Existe en la actualidad una fuerte tendencia a hacer prevalecer los sentimientos en todo tipo de vinculaciones o relaciones entre las personas. Sobre todo cuando se trata de relaciones afectivas, el significado y vigencia de “lo que se siente” suele sobredimensionarse. Quienes así piensan (y son muchos) actúan sobre la base de esos sentimientos, toman decisiones privilegiando las emociones y, de esta manera, las vinculaciones tienden a ser efímeras y transitorias.

El entorno cultural que prevalece en la actualidad mueve a las personas a establecer relaciones sin mucho apego ni estabilidad, porque están fundamentadas en sentimientos y emociones muchas veces volátiles. No es de extrañar en consecuencia que las relaciones de pareja duren cada vez menos tiempo. Pareciera que la intolerancia y la impaciencia fueran la tónica que antecede muchas de las disoluciones o rupturas matrimoniales.

Hay un discurso que se suele escuchar en los distintos ámbitos: “lo importante es lo que se siente” y, entonces, cuando se “deja de sentir”, se acaba todo. Esta visión de la vida hace que cada vez se establezcan más relaciones con poca estabilidad, solidez y con casi nada de certidumbre.

Pero frente a esta postura predominante en la época postmoderna que nos ha tocado vivir, se eleva otra posición que se caracteriza por señalar la relevancia que tiene en las relaciones la decisión y la voluntad. Desde esta perspectiva, se habla de que el amor en la pareja está determinado por la decisión. Se sobredimensiona la voluntad, el permanecer a cualquier costo, porque lo que interesa es permanecer, mantener el vínculo, la integración, evitar a todo precio la disolución y la ruptura de la pareja. Existen un sobre énfasis en el compromiso y una tendencia a desvalorizar los sentimientos, asumiendo que estos son, en todo caso, pasajeros y fugases.

Por supuesto que quienes así piensan recurren mucho a dar por sentado que la relación permanecerá de todas maneras y, suelen ocuparse poco por mantener vivos y atendidos los sentimientos como corresponde.

Estas posturas anteriores muchas veces se encuentran confrontadas en las recomendaciones y en los consejos que se les brindan a las parejas que están pasando momentos difíciles. Es frecuente que se les diga que lo importante es el sentimientos o que lo importante es permanecer a pesar del sentimiento. Y es ahí donde está el problema, porque en realidad, el amor conyugal debe hacer prevalecer tanto el sentimiento como la voluntad. Cuando se habla de amor conyugal como decisión, debe entenderse este propósito de resguardar los sentimientos bajo un compromiso de cuidado, atención, de permanencia, de confianza y de estabilidad.

La sexóloga española María Álvarez de las Asturias, ha compartido su preocupación porque en la actualidad existen tendencias que consideran el amor como un mero sentimiento o como una simple expresión de voluntad. Señala esta experta que el amor conyugal es tanto sentimiento como voluntad. “Me comprometo a quererte, porque te he elegido”, firma la experta española.

Y es que el resultado cuando se entiende y se trabaja el amor conyugal desde esta perspectiva, es muy alentador. En efecto, cuando las parejas acuden a centros de orientación familiar y se les ayuda a abrir el panorama con relación al amor, suceden cambios muy favorables que conllevan a recuperar la voluntad y hacer resurgir los sentimientos en el matrimonio.

La decisión de amar a su cónyuge se convierte en un ejercicio cotidiano de voluntad que, a su vez, mantiene en un elevado nivel los sentimientos hacia su pareja.

Si los cónyuges dejan que las emociones ingresen al espacio de la costumbre, de la rutina y de lo predecible, por supuesto que esos sentimientos empezaran a descender en intensidad. Se podrá empezar a experimentar un debilitamiento de la ilusión, de la atracción, del interés y de la pasión.

Pero si la pareja mantiene su voluntad para que esos sentimientos se mantengan en un buen nivel, entonces la relación en el transcurso del tiempo experimentará un amor estable, sólido, maduro, comprometido, en donde se manifiesten tanto el sentimiento como la voluntad.

La mayoría de los especialistas en familia coinciden en que no hay tanto una crisis en los matrimonios o en la familias, la crisis existe más a nivel de las personas que han debido soportar una perspectiva cultural que hace prevalecer la satisfacción individual, el egoísmo, el sentimiento efímero y el descarte de casi todo, incluidos los noviazgos y matrimonios.

Cuando la persona comprende eso y se aboca al establecimiento de vínculos más comprometidos y estables, más sólidos y certeros, logran entender definitivamente que el amor en general, y el amor conyugal en especial, es una decisión que incluye sentimientos que se renuevan de manera permanente y voluntad que se ejerce con absoluto disfrute.

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