¡Hace ya diez años que me hice esta pregunta! Mi respuesta, en ese momento fue sencilla “porque es algo que anhelo con todo mi corazón y para lo que ya me siento preparada”. Lo que no fue sencillo para mí en ese momento, a mis 27 años, en el que a nivel profesional me sentía cada vez más satisfecha y realizada, fue pensar cómo podía equilibrar mi energía personal con el deseo de traer una nueva vida al mundo. Hoy, después de algunos años, al mirar atrás puedo reconocer con alegría que el momento en que tomamos ese paso, fue el momento indicado en nuestras vidas.

En la actualidad, las mujeres nos encontramos ante esta disyuntiva en diferentes etapas de nuestras vidas. Tenemos planes y deseos a nivel personal y profesional que, muchas veces, no hacen visualizar la crianza de hijos con gran temor o ansiedad. Reflexionamos y sopesamos con prudencia nuestras capacidades, las posibilidades y los recursos con los que contamos, los pros y contras de criar una familia en el mundo actual y cómo esto afectará el equilibrio de nuestro tiempo, responsabilidades y actividades personales, entre otras cosas. Sin embargo, a pesar de todo esto, y por muchas y muy distintas razones decidimos “arriesgarnos” y nos enfocamos, con diferentes grados de intensidad, en lograr aquello que hemos reconocido que queremos para nuestra vida.

No podemos dejar de lado que, en el deseo de ser mamá, median también factores biológicos, sociales, culturales y emocionales y que, aunque la mujer moderna trata cada vez más de reflexionar sobre esta decisión alejándose de la presión que podrían generar estos factores adicionales, estos inclinan en gran medida la balanza a la hora de tomar esta decisión.

Si desea saber más sobre el tema lea: La belleza de la maternidad 

A través de mi experiencia, he llegado a entender que pasos importantes en la vida, como el ser madre, deben tener un espacio de reflexión y deben estar acompañados de razones claras. Cuando tenemos claridad en lo que queremos y por qué lo queremos, tenemos la capacidad de enfrentar circunstancias entendiendo de forma precisa cuál es el objetivo que deseamos lograr y qué es lo que nos impulsa a seguir adelante, a dar siempre lo mejor con el fin de alcanzar lo que nos hemos propuesto. No obstante, también es importante recordar que, por más pensamiento y reflexión, estos pasos importantes siempre están acompañados de un porcentaje de riesgo o incertidumbre. Este es el momento en el que la fe es probada y en el cual, debemos de reconocer que no tenemos control absoluto y debemos confiar en Él que todo lo puede.    

Razones de por qué ejercer este rolEn medio de una sociedad que exalta el éxito académico y laboral por encima del familiar, las mujeres que decidimos ejercer este rol tenemos razones claras y bien definidas del porqué queremos que esto se convierta en una realidad en nuestra vida. Estas razones dependen, en buena parte, de la experiencia de vida de cada mujer y se convierten, en la mayoría de los casos, en el objetivo que marca la forma en que cada una enfrentamos la maternidad.

Quisiera compartir algunas de estas razones, acompañada del pensamiento de otras madres que en los últimos cinco años han dado este gran paso, que un día se preguntaron ¿Por qué quiero ser mamá? Mujeres que tomaron esta decisión a pesar de las presiones, que, disfrutando grandemente su profesión y sus logros personales, en medio de todo, se detuvieron y se aventuraron en esta maravillosa experiencia. Madres biológicas y del corazón, que con claridad y determinación saben por qué han decidido compartir su vida e invertir tiempo y esfuerzo en alguien más.      

Porque es un deseo del corazón“Decidí ser mama porque respondía al deseo de mi corazón, en un momento determinado pude entender que el ser madre le daría plenitud a mi vida y definitivamente Dios todo lo ha hecho bien. ¡Así es! Mi hijo me llena y también a nuestro matrimonio.” María José. Docente de educación Especial, mamá a los 28 años.

Porque puedo experimentar un amor sin comparación“Decidí ser madre para experimentar el amor más puro y sublime de todos. Es el amor para toda la vida, el que se da sin dudar, totalmente desinteresado, el que acompaña por siempre. Nos transforma en los seres más felices y completos.Las mujeres hemos sido bendecidas por el Señor. Ser madre es el mejor y más maravilloso regalo que pude recibir.” Natalia, Docente, mamá a los 33 años.

Porque puedo dejar un legado sobre la tierra“Ser mamá es una elección llena de amor, ha sido mi sueño desde hace muchos años. Decidí ser mamá porque mis hijos serán el mejor legado que puedo dejar sobre la Tierra. Mis hijos vendrán a demostrar el amor de Jesús aquí.  Sueño con darles muchísimo amor, pero también con educarlos para que sean personas de bien. Ser mamá es un privilegio muy grande que no todas pueden tener.” Rocio, Administradora de empresas, mamá (embarazada) a los 26 años.

Porque puedo trascender“Decidí ser mamá porque para mí es la forma más hermosa y perfecta de trascender a través del amor, siendo responsable de modelar ese gran regalo, mis hijos, para convertirlos en personas de bien, que dejen igualmente una huella de amor a su paso.” Ileana, Neumóloga, mamá a los 33 años.
Porque nos hace mejores personas“Decidí ser mama porque no quería perderme lo maravilloso que es ver cómo el amor de Dios se transforma en besos, risas y retos. Es ver como la trasmisión de vida con vida puede hacer de mí una mejor persona y de mis hijos el hombre y la mujer que Dios pensó de ellos.” Magaly, Orientadora Educativa, mamá a los 38 años.

Existen más razones para ser mamá que se descubren y aclaran cuando una se convierte en madre. En ese momento cuando una se da cuenta que, a pesar de lo extenuante que muchas veces pueda parecer, no cambiaría por nada del mundo esta maravillosa experiencia. Las satisfacciones, los momentos llenos de ternura, los logros, cada etapa, el amor que recibimos, la plenitud que experimentamos, lo muchos “te amo”, los abrazos, los besos babosos o llenos de comida y, mil cosas más son, por mucho, lo máximo en nuestra vida y, en este camino, se descubre que difícilmente se compara con cualquier otra cosa, la sensación de que alguien te llame “Mamá”.

Un Legado Que Deja Huella

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