El matrimonio es la expresión libre y voluntaria de una pareja que, luego de haber disfrutado de una buena amistad y una relación de noviazgo que les ayudó a definir su futuro, deciden unirse para construir una nueva familia.
Esto implica dejar atrás las costumbres del hogar de origen para definir las propias, establecer metas juntos, tomar decisiones en consenso y definir los valores sobre los cuales se va a edificar la nueva familia.  El reto de este inicio es dejar de idealizarse para aceptarse mutuamente tal cual son.
Esto no es sencillo, ya que al contraer matrimonio, las personas vienen con un bagaje de costumbres, ilusiones, expectativas, deseos, frustraciones, roles aprendidos y sueños planeados que algunas veces, no se ajustan al ideal del otro. Por eso, el arte de vivir juntos en el matrimonio no es algo que se vive en automático, o que sea cuestión de suerte; requiere tener un espíritu humilde, disculparnos cuando ofendemos y estar dispuestos a enfrentar las crisis.
De esta forma, el matrimonio no significa ausencia de problemas, diferencias, desilusiones o un estado de perfección o de alegría constante. El encuentro sincero entre dos personas diferentes es posible cuando los dos miembros se comprometen a construir un lugar en común, a pesar de las diferencias y disconformidades.
Entonces, lo primero que debemos tener claro es ¿qué significa estar bien y qué significa estar mal en el matrimonio?

¿Cómo sé que vamos mal en el matrimonio?
Vamos mal cuando…

  • El temor y el irrespeto están presentes en la relación
  • Las familias de origen gobiernan a la distancia nuestro matrimonio
  • Impongo mi criterio
  • Soy totalmente dependiente de la otra persona
  • He perdido mi propia identidad
  • Hay falta de gratitud
  • Idealizo a mi pareja
  • Hay infidelidad
  • Los celos dominan
  • Prevalecen la agresión, los gritos y los insultos
  • Hay falta de perdón

Si reconocemos que existen este tipo de dificultades en el matrimonio, debemos atenderlo inmediatamente con humildad, sinceridad y con el consejo sabio de personas que pueden darnos una mano. De esta forma, no dejamos que las pequeñas cosas dañen la seguridad y la tranquilidad que nos ha costado construir a lo largo de los años.
Si estamos pasando una crisis, busquemos ayuda lo más pronto posible; siempre estamos a tiempo de recuperar lo que hemos perdido. Es posible aprender a construir un matrimonio en donde ambos nos sepamos libres, respetados, animados, aceptados, valorados y amados.

¿Cómo sé que vamos bien en el matrimonio?

  • Nos aceptamos tal cual somos.
  • Vivimos un proceso de crecimiento constante.
  • Respetamos la individualidad de cada uno. Esto implica mantener un equilibrio entre la unión y la originalidad.
  • Nos sabemos amados y valorados. 
  • Hemos aprendido a resolver nuestras diferencias y a comunicarnos con respeto y consideración.
  • Nos amamos sin depender.
  • Somos capaces de realizar proyectos juntos.
  • Somos amigos. Una amistad que se inspira y se desarrolla a partir de la confianza, del tiempo compartido y del deseo sincero de estar juntos.
  • Estamos alcanzando realización familiar y personal.
  • No le temo, ni me teme.
  • Hemos aprendido a administrar las finanzas.
  • Tomamos las decisiones en consenso.
  • Nos sentimos libres de expresar lo que pensamos.
  • Hemos logrado la independencia de nuestras familias de origen.
  • Hemos aprendido a fundamentar el matrimonio en la convicción del compromiso más que en un sentimiento. Estamos juntos en las buenas y en las malas, en salud o en enfermedad, en riqueza o en pobreza.

El matrimonio va bien cuando hemos pasado de la idealización a la aceptación.Amar es aceptar a la otra persona tal cual es, admirar, agradecer, resolver nuestras diferencias y disculpar los errores. Es el arte de cuidar los detalles, y nunca dejar de ser los novios que un día fuimos. Amar es una decisión que se sostiene en el tiempo, un romance que se cultiva con caricias, halagos y afecto.

El Matrimonio es un proceso de aprendizaje constante, la habilidad de crecer juntos mientras nos respetamos y admiramos.
Construir «un hogar para nosotros», implica que dos personas, con pasados diferentes y costumbres propias, se unen para construir una historia en común, fundamentados en la aceptación, adaptación, valoración, afecto, metas compartidas, y tolerancia.
«Ya no son dos extraños el uno para el otro, son dos sujetos que se imponen a sí mismos encontrar un lugar común para que el obstáculo que cada quien es para el otro, los obligue a construir algo nuevo» (Berenstein, 2001). 

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