1 Pedro 5:6-8).

Mientras ora, usted aprenderá a escuchar la voz de Dios, así como dice Jesús que hacen aquellos que le conocen (Juan 10:27-29). Sin embargo, recuerde que toma tiempo aprender cómo escucharlo con precisión. Algunas veces podrá saber que Él le está hablando a través del Espíritu Santo, otras veces puede que no esté seguro. Pero entre más comprenda quién es Dios a través de Su palabra, y su mente vaya siendo cambiada, será cada vez más capaz de discernir cuándo Él le está hablando y cuándo no (Rom. 12:2).

Paso Cuatro: Pase tiempo con otros que creen en Cristo

Cuando veo hacia atrás y analizo mi relación con Jesús desde que llegué a conocerle hace más de 20 años, pienso que no estoy segura dónde estaría si no hubiera sido por otros preciosos creyentes que me mostraron una foto de Él.

Una mujer se hizo mi amiga y me enseñó muchas cosas acerca de Cristo. Ella me mostró Su amor; leyó conmigo la Biblia (Su palabra), me motivó y oró por mí. Sin su cuidado y preocupación, no estoy segura de cómo habría manejado muchas de las adversidades que encontré durante una temporada oscura en particular.

Ya que, para desarrollar una íntima relación de amor con Jesús, se necesita estar en una relación cercana con otras personas que lo conocen, Él oró para que aquellos que lo conocieran experimentaran el mismo tipo de unidad que Él experimenta con Su Padre. Yo experimenté esto con mi amiga.

Si usted no conoce a nadie con quien pueda desarrollar una relación cercana de esta forma, búsquela. Pregunte por un mentor espiritual, hágase parte de un estudio bíblico en una iglesia creyente de la Biblia, o únase a un grupo de discipulado cristiano.

Paso Cinco: Sea paciente

Por último, recuerde que, así como desarrollar intimidad con otra persona toma tiempo, lo mismo puede ocurrir con la relación con Dios. A medida que crece para confiar en Él y creer en lo que dice en Su palabra más y más, su amor con Él se volverá cada vez más pleno y la abundancia de zoe crecerá dentro de su espíritu y de su alma.

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© 2022 Focus on the Family. Todos los derechos reservados. Utilizado con permiso. Originalmente escrito en inglés por Shana Schutte y publicado en focusonthefamily.com.

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