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Una Institución Feminista

Esposos viendose

¿Qué es lo que empodera a las mujeres más que cualquier otra cosa? La respuesta podría sorprenderle.

G. K Chesterton definió con precisión el feminismo como cualquier esfuerzo producido para evitar ser femenina en cualquier forma. Y tiene toda la razón en que todas las causas que las feministas radicales han defendido con respecto a la sexualidad y las relaciones familiares invitan a las mujeres a negar su feminidad en un esfuerzo por ser como los hombres. Estas causas son principalmente el aborto, la expresión sexual y la convivencia.

Y, sin embargo, una buena investigación muestra que curiosamente es la figura del matrimonio lo que más ha logrado, no solo nivelar las reglas de juego entre hombres y mujeres, sino también cambiar el equilibrio de poder a favor de las mujeres durante los últimos milenios.

Aborto

Las principales líderes feministas han proclamado literalmente que el aborto es un “sacramento”. El embarazo (una cualidad femenina poderosa, profunda y, obviamente, única) no ha sido visto como una virtud, sino más bien como una debilidad a superar. “¿Cómo lograrán avanzar las mujeres si constantemente se ven arrastradas por el hecho de tener hijos?”, esa es la forma en la que piensan. Pero lo que las feministas no lograron comprender fue cómo la capacidad de una mujer de presentar la próxima generación de la humanidad al mundo podría no ser en realidad una debilidad, sino más bien un poder desmedido.  

Curiosamente, las mujeres que alcanzaron la mayoría de edad desde los años ochenta y noventa (muchas criadas por estas mismas feministas) han tenido una visión más honesta y elevada de la virtud de su fertilidad. Como resultado, el apoyo al aborto ha disminuido entre las mujeres jóvenes en los últimos años, según las encuestas de Gallup. Ellas comprenden que el aborto es contrario a sus corazones femeninos.

Expresión sexual

La expresión de la sexualidad fue el segundo avance que quisieron impulsar las feministas. En el pasado, nos dijeron que estaba bien que un hombre se presentara en su noche de bodas habiendo perdido la virginidad tiempo atrás. Pero juzgábamos a las chicas que honestamente no podían vestirse de blanco en su gran día. Una clara doble moral, ¿verdad?

La solución feminista no fue lograr que los hombres actuaran de manera más virtuosa, sino motivar a las mujeres a ser más como los hombres en términos sexuales. Las mujeres dejarían de ser víctimas sexuales si lograban encontrarse con el hombre en los mismos términos, volviéndose más agresivas sexualmente. Se suponía que esto era empoderamiento. Pero ¿adivine qué? Terminó perjudicando a las mujeres y calzando justo con el guion masculino del oportunismo sexual. En la última década, ha aparecido una serie de libros muy fuertes, y para algunos inesperados, sobre cómo se ha desarrollado esta “nivelación del campo de juego sexual”.

El primero, Unprotected, (“Desprotegida” en español) escrito en 2006 por la Dr. Miriam Grossman, una psiquiatra en las instalaciones de la Universidad de California en Los Ángeles, explica cómo ella estaba cada vez más disgustada hasta el punto de la ira por la forma en que la cultura universitaria de los encuentros casuales estaba devastando los cuerpos, los corazones y las psiques de sus estudiantes. Su experiencia profesional era exactamente contraria a la de aquellos que creen que hombres y mujeres son en esencia iguales, excepto por algunas diferencias obvias de plomería. Ella explica que sus pacientes, estudiantes jóvenes que pasaban regularmente por su oficina en busca de apoyo físico y emocional debido a sus intercambios sexuales frecuentes y casuales, casi siempre eran mujeres. Evidentemente algo no estaba bien.

Después vino Unhooked: How Young Women Pursue Sex, Delay Love and Lose at Both (Desenganchada: Cómo las mujeres jóvenes persiguen el sexo, retrasan el amor y pierden en ambos, en español) escrito por la ganadora del premio Pulitzer, Laura Sessions Stepp, periodista del medio informativo Washington Post. Este se basa en su extensa investigación y entrevistas con estudiantes de las principales universidades y sobre cómo experimentan la cultura de los encuentros casuales; un entorno de sexo que supone ser rápido, limpio e impersonal. Pero Stepp descubrió lo mismo que la autora de “Unprotected” a través de su trabajo. “Las chicas que observé” explica Stepp, “casi siempre terminaban decepcionadas” por estos intercambios sexuales carentes de emociones y sin compromiso. Y aunque “ellos no lo admiten fácilmente” agrega, “los hombres jóvenes están tan insatisfechos con ese tipo de encuentros como las mujeres jóvenes”.

La profesora Donna Freitas escribió un tercer libro, El sexo y el alma: Haciendo malabarismos con la sexualidad, la espiritualidad, el romance y la religión en los campus universitarios de Estados Unidos. Ella entrevistó a estudiantes universitarias de todo el país, discutiendo sus experiencias y puntos de vista sobre la sexualidad. Ella descubrió que a medida que estas jóvenes se vuelven más agresivas y experimentadas sexualmente, no están disfrutando, ni sintiéndose satisfechas por la experiencia. Explica: “Ellas aprenden lentamente a cerrarse emocionalmente, tanto que ya ni siquiera parecen sentir. Me dicen una y otra vez que sienten que no pueden permitirse el lujo de hacerlo”. Muy lejano al empoderamiento.

Solo vivamos juntos

La convivencia fue el tercer avance feminista. Muchos factores propiciaron su rápido ascenso en las décadas de 1960 y 1970. Entre las primeras estaba la idea de que el matrimonio oprimía a las mujeres porque suponía una transición confinada a una vida de limpieza de la casa, cocinar, limpiar los platos, proporcionar sexo a petición de sus maridos, perseguir multitudes de niños y renunciar a casi todas sus más importantes metas y sueños. Al menos esa era la imagen que pintaban.

Ellas creyeron que la solución era la convivencia. La pareja aportaría los ingresos de ambos a la alcancía y compartirían por igual. Superarían la opresión del antiguo orden de género doméstico y se repartirían en partes iguales la pesada carga de las tareas domésticas. Y como las mujeres podrían dejar fácilmente la relación sin ataduras en cualquier momento, sería más probable que el hombre tratara a su mujer como ella quería ser tratada, por temor de perderla en manos de un mejor hombre.

Tal como con el aborto y la expresividad sexual, hemos tenido décadas para ver cómo funcionaron realmente estas ideas sobre la cohabitación. Presento los argumentos basados en la investigación en el capítulo 7 de mi libro, El anillo hace toda la diferencia, en donde toda la evidencia muestra que la convivencia lastima tanto a hombres como a mujeres, pero más profundamente a las mujeres porque la naturaleza femenina prospera dentro de las relaciones comprometidas.

Las mujeres en relaciones de convivencia tienden a recibir falsas esperanzas de sus hombres acerca del futuro de su relación, tienen menos capacidad de influir en la terminación de la relación si ésta va mal, y tienen más probabilidades que las esposas de verse obligadas a trabajar fuera de casa, lo quieran o no. Esto nos lleva a explorar por qué el matrimonio es en realidad una institución feminista, en el sentido de que nos hace comprender mejor el empoderamiento y la protección de las mujeres.

Las mujeres gobiernan el mundo a través del matrimonio

De todas las fuerzas impulsadas humanamente en el mundo, negocios, educación, medios, etc., hay un poder evidente que es mayor que cada uno de estos. De hecho, los impulsa a todos. Es simultáneamente simple, pero complejo; suave, pero fuerte; reservado, pero altamente influyente; dócil, pero controlador. Esta única cosa impulsa a la humanidad y da forma a su futuro.

Es una prerrogativa de la mujer decir “sí” o “no” al interés sexual de un hombre en ella.

El sexo es algo sagrado, la primera actividad que Dios hizo que Adán y Eva buscaran. Es nuestro impulso más natural y poderoso. Sin embargo, a todas las personas en todas las culturas se les debe enseñar cómo controlarlo y protegerlo, o podrían suceder cosas muy malas.

Por lo tanto, el sexo no solo es un acto privado, sino también uno muy público.

Es algo universal en la humanidad y la cultura que el hombre usualmente se acerca a la mujer, quien entonces le da, o le ha dado, una sutil luz roja, amarilla o verde. Si usted cuestiona esto, considere que los hombres que tienen sexo sin el consentimiento de la mujer son vistos del mismo modo en todas las culturas: en ninguna parte son idealizados por hombres o mujeres, sino que son detestados y castigados. Las mujeres controlan el acceso al mundo del sexo.

El precio del sexo en el mercado

Roy Baumeister de la Universidad del estado de Florida estudia la sexualidad humana desde la perspectiva de las ciencias económicas. Este curioso punto de vista nos enseña algo esencial sobre la importancia del matrimonio: En todas las culturas humanas, la sexualidad femenina tiene mucho más valor en el mercado que la sexualidad masculina porque su sexualidad es simplemente más difícil de obtener. Por lo tanto, las mujeres controlan el mercado estableciendo el precio de mercado. Ya que ellas tienen la ventaja; el hombre debe negociar con la mujer. Esto es explicado por Margaret Mead de forma colorida en su libro Male and Female (en español, Masculino y Femenino) como un universal humano.

En estas sociedades primitivas, antes del matrimonio, la chica es quien decide si se encontrará o no con su amante debajo de la palmera, o lo recibirá con las precauciones necesarias en su hogar, o en su cama … Él puede cortejar y suplicar, él envía regalos y discursos bonitos a través de un intermediario, pero la decisión final se mantiene en las manos de la chica … Un modo, un capricho, un leve desgano y el chico queda descalificado.

Si usted aún duda de este poder, considere que los hombres que tienen sexo sin el consentimiento de la mujer son vistos del mismo modo en todas las culturas: como criminales. En ninguna cultura son idealizados por hombres o mujeres, sino detestados y castigados por la cultura. Un hombre que debe ganarse el corazón de una mujer, y pedir su mano en matrimonio, antes de tener acceso a ella, es un hombre que actúa dramáticamente diferente a un hombre que no tiene que invertir ningún esfuerzo real para tener acceso a ella. Este es quizás el primer y más básico hecho sociológico. Y las mujeres tienden a preferir el anterior como un caballero que el posterior como un canalla. Todas las culturas tienen varios nombres para las mujeres que se van con el segundo tipo y esos nombres son generalmente pronunciados por otras mujeres.

Las mujeres hacen que los hombres se comporten

Los antropólogos han descubierto que la amenaza social más seria para toda sociedad es el problema de los hombres que no quieren compromiso. Gail Collins, la primera mujer editora de página editorial para el periódico estadounidense The New York Times, escribió un libro importante y profundamente interesante titulado “America’s Women (las mujeres de América, en español), el cual examina la influencia de las mujeres en la cultura americana. En una entrevista en 2003 con la “National Public Radio” sobre sus principales conclusiones, Collins dijo francamente: “El papel implícito más importante que las mujeres desempeñan en la sociedad, es hacer que los hombres se comporten.”

Entre sus ejemplos se encuentra el establecimiento 1607 de Jamestown por British investors (en español, Inversionistas británicos). La nueva colonia no estaba produciendo bienes, ni las ganancias esperadas; cuando se investigó, se determinó que esto era debido a que la colonia estaba conformada exclusivamente por hombres que estaban “en su trabajo diario y habitual, jugando a los bolos en las calles”, como señaló un observador en ese momento.

Como las mujeres no estaban presentes, los hombres hacían lo que querían, lo cual era perder el tiempo más que otra cosa. Su lógica era que el trabajo se haría mañana. Las primeras mujeres que vinieron a la colonia, enviadas por los inversores británicos para convertirse en las esposas y motivadoras de estos hombres, se encontraron “abandonadas en lo que debe haber parecido una larga y ruidosa fiesta de fraternidad, sin comida” explica Collins. Los hombres eran niños. Estas mujeres hicieron que los hombres trabajaran, una cosa llevó a la otra y ¡listo! Sucedió América, debido al poder sexual, emocional y doméstico de las mujeres. No es algo pequeño. Y es lo que ha construido cada civilización. La sociedad desarrolla modales y ética laboral porque las mujeres existen.

Collins también explica que la lucha que generaron las mujeres por obtener el derecho al voto no estaba motivada por los elevados ideales feministas de poder e igualdad, sino por algo más doméstico. En la década de 1890 en Nueva York, había diez veces más mujeres que pertenecían a la Women’s Christian Temperance Union (en español, la Asociación de mujeres cristianas por la templanza) que a todos los grupos sufragistas juntos. Estas esposas se unieron y organizaron para crear un movimiento social estadounidense masivo que eventualmente logró el derecho al voto para las mujeres, para que pudieran votar con moderación, alimentadas por su deseo de mantener a sus hombres y sus salarios en casa y fuera de las tabernas.

Margaret Mead explica que esta verdad no fue ni es exclusiva de la fundación de los Estados Unidos de América.

En cada sociedad humana conocida, en cada lugar del mundo, el hombre joven aprende que cuando crezca, una de las cosas que debe hacer para ser considerado un miembro completo de la sociedad, es proveer alimento para alguna mujer y sus crías … Cada sociedad humana conocida descansa firmemente sobre el comportamiento de crianza aprendido de los hombres.

Ninguna sociedad ha encontrado un mecanismo más poderoso que el matrimonio para esta tarea esencial. Ni siquiera se acercan. Y esto no solo lo hace el matrimonio, sino lo hacen las mujeres a través del matrimonio.

George Gilder explica en su libro de 1986 Men and Marriage (Los hombres y el matrimonio, en español) que cuando las mujeres tienen influencia a través del matrimonio, ellas

…transforman la lujuria del hombre en amor; canalizan la pasión de los hombres por vivir errantes en trabajos, hogares y familias; vinculan a los hombres con niños específicos; convierten a niños en ciudadanos; transforman a los cazadores en padres; desvían la voluntad masculina de poder en un impulso para crear. Las mujeres conciben el futuro del que los hombres tienden a huir … El hecho primordial de la vida es la superioridad sexual de las mujeres.

El profesor George Akerlof de la Universidad de California en Berkeley, galardonado con el Premio Nobel de Economía en 2001, presenta evidencia convincente de cómo el matrimonio cambia a los hombres. En una conferencia celebrada en 1997, él explicó, “No hay duda de que existe una gran diferencia entre el comportamiento de los hombres solteros y los casados …  los hombres sientan cabeza cuando se casan: si fallan en casarse, fallan en establecerse”.

Gilder concluye estas verdades concretamente: “Las mujeres no controlan la economía del mercado, sino la economía del eros: la fuerza de la vida en nuestra sociedad y en nuestras vidas.”

Agrega, “Lo que sucede en el reino interior de las mujeres da forma finalmente a lo que sucede en nuestras superficies sociales, determinando el nivel de felicidad, energía, creatividad, moralidad y solidaridad en la nación. Estos valores son básicos en cualquier sociedad. Cuando se deterioran, todos los caballos del rey y todos los hombres del rey no pueden volver a ser armados.”

Las mujeres dirigen el mundo y lo hacen a través de la insistencia en el matrimonio. Donde el matrimonio es débil, las mujeres tienen mayores probabilidades de ser usadas y desechadas por los hombres. Como resultado, una cultura laxa en el matrimonio es débil y está en camino a la desintegración. Como en cualquier mercado, las mujeres se vuelven más poderosas cuando dictan que el acceso a su preciada sexualidad ocurre solo cuando el compromiso es alto. Entre más alto establezcan ese precio, más poderosas e influyentes se vuelven. Esto es lo que hace el matrimonio y es la razón por la cual les sirve tan poderosamente a las mujeres, tanto como al resto de nosotros.

© 2022 Focus on the Family. Todos los derechos reservados. Utilizado con permiso. Publicado originalmente en inglés en focusonthefamily.com.

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