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Tesoros Familiares: Lo que tomamos prestado de quienes amamos

Abuelo tomando a su nieto en brazos y alzandolo mientras el niño rie

En mi juventud, muchas mujeres fueron mis mentoras a través de los dones y los talentos que Dios les había dado. Y ahora, yo siento que mi llamado es transmitir estas fortalezas a las futuras novias en todas partes. Después de todo, para tomar prestado algo, ¡alguien tiene que estar dispuesto a compartirlo!


“Algo viejo, algo nuevo, algo prestado, algo azul y unas monedas en el zapato”. En este viejo refrán inglés escrito para la prosperidad de las parejas recién casadas, “algo prestado” simboliza la felicidad prestada. 

¿Cuál sería ese matrimonio o familia a quienes usted admira? ¿Quién le ha transmitido tradiciones divertidas? En mi juventud, muchas mujeres fueron mis mentoras a través de los dones y los talentos que Dios les había dado. Y ahora, yo siento que mi llamado es transmitir estas fortalezas a las futuras novias en todas partes. Después de todo, para poder tomar prestado algo, ¡alguien tiene que estar dispuesto a compartirlo!

Las siguientes cosas son tesoros familiares que he tomado prestados y aplicado a mi matrimonio a través de los años. Ojalá ellos le animen a hacer lo mismo.

Tesoro familiar: el don de la crianza

Mi abuela paterna, Grace Aline, era alta, esbelta y siempre llevaba puesto un delantal. Ella tenía una risa tímida que decía que podía tolerar un poco de bromas juguetonas. Le llamábamos Nana, incluso los adultos.

Ella era bondadosa y generosa, y ponía mucha atención a los detalles. Su característica especial era tener en cuenta cuáles eran las preferencias de comida de cada uno de nosotros. No sé cómo lo lograba en una familia tan numerosa como la nuestra, pero todavía puedo recordarla exclamar mientras se servía la comida: “¡A Laura no le gusta eso!”.

Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que Nana siempre me hizo sentir que pertenecía a la familia. El cariño de Nana me hizo sentir conectada y especial, y ahora sobresale como uno de los tesoros familiares que pretendo transmitir. Ella se interesó mucho en mis gustos y disgustos, y eso significaba que yo era importante. 

Tesoro familiar: el don de reunir

La única hija de Nana y mi abuelo, era mi tía, a quien llamaban “Ouie” (que se pronuncia ou-i). Fue bautizada con ese nombre porque cuando era un niño, mi papá no podía pronunciar su verdadero nombre: Dolores. Como una maestra de segundo grado, tenía un don especial para cuidar a los niños. Pero lo que en verdad necesita saber acerca de Ouie y la cualidad de la que todos nos beneficiamos es esta: Ella era el pegamento de la familia.

Fue evidente para mí desde una edad temprana que, si nos reuníamos, era porque Ouie nos juntaba. Tanto su risa como su hogar eran cálidos y acogedores. Los domingos después de la iglesia, la sala de estar era una guarida alborotada y ruidosa para los hombres, llena de clamor por el fútbol de la tarde. Las mujeres usualmente se relajaban alrededor de la mesa del comedor después de la comida del mediodía. Nosotros los niños nos escabullíamos para construir fuertes y casas de muñecas de tres pisos, y así evitar los quehaceres de limpieza.

En ese entonces, daba por sentadas esas reuniones casuales y felices. Incluso después de que me casé y me mudé, pensar en casa significaba reunirnos donde Ouie y pertenecer a algo más grande. Cuando ella murió inesperadamente, sentí que algo se movía en lo profundo dentro de mí. ¿Quién llevaría sus tradiciones y tesoros familiares a la próxima generación?

Siempre he estado asombrada de la forma en que Ouie reunía a la gente con tanta facilidad, gracia y calidez. De hecho, quería crecer para ser como ella. Yo quería tener la certeza de que podría formar una familia que se sintiera amada y apreciada, una familia que anhelara volver a casa. Sobre todo, en su ausencia, yo deseaba que nuestras reuniones familiares continuaran con los lazos de unidad que ella había construido. Aunque nadie podría llenar sus zapatos, yo sentí que necesitaba honrar su memoria y al menos tratar de convertirme en aquella que reunía a nuestra familia.

Tesoro familiar: el don de la mayordomía

Mi madre, Diana, era una administradora sabia. Nosotros crecimos muy humildemente durante mi niñez, así que mi mamá necesitaba estirar el dinero para las compras del diario.

Después de mirar los anuncios y calcular sus cupones de descuentos, a menudo sabía el saldo de la cuenta, hasta el último centavo, antes de llegar a la tienda. Lo tenía que hacer. Las tarjetas de crédito no eran la norma y nosotros definitivamente no teníamos una. 

Recuerdo en particular uno de esos viajes que hicimos para las compras del diario. Después de que papá recibía su pago, visitamos Webb’s City cada dos semanas porque era la tienda menos cara de la ciudad. A mí me encomendaron la tarea de escoger diez paquetes de bebida en polvo de una gran variedad de sabores de frutas. Ese día, cuando llegamos a la caja, la cuenta total más grande de lo esperado.

A mamá no le alcanzaba el efectivo, estaba avergonzada, pero de alguna manera determinada. Ella sabía lo que tenía que hacer. Me miró con una expresión de decepción y luego asintió con la cabeza. Yo sabía que debía renunciar a la bebida en polvo meticulosamente seleccionada e, incluso, a las papas tostadas. 

Aunque estaba triste de ver a mi mamá avergonzada ese día, no me importó devolver nuestras golosinas. Estaba orgullosa de ella. Ella estaba viviendo dentro de sus posibilidades y enseñándonos a hacer lo mismo. Nos estaba cuidando y haciendo lo mejor que podía con lo que Dios le había dado. Aprendí bastante de esos viajes de compras para el diario: respeto por mi madre, y tal vez una comprensión más profunda de los sacrificios que ella estaba haciendo por nosotros.

Transmitiendo los tesoros familiares

Estas mujeres eran mi mundo. Ellas definieron nuestro clan a través de sus habilidades y dones únicos. Me abrazaron con su amor, bondad y conocimiento y, a cambio, yo los absorbí como una esponja. Extraño esos primeros años de reunirnos, pero me quedo con las lecciones que tomé prestadas de cada miembro de la familia: el amor de Nana por cocinar, el sentido de reunión de Ouie y el buen ojo de mi mamá en el presupuesto.                                             

Estas mujeres me arraigaron en una comprensión de lo que significa la familia, la comida, la crianza y la pertenencia. Ellas vivieron Tito 2:3-5. Ahora es su turno, ¿Qué tesoros familiares y lecciones ha “tomado prestados” de sus seres queridos?

miniatura un legado que deja huella

Un Legado Que Deja Huella

Usted fue llamado a dejar un legado que trascienda de generación en generación. Mire esta serie con Sixto Porras.

 

© 2022 Focus on the Family. Todos los derechos reservados. Utilizado con permiso. Publicado originalmente en inglés en focusonthefamily.com. Adaptado de “Our Newlywed Kitchen” un recurso de Focus on the Family publicado por Tyndale House Publishers. © 2018 Laura Schupp.

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