(Adaptación del libro “Cree en Ti”)
Cuando se ve al espejo, ¿qué cosas ve de sí mismo?, ¿le gusta lo que ve? ¿Sabía que lo que cree de sí mismo determina cómo se relaciona con usted, con los otros y con Dios?
La autoimagen es la habilidad de percibirnos, y la forma en la que nos vemos y pensamos de nosotros mismos. Si usted se mira en un espejo cóncavo va a observar un reflejo de su imagen. Si se mira en un espejo convexo, va a observar otro reflejo de su imagen. Si se mira en un espejo plano, tendrá otro reflejo de su imagen. Si se mira en un espejo malo, de mala calidad, tiene una imagen distorsionada. Si se mira en un espejo de una extraordinaria calidad, bien hecho, tiene una imagen nítida, casi perfecta.
Nuestra autoimagen se va formando mientras crecemos en nuestra interacción con la familia y con el medio que nos rodea. Los estándares de belleza, la dinámica familiar y los requisitos sociales marcan nuestra autoimagen para bien o para mal. Todo lo que obtengamos de estos tres espejos envía mensajes a nuestro subconsciente, y esto va construyendo la autoimagen que tenemos de nosotros mismos. Sin embargo, como los espejos, algunas percepciones que tenemos de nosotros mismos pueden estar distorsionadas.
¿Por qué es importante tener una imagen saludable?
Nadie puede relacionarse con sabiduría con los demás, estar bien con su familia y cumplir con éxito su propósito de vida, si no tiene una buena relación consigo mismo.
La capacidad que tenemos de relacionarnos con nuestro propósito y con los demás, es la capacidad que hemos desarrollado de relacionarnos con nosotros mismos y con Dios.
“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente”—le respondió Jesús—. Este es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a este: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. (Mateo 22:37-39, NVI)
1. La forma en la que me veo define mi propósito
Dios nos diseñó en su mente, con características únicas y con un propósito en la vida. Cuando nuestra autoimagen no está sana, no podemos creer en nosotros mismos como Dios cree: Él nos ve como un reflejo de su imagen (Géneses 1:26), él nos ve como los responsables de administrar la creación. (Génesis 1:27-28)
2. La forma en la que me veo define cómo me relaciono con otros
Quien no es capaz de aceptarse, amarse y admirarse como corresponde, no será capaz de aceptar, amar y admirar a otros. “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Es decir, mis ojos tienen que estar sanos para ver a los otros con una mirada saludable. Tenemos que entender que la forma en la que nos veamos será el espejo en donde se mirarán las demás personas. Dependiendo de esto, solo criticaremos a otros, o afirmaremos sus cualidades positivas.
Somos el espejo en el que se observarán nuestros hijos. Por lo tanto, mi misión como padre, es realizarme, no solamente por mí, sino por nuestros hijos, la comunidad, y el país que nos ha visto nacer. Si soy una persona llena de complejos y de miedos, difícilmente haré brillar a mis hijos. El viaje a la realización, a descubrir la imagen correcta de quién soy, no me lleva solamente a mi autorealización, sino que es la plataforma para que mi familia alcance un mejor nivel de vida.
3. La forma en la que me veo define cómo enfrento la adversidad
Si vemos venir las dificultades de la vida, y no reconocemos nuestras habilidades y capacidad para enfrentarlas, seremos derrotados por el estrés, la ansiedad y la incertidumbre. Si pensamos que somos capaces, sacaremos motivación interna para afrontar las cosas. Si sentimos que somos incapaces e inservibles, muchas veces ni si quiera lo vamos a intentar. El esfuerzo que pongamos a la hora de superar las pruebas de la vida, lo determinará la autoimagen que tenemos.
No permita que un corazón enfermo dañe su autoimagen y le robe el privilegio de ser feliz.No podemos afrentar las luchas externas si primero no vencemos los gigantes que nos dominan por dentro. Somos parte de una familia y de una sociedad que espera de nosotros una contribución positiva en la construcción de su historia. Es tiempo de comenzar a cambiar nuestras creencias, a desaprender lo que nos limita y definir lo que somos en función de la esperanza, el buen ánimo, la fe, y la confianza en Dios.
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