Ser padre es más que proveer económicamente en el hogar, es acompañar en el crecimiento emocional, intelectual, ético y moral de los hijos. Es proveer soporte, afirmar, instruir y corregir. Es compartir con ellos un modelo de familia que provea la esperanza y la seguridad necesaria para crecer.

En el pasado, la ausencia del papá se excusaba en el trabajo que debía realizar fuera de casa, pero lo cierto es que ahora en muchos casos ambos padres trabajan fuera del hogar. Por esta razón, más que nunca, ambos padres deben complementarse y estar muy presentes en la vida de los hijos, para ayudar en su educación y formación.

No basta con ser proveedor. Se tiene la creencia de que comprando todo lo que necesitan y piden los hijos, uno se convierte en un padre o madre responsable y bueno. Pero, realmente, no basta con enviar a los hijos a colegios de renombre, comprarles ropa de marca o proveerles los últimos modelos de celulares, si estamos ausentes en su crecimiento y el desarrollo de su personalidad.

Los padres presentes son quienes transmiten las reglas de conducta en el hogar y fundamentan la construcción de un código ético que trae más seguridad a la dinámica familiar. Es lo que les indica qué pueden hacer y qué no y les provee los límites necesarios para que crezcan en un ambiente estable.

Son los progenitores, los que ayudan a sus hijos construir su proyecto de vida, enseñándoles a tener sueños que les hagan trascender. Es en casa donde se inspira la ilusión por la vida y se desarrolla el deseo de alcanzar metas propias.

Además, es en casa donde se aprenden los valores de la honestidad, el esfuerzo personal, el trabajo y la solidaridad con los que más necesitan, y adquieren identificación con su comunidad.También, los padres son los que proveen la enseñanza necesaria para vivir la etapa del enamoramiento, al enseñarles un modelo para establecer relaciones sanas de pareja, así como a tener cuidado en el campo de la sexualidad, transmitiendo el sentido de responsabilidad para proyectar sus vidas en el tiempo y no en la satisfacción de los deseos temporales.

La sólida presencia de los progenitores en la vida de los niños aporta todo lo necesario para que estos puedan crecer sintiéndose confiados y con las herramientas necesarias para enfrentar la vida por ellos mismos en el futuro.

¿Cuáles son algunas de las características de los padres presentes?

Toman tiempo para compartir y relacionarse con sus hijos: comen en familia, hacen la tarea con hijos, les ayudan en sus asignaciones familiares y les llevan a actividades artísticas y deportivas. Desean invertir más tiempo de calidad en la vida de la familia, por eso tienen tradiciones con sus hijos.

Protegen y supervisan a sus hijos: revisan lo que ven en sus computadoras, instalan filtros y supervisan con quién chatean cuando son pequeños. También están atentos a los programas de televisión que ven y a bloquear los canales dañinos. Están atentos a las visitas al doctor, al dentista, al oculista y se preocupan porque sus retoños se alimenten saludablemente. Además, están conscientes cuando sus hijos experimentan acoso, agresión o discriminación en el centro educativo, y se preocupan cuando estos son amonestados, están teniendo un bajo rendimiento académico o una conducta inapropiada.

Se involucran en la vida social de sus hijos: preguntan a dónde van, con quién van, a qué horas regresan, quién estará en la casa de sus amigos y qué tipo de actividades harán. Ellos saben quiénes son los amigos de sus hijos y se interesan por acercarse más a ellos.

Proveen límites, disciplina y autoridad. Un padre y madre buenos no necesariamente otorgan todo lo que sus hijos desean, porque saben que esto puede ser perjudicial. Al contrario, saben manejar las responsabilidades de todos en el hogar y proveen los límites. Ellos saben que la falta de autoridad y la permisividad traen como consecuencias crisis de identidad y conductas de riesgos en los niños y jóvenes.
Dan seguridad a la hora de enfrentar las críticas y las burlas. Los padres y las madres son los compensadores necesarios para que su descendencia crezca con la seguridad necesaria a la hora de enfrentar las críticas, la burla, el menosprecio, el rechazo o la presión social que muchas veces se enfrenta en los centros educativos, o bien, en la convivencia con los amigos.

Se preocupan por dar un consejo sabio. Es en casa donde los niños llegan a llorar la situación experimentada y tienen la confianza de expresar lo que viven, pero sobre todo, reciben el consejo sabio que les permite saber qué hacer la próxima vez. Es esta seguridad la que brinda la presencia de un padre y una madre, y es esta convivencia la que les permite desarrollar la seguridad necesaria para enfrentar a la sociedad con asertividad y confianza.

Todo niño tiene el derecho a tener un padre y una madre que lo acepte, lo ame, lo cuide y lo eduque. Esa es la necesidad de todo ser humano, porque le brinda seguridad y sentido de pertenencia. Es una función de la naturaleza que nos reproduzcamos en un modelo de familia sostenible en el tiempo, donde mantengamos viva la ilusión de procrear, cuidar, educar y estimular a la preservación de la raza humana. Esto si queremos sobrevivir y tener relevo generacional.

Los progenitores presentes no son perfectos; se les escapan las cosas y cometen errores; pero no se trata de perfección, se trata de la presencia amorosa y continua, la cual cubre los errores, pues no hay mala intención en ellos, solo quizá un descuido involuntario.

Características de hijos con padres presentes.

  • Al crecer en un ambiente de aceptación, amor y respeto, crecen seguros de sí mismos, por lo que saldrán triunfantes de los obstáculos de la vida con mayor asertividad.
  • Suelen tener buen rendimiento académico.
  • Crecen con mayor motivación
  • Desarrollan un mejor plan de vida.
  • Se involucran en actividades que les llevan a realizarse.
  • Crecen con valores que no solo los ayudan a desarrollarse como personas, sino que también lo hacen solidarios con los demás.
Firma Sixto Porras

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