Sanando la sociedad desde casa

Las personas se han acostumbrado tanto a vivir en familia que les resulta muy difícil imaginar una sociedad en donde la mayoría viva sin constituir parte de una estructura familiar. 

 

En efecto, una sociedad sin familias sería como una aglomeración de individuos luchando cada cual por sus intereses personales, una sociedad egoísta e individualista, sin esperanza ni solidaridad. 


Porque la familia ha existido desde siempre posibilitando la vida, el crecimiento y desarrollo de las personas en entornos estables y seguros, cobijados por el abrazo amoroso y la aspiración general de construir  vínculos sólidos y permanentes entre los miembros del hogar.


Es cierto que la realidad actual en muchos hogares es difícil, que existen problemáticas complejas que agobian a los miembros que conforman las familias. Es cierto también que han aumentado los conflictos entre los cónyuges, las disoluciones matrimoniales y la violencia intrafamiliar.  Es verdad que las relaciones entre padres e hijos están caracterizadas en algunos casos  por la distancia, el desapego y hasta el irrespeto. Pero es precisamente esta realidad la que está haciendo que en la sociedad ocurran cada vez con mayor frecuencia  situaciones de violencia, poca solidaridad e irrespeto entre las personas.


Muchas de las situaciones de crisis y de los padecimientos sociales que experimenta una nación, son derivados en mucho por las afectaciones que ocurren en las convivencias familiares. La baja en las tasas de natalidad, por ejemplo, que trae consigo una serie de problemas en materia económica, social  y demográfica es una consecuencia de los cambios que han sucedido en las estructuras y dinámicas familiares. 

De igual forma, muchos de los problemas sociales que se expresan a partir del aumento en el consumo de alcohol, tabaco y otras drogas en la población menor de edad, la deserción y exclusión del sistema formal de educación por parte de los adolescentes, el crecimiento del bullying y otras formas de violencia, están íntimamente relacionados con el grado de desintegración y disfuncionalidad familiar prevalecientes. 


La sociedad occidental actual se caracteriza por ser más abierta a algunas posturas ideológicas y  manifestaciones del relativismo posmoderno. Los referentes de autoridad han entrado en crisis y se cuestionan constantemente, la enseñanza de los valores ha dejado de ser una prioridad y se tienden a debilitar los marcos que otrora brindaban estabilidad, certeza, confianza y seguridad en las personas, especialmente en los niños y adolescentes.


Una sociedad así es una sociedad sin esperanza, construida bajo el temor, lo impredecible y la desconfianza. Una sociedad así, debe estar dedicada a curar padecimientos sociales, a mitigar los efectos de los problemas que se derivan de los divorcios, la reducción de la natalidad, el envejecimiento de la  población, el crecimiento de la violencia doméstica, de la ausencia del referente materno o paterno en la crianza de los hijos, de la desatención familiar en el cuidado de los menores, entre otros. 

 

Una sociedad de este tipo, donde ha dejado que las estructuras y dinámicas familiares se debiliten sistemáticamente, debe enfrentar las crisis económicas y sociales, con personas individualistas, desprovistas de valores como la solidaridad, el amor al prójimo, el respeto, la responsabilidad y el compromiso. 


Pero como en la mayoría de las sociedades las familias débiles, disfuncionales y disueltas son, dichosamente, menos que las familias que se esfuerzan por hacer bien las cosas, mantener matrimonios y convivencias fuertes, estables y permanentes, cuidar, criar y educar a hijos con responsabilidad y abnegación, así como enfrentar las adversidades financieras, de salud, trabajo y relacionales con amor, voluntad y compromiso, hay esperanza en un porvenir más promisorio.


Las familias, con solo el hecho de existir, le proporcionan a la sociedad un aporte insustituible, impagable e indispensable para su desarrollo.  No obstante, entre más fuertes, sólidas, estables, saludables y funcionales estén constituidas las familias y se desarrollen sus vinculaciones y dinámicas, así será mayor el bienestar para sus miembros y para la sociedad misma.


Una familia fundamentada en matrimonios que consoliden   relaciones de amor y compromiso, que se esfuercen con auténtica voluntad en comprenderse, admirarse, respetarse y agradarse el uno al otro, en mantener su unión con base en la paciencia, la tolerancia y el perdón.


Una familia que sea cuna del  amor pleno y trascendente, donde con ilusión y pasión brote la vida. Una familia donde se asume con responsabilidad y dedicación la  función natural de cuidado, crianza y educación de los hijos, donde se les enseñe los valores, hábitos y normas básicas de comportamiento. 


Una familia donde prevalezca el diálogo constante, la armonía y los acuerdos entre los miembros que la conforman. Es desde el hogar donde se aprende a vivir bajo un concepto de respeto y de amor, erradicando la violencia de todo tipo y consolidando una cultura de paz integral.


Las sociedades se sanan y se edifican a partir de familias fuertes, saludables, robustas y sostenibles. El bienestar de los miembros del hogar debe estar estrechamente vinculado con el bien común de la sociedad. Raúl Sánchez, experto español en políticas familiares señalaba que la mejor ONG en el ámbito social es la familia, porque construyendo familias saludables y fuertes se previene múltiples padecimientos futuros a nivel de la sociedad.

 

Definitivamente, el futuro de la sociedad es promisorio, mientras existan personas que aspiren a conformar buenas familias, mientras existan familias que se esfuerzan por hacer bien las cosas, por construir relaciones matrimoniales fundamentadas en el amor permanente, que asuman el cuidado, la crianza  y la educación de sus hijos con un adecuado principio de corresponsabilidad familiar, y que incorporen en sus dinámicas el diálogo, la participación y la inclusión de las personas mayores en las actividades y decisiones del hogar. 


Entre más personas y familias se incorporen a este proceso, mayor bienestar habrá en la sociedad.

 

 

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* Jesús Rosales Valladares estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Costa Rica. Además se ha desarrollado como consejero familiar e investigador social en temas de políticas públicas y familia por más de treinta años.

 

 

 

 

 

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