El poder de una visión

Una visión es una forma de imaginar activamente la meta a lograr. Es fijar la mirada en el horizonte y saludar a lo lejos el lugar al que queremos llegar. Tiene el efecto de casi sentir la emoción de la meta conquistada. Una visión es un preestreno de la película. Un adelanto de lo que deseamos alcanzar, esto nutre de fuerza el viaje y mantiene enfocado todo nuestro potencial.

La visión nos mantiene enfocados. No podemos ir detrás de lo que inspira a los demás, porque correríamos en muchas direcciones, pero cuando nos dejamos atrapar por nuestra propia visión, nos determina un camino y acrecienta nuestra productividad.

No hay acción si no hay visión de futuro. Toda visión que se abraza como propia produce pasión; la pasión de llegar, de construir, de descubrir y de alcanzar algo nuevo.

El sueño nos mueve a la acción, nos despierta en la noche emocionados y dispuestos a trabajar hasta el cansancio para ir más allá de lo ordinario. Imaginar constantemente lo que anhelamos alcanzar es la principal fuente de motivación para ponernos en marcha.

Si el sueño que tenemos es débil, en el primer obstáculo lo vamos a abandonar. Pero si la visión que nos inspira es fuerte, los obstáculos se convierten en desafíos por vencer y oportunidades para aprender.
Quien no está ilusionado con una visión, simplemente está perdiendo el tiempo, o bien, está aburrido. Nacimos para vivir la vida apasionadamente, con intensidad y con fuerza. No nos permitamos menos que esto.

Si todavía no encontramos una pasión que nos inspire, unámonos a una causa más grande. No todos debemos tener una visión personal, pero sí debemos tener una visión que nos apasione aunque sea compartida.

¿En qué somos buenos? ¿Qué es importante para nosotros? ¿Qué nos inspira? ¿Qué nos hace llorar de emoción? ¿Qué legado nos gustaría dejar a la humanidad? Invirtamos nuestro tiempo en lo que nos apasiona y dejemos que los demás hagan su parte.
No podemos limitarnos a las oportunidades que hoy vemos, debemos encontrar un punto de motivación que nos inspire, un sueño que nos apasione. No desesperemos, simplemente, convirtamos en una aventura todo lo que hacemos.

Ir por las metas

La principal conquista para alcanzar el éxito es conquistarse a uno mismo y esto requiere entrenar la mente y las emociones. Requerimos estar mentalizados para avanzar, ordenar nuestras emociones y mantenernos caminando a pesar de las circunstancias.

Pero además, no basta con tener ideas geniales; muchos las tienen. Las personas de éxito ejecutan lo que se ha convertido en un sueño a conquistar. Todo inicia con una idea, pero se requiere perseverancia para materializarlas. No basta solo con desear, se necesita movimiento para llegar; no basta solo con correr, se requiere un plan a seguir, evaluaciones en el camino y replantear la acción para vivir una mejora continua.

Las personas exitosas hacen que ocurran las cosas. No pierden tiempo ni recursos, van detrás de lo que los inspira. Las personas pasivas posponen, se excusan, culpan a los demás, esperan que todo esté en su lugar para comenzar a actuar. El miedo los vence. Pero el éxito hay que salir a buscarlo, y nadie dijo que sería fácil.
Por ello, la visión debe ser acompañada por un plan que guíe el trayecto. Anticipar todo lo que se pueda y planear si tenemos lo necesario para el camino. No llegamos solo con entusiasmo, requerimos avanzar siguiendo un plan.

Una meta es un sueño con una fecha concreta para convertirse en realidad. Tomemos tiempo para definir nuestras metas. Hagamos preguntas que nos dirijan por el rumbo correcto. ¿Qué deseamos lograr? ¿Qué necesitamos para lograrlo? ¿Qué ajustes debemos hacer para avanzar en la dirección que decidimos seguir? ¿Para cuándo, y cuánto tiempo nos tomará? ¿A quiénes nos gustaría invitar a esta aventura? ¿Qué nos emociona? ¿Si tuviéramos todo el dinero del mundo, en qué lo invertiríamos? ¿Estamos dispuestos a pagar el precio por alcanzar nuestras metas?

Las metas dan dirección a nuestra vida y nos ayudan a enfocar todo nuestro potencial, sin estar a merced de alguien más. No necesariamente seremos comprendidos; algunas persona pensarán que los hemos abandonado porque no los acompañamos en todo lo que ellos propusieron, pero con el tiempo, ellos se sentirán orgullosos de lo que habremos alcanzado, porque el éxito inspira a los que están a nuestro alrededor.

Enfocando todo el potencial

Algo que drena nuestras fuerzas es hacer mucho y no hacer nada. Por eso, debemos enfocarnos, es decir, canalizar toda nuestra inteligencia y energía en una sola dirección.
¿Qué nos desenfoca? La culpa, el no tener un destino claro y la falta de determinación. Mantenerse enfocado es elegir un camino entre varias alternativas.

Las personas enfocadas llegan lejos y alcanzan mayor realización. Las que no, se aburren frecuentemente y no se sienten felices porque les falta un propósito y un sentido de vida. Sin un propósito que nos inspire, pueden suceder dos cosas: simplemente llenamos nuestra vida de actividades manteniéndonos ocupados, pero sin rumbo, es decir, cualquier lugar será nuestro destino; o perdemos el tiempo viendo televisión, vagando, navegando por Internet o tomando demasiado tiempo para hacer las cosas.

Mantenernos enfocados y con propósito evita que perdamos el tiempo en cosas periféricas; en su lugar, invertimos todo nuestro potencial con un sentido de trascendencia y tomamos la determinación de no rendirnos y permanecer caminando en medio de las circunstancias. Recuerde, el enemigo a vencer es el deseo de abandonar.

Nunca sabremos de qué madera estamos hechos hasta que no nos demos la oportunidad de conquistar lo que nos apasiona. Nunca sabremos lo que tiene el destino si no vamos tras la conquista del desafío que nos inspira.

Todos tenemos una habilidad que nos identifica, una inteligencia que nos caracteriza, un talento que es tan dominante que, al ejercerlo, todo parece simple y lo realizamos casi sin esfuerzo. Quien descubre su inteligencia dominante, brilla y quien se enfoca en desarrollar sus fortalezas descubre el camino a la excelencia.

Caleb: Un Ejemplo de Perseverancia

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