En el mundo de hoy, pareciera que el tiempo transcurre más rápido, que el ritmo de vida es muy acelerado, que casi no alcanza para sacar adelante todos los propósitos, tareas y actividades, que la fatiga con la que se concluye cada jornada no permite disponer de tiempo ni ánimo para casi ninguna otra cosa.

Es un mundo que camina de manera muy apresurada, que, en su dinámica vertiginosa, altera las prioridades, confunde los pensamientos, agota a las personas, absorbe y manipula los comportamientos, y hace que en las familias los miembros se alejen y se ausenten.

Por eso es que, en medio de este caótico panorama del mundo actual, es necesario volver a tomar el control de nuestras vidas, desacelerar un poco, redefinir prioridades y dirigir la mirada a la familia.
El tiempo en familia es importante porque es quizás uno de los aspectos que más se sacrifica y afecta en los tiempos modernos. Muchas personas “viven para trabajar”, olvidando que de lo que se trata es de “trabajar para vivir”.  Es doloroso observar que los padres y madres casi no pasan tiempo con sus hijos y que los esposos se van convirtiendo paulatinamente en unos extraños.

El tiempo en familia debe ser abundante en cantidad y calidad.  Muchas veces se dice que, aunque sea poco, lo bueno es que sea un tiempo de calidad. Esta afirmación es válida parcialmente. El tiempo en familia debe ser de calidad siempre, pero, además, debe procurarse que, en la medida de las posibilidades sea un tiempo suficiente y, preferiblemente, prolífico. 

Pasar tiempo  juntos es algo que las familias deben procurar si desean mantener convivencias fuertes y saludables. Debe ser un objetivo y una prioridad personal y familiar.

En lo cotidiano, disfrutar tiempo en familia significa aprovechar los escasos momentos del día para comunicarnos, informarnos y obtener relativa proximidad. Es tomar el tiempo del desayuno, del almuerzo o de la cena -cuando sea posible- para encontrarse y compartir. Es poder planear algunas de las actividades o diligencias cotidianas para hacerlas juntos, procurar coincidir, y disfrutar de esos momentos.

Durante los fines de semana, días festivos o vacaciones, se debe pasar y disfrutar tiempo en familia. Estas son invaluables oportunidades para acercarse, para soñar juntos, para enterarse de inquietudes y preocupaciones, para resolver asuntos pendientes, para construir recuerdos familiares imborrables.

Las familias actuales deben tener cuidado con los distractores tecnológicos, porque en realidad el tiempo compartido puede estar amenazado por el uso y abuso por parte de los miembros del hogar de sus teléfonos celulares, computadoras o tabletas. Es decir, podrían planear unas vacaciones en familia, pero éstas estar afectadas por la incomunicación familiar que se produce cuando cada miembro está concentrado en sus dispositivos tecnológicos personales. 

El tiempo en familia hay que aprender a disfrutarlo. Organizar actividades al aire libre, paseos, juegos, comidas en el campo, jornadas recreativas y deportivas, visitando lugares hermosos, caminatas, bibliotecas, museos y espacios de interés cultural.

Ese tiempo en familia debe de planearse juntos, donde todos los miembros del hogar participen, para que sea disfrutado por todos, y no solo por unos. Todos deben expresar su opinión, sus intereses y sentir que sus puntos de vista fueron importantes en la decisión.

No es fácil pasar mucho tiempo en familia en la sociedad que nos toca vivir actualmente. Pareciera que la vida laboral, la dinámica social, la cultura centrada en el tener y en el hacer – en lugar del ser-, atentan contra quienes desean hacer prevalecer los adecuados equilibrios y colocar a la familia en el lugar de privilegio que le corresponde.

No obstante, cada familia debe hacer los ajustes necesarios que les permita conseguir un balance entre sus vidas de trabajo y sus vidas de familia. El tiempo invertido en familia evita deterioros y distancias. Es fundamental en el proceso de consolidación de la vida conyugal y en el cuidado, crianza y educación de los hijos.

El tiempo compartido en familia es clave para el logro de hogares más fuertes, sólidos, saludables y con mayores niveles de bienestar, disfrute y felicidad.

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