Entre el esposo y la esposa hay complemento, no competencia

En la física, la ley de la polaridad afirma que los polos opuestos se atraen y que los polos iguales se repelen.  Este principio se ilustra de manera muy clara con los imanes.  Si se tratan  de unir dos imanes, en ocasiones éstos se unen con mucha fuerza, pero si se gira uno de ellos 180 grados, entonces se repelarán y no habrá manera de juntarlos nuevamente. Esto sucede porque los polos se repelen cuando son iguales,  “positivo-positivo”, pero se  unen cuando son polos opuestos, “positivo-negativo”.  
En realidad, con el amor y la vida de pareja, la ley de la polaridad no se aplica de manera absoluta y rigurosa, pero si puede servir como ejemplo para comprender lo que sucede a lo interno de un matrimonio, entre dos personas que no son solo diferentes, sino que, incluso, pueden parecer opuestas.

Generalmente la pareja de  esposos está conformada por dos personas que se atrajeron inicialmente a pesar de algunas diferencias manifiestas y evidentes. Y más bien, podríamos afirmar que esa atracción se dio precisamente a partir de esas diferencias. 
Entre los esposos hay diferencias de diversa naturaleza.  En primer lugar, el hecho de que uno sea hombre y la otra mujer hace que existan formas muy distintas de percibir, observar, analizar y responder a la realidad que viven y enfrentan.  En segundo lugar, ambos provienen de contextos  familiares diferentes, formas de convivencia distintas, donde se adquirieron hábitos, costumbres y se experimentaron situaciones del hogar de modo diverso. Y, en último término, el esposo y la esposa, con seguridad, tendrán temperamentos y caracteres diferentes, aspecto que casi siempre atrae fuertemente al inicio de toda relación, pero que puede resultar en una fricción significativa de la vida conyugal, cuando no es comprendida y manejada de manera adecuada.

Las especialistas del Centro Internacional Trabajo y Familia del IESE-Business School de Barcelona, Nuria Chinchilla y Maruja Moragas, señalan la relevancia de tener conocimiento del temperamento y del carácter propio y el de la pareja para identificar fortalezas y debilidades de cada uno, comprenderse, apoyarse y complementarse.
A diferencia de lo que se suele pensar, las diferencias en las parejas, aunque parecieran notorias y acentuadas, no son en sí mismas el problema.  Este surge cuando la pareja no se pone de acuerdo y asumen posiciones de permanente competencia, disputa, contradicción, confrontación y conflicto.
El esposo y la esposa pueden ser muy distintos y hasta opuestos en temperamento, provenir de realidades familiares muy distintas, tener algunos puntos de vista diversos sobre temas específicos de la vida matrimonial, de los hijos y de los trabajos. Pero esas diferencias no las deben convertir en disputas recurrentes.  Deben dialogar, exponer con respeto y consideración sus opiniones y, sobre todo, tener la disposición y buena voluntad para llegar a acuerdos satisfactorios para ambos. 

Cada miembro de la pareja  debe ver las diferencias que tiene con su cónyuge como algo que los complementa, no como amenazas a su posición o punto de vista. En realidad, las parejas suelen estar conformadas por personas que son muy diferentes, con características opuestas en muchos aspectos, pero que, sin lugar a dudas, también cuentan con semejanzas en varios ámbitos, como por ejemplo en cuanto a gustos, aficiones, objetivos familiares y  proyecto de vida en común.
La vida de pareja entre dos personas “iguales” sería muy aburrida, predecible, con poca emoción.  El recorrido en pareja comienza casi siempre con la observación de aspectos diferentes del uno y del otro que llaman la atención y que atraen. Si uno de los dos es más alegre, sociable, extrovertido  y positivo, posiblemente eso fue lo que le atrajo al otro  que es serio, tímido, introvertido y cauto. 
Pero eso que al inicio emociona y atrae, sino se observa y se asume como complemento que enriquece a ambos, puede llegar a convertirse, en la convivencia y la habitual toma de decisiones, en constantes competencias y conflictos. Por eso es que entre el esposo y la esposa debe haber complemento, no competencia.  Si uno gana, ganan ambos; si uno pierde, perderán los dos. 
Una frase anónima famosa señala que “No existe amor entre dos personas, sino el complemento de una misma alma…”.  La esencia de la unión entre el hombre y la mujer, entre el esposo y la esposa, para ser un solo ser, está precisamente en comprender el hermoso y elevado significado que tiene  el matrimonio.

En efecto, es fundamental entender la vida de matrimonio como esa unión en amor  y  complementariedad del hombre y la mujer, con sus características específicas y diferenciadas. Tener claro o no este principio es lo que hará que una pareja observe sus diferencias como algo que los complementa y los conduce al éxito, mientras otra las vea como competencia constante que los lleva a situaciones de estrés y conflicto.  Por supuesto que el resultado de la vida conyugal entre una pareja y la otra será muy distinto.

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