El concepto de funcionalidad familiar ha sido utilizado durante muchos años por parte de los especialistas en familia, principalmente por parte de aquellos conectados con la medicina familiar. Proviene de las teorías funcionalistas de los años setentas y ochentas del siglo anterior, y que se han aplicado por muchos años -manteniendo su vigencia-para explicar y entender no solo la relevancia de la integración de los componentes de un sistema -familiar-, sino también la funcionalidad o disfuncionalidad de sus dinámicas al interior de éste.

Desde esta perspectiva, Henry Land indica que cuando se habla de funcionalidad familiar, se hace referencia a “…las familias cuyas relaciones e interacciones hacen que su eficacia sea aceptable y armónica. Las familias que son funcionales son aquellas donde los roles de todos los miembros están establecidos sin que existan puntos críticos de debilidades asumidas y sin ostentar posiciones de primacía, artificial y asumida, por ninguno de los miembros;  y  donde todos laboran, trabajan y contribuyen igualmente con entusiasmo por el bienestar colectivo”.

De esta manera, una familia funcional mantiene un estado de equilibrio que le permite al grupo progresar de crisis en crisis, hacia estados de mayor madurez y bienestar para el sistema y sus miembros.

De igual forma, los especialistas más recientemente plantean el tema de las fortalezas y el bienestar de las familias desde la vinculación que existe entre las estructuras familiares y la salud de sus dinámicas.

 En efecto, Ignasi de Bofarull,  profesor de sociología y antropología del Instituto de Estudios Superiores de la Familia, de la Universidad Internacional de Cataluña, presentó hace pocos años en un Congreso Internacional de Familia, un estudio comparado de las características principales de las familias fuertes, de acuerdo con la descripción que de ellas hacían aproximadamente 15 autores de diversos países.

Derivado de ese trabajo, se puede señalar que las familias fuertes, funcionales, saludables y sostenibles, son aquellas que logran enfrentar las situaciones de cambio que el mundo de hoy presenta, los conflictos, crisis o estrés de manera relativamente rápida y satisfactoria para el sistema y los miembros que lo componen.

Por el contrario, las familias débiles, disfuncionales, poco saludables y no sostenibles, serán entonces aquellas que, ante las situaciones de cambio, conflicto y estrés que enfrentan sus dinámicas y sus miembros, no logran resolver satisfactoriamente las dificultades, y más bien las prologan en el tiempo y las hacen llegar a estadios de colapso familiar. Generalmente, estas familias terminan en separaciones y rupturas muy dolorosas para todos los miembros del hogar, principalmente para los menores de la familia.

Si recogemos las diversas dimensiones que han planteado importantes teóricos de la salud, funcionalidad y fortaleza familiar, podemos destacar  algunas claves relevantes.

Familias Fuertes, Saludables, Funcionales y Sostenibles

Las 20 claves:

  • Fuertes lazos familiares.  Cohesión familiar.
  • Matrimonios fuertes. Vida íntima conyugal saludable.
  • Intereses y objetivos compartidos.
  • Eficaz afrontamiento de las crisis y el estrés.  Adaptabilidad a los cambios.
  • Proximidad y cercanía de los miembros del hogar.
  • Ocio compartido, disfrute del tiempo juntos, privacidad valorada.
  • Identificación y control de distractores externos (amistades, trabajo, dispositivos tecnológicos).  Conciliación de la vida familiar y la vida laboral.
  • Respeto y confianza.
  • Responsabilidades compartidas. Roles de delimitación clara.
  • Implicación afectiva. Niños cuidados, atendidos y educados con amor. Hijos felices y amados.
  • Coalición entre los padres. Establecimiento balanceado de acciones amorosas, comprensión y flexibilidad / con reglas, límites y acciones correctivas y disciplinarias adecuadas.
  • Capacidad para resolver los conflictos. Negociación.
  • Comunicación abundante, positiva, abierta y sincera.
  • Aspiraciones y logros educativos.
  • Manejo de las diferencias y comprensión empática.
  • Afirmación de cada uno.
  • Dedicación ética y espiritual. Valores morales y religiosos compartidos.
  • Control de las emociones. Manejo del enfado.
  • Salud física, emocional y financiera.
  • Relaciones con familias de origen (cercanía necesaria con distancia saludable).

Estas 20 claves extraídas del aporte de diversos especialistas que han estudiado las principales dimensiones que caracterizan a las familias fuertes, saludables y funcionales, pueden ayudar al establecimiento de pautas de comportamiento que posibiliten el bienestar de las familias y de sus miembros.

Como lo ha planteado el Profesor Fernando Pliego de la Universidad Nacional Autónoma de México, las estructuras familiares tienen que ver mucho con el grado de bienestar de las familias. Pero no hay duda de que la sostenibilidad de las familias dependerá también, en gran medida, del poder establecer conformaciones y dinámicas fuertes, saludables y funcionales.

*Jesús Rosales Valladares estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Costa Rica. Además se ha desarrollado como consejero familiar e investigador social en temas de políticas públicas y familia por más de treinta años.

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