Los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos

Cuando padres y madres asumen con consciencia y responsabilidad las funciones de cuidado, crianza y educación de sus hijos, lo hacen sabiendo que emprenden una labor colmada de satisfacciones, pero, igualmente, no carente de desafíos, dificultades y hasta errores.

 

Siguiendo el proceso natural los padres y madres buscarán siempre lo mejor para sus hijos. El cuidado básico supone proporcionar alimento, abrigo, seguridad, estabilidad y acompañamiento, tanto en lo físico como en lo emocional y espiritual.  Pero esta labor de cuido y crianza debe alcanzar otros aspectos como lo son el otorgamiento de destrezas y habilidades -hábitos, costumbres, valores y principios- para que puedan los hijos protegerse y salir adelante por sí mismos.

 

En la crianza, padres y madres se deben enfocar en  enseñar a sus hijos los elementos que los hagan sentirse amados, respetados, aceptados y valorados. Este es, esencialmente, el soporte  que les brinda a los menores un asidero de seguridad y un blindaje incomparable de protección.

 

En cuanto a la educación, los padres no deben ser movidos solo por el deseo de suministrar información y conocimiento a sus hijos. La educación es una tarea que debe articular lo que se realiza de forma insustituible en el hogar, con lo que se  brinda de manera formal en los centros educativos.  Es decir, se trata de complementar la labor educativa primaria y fundamental del hogar, con la que se realiza de manera formal en escuelas y colegios.  El proceso educativo, tal y como lo concibe el erudito, músico y escritor costarricense, Jaques Sagot,  abarca la alfabetización, la información, el conocimiento, la cultura y la sabiduría.  Es un proceso de enseñanza integral para la vida, por lo que la participación del hogar es esencial.

 

En este recorrido por las funciones de cuidado, crianza y educación de los hijos, ciertamente los padres deberán asumir una responsabilidad que no siempre les agrada: la de orientar, corregir y disciplinar a los menores. Sin embargo,  en particular, este aspecto debería coloca a los padres frente a un importante  predicamento.

 

La corrección y disciplina forman parte del proceso de enseñanza.  El propósito mayoritario de los padres no es el de "castigar" a sus hijos.  Al menos esa no es en realidad su motivación original. El problema es que muchas veces no saben cómo corregir o disciplinar, y siguen quizás la forma en que vieron que sus propios progenitores lo hicieron con ellos.  Así lo aprendieron y así lo hacen ellos ahora con sus propios hijos.

 

Los padres y madres quieren lo mejor para sus hijos, y en materia de corrección y disciplina, posiblemente algunos se equivoquen, porque centran su atención más en la sanción que en la orientación y la enseñanza. Las medidas disciplinarias deben hacer énfasis en facilitar el diálogo con los hijos, en que puedan ellos disponer de tiempo para reflexionar sobre su falta, y que puedan extraer del error un valioso aprendizaje para que le sea útil en el presente y futuro. 

 

Una actitud muy común en muchos padres y madres que desean lo mejor para sus hijos, es ser excesivamente comprensivos, flexibles y permisivos. Son padres y madres a los que se les dificulta poner reglas, límites, normas y, además, hacerlas que se cumplan.  Padres y madres que "sueltan" a sus hijos muy temprano en sus vidas, con exceso de confianza y sin casi nada de control.  Sus hijos se crían con mucha soltura y libertad, pero la falta de límites los puede hacer incurrir en riesgos y errores con mucha frecuencia y en actitudes de irresponsabilidad.


Otra actitud común en algunos padres y madres es la contraria, es decir, la de someter a sus hijos a  regímenes muy restrictivos, sumamente controlados, sin espacio para que puedan desenvolverse con responsabilidad y confianza. Son padres controladores, sobreprotectores, temerosos de lo que puedan hacer sus hijos, haciendo que éstos vivan asfixiados sin posibilidad para crecer en espacios de seguridad y confianza.  Hijos criados en entornos de sobreprotección y mucho control, terminan frustrados e inseguros.

 

En realidad, la mayoría de  los padres y madres desean lo mejor para sus hijos, por lo que deberían cuidar la aplicación de un balance  entre el amor y el rigor, o sea ese sabio consejo que daban los abuelos. Y es que tenían mucha razón. En la crianza de los hijos, son indispensables los límites y reglas, al igual que el amor y la flexibilidad.  Nunca escatimar esfuerzos en la búsqueda de climas donde prevalezca el diálogo abundante y el contacto cercano con los hijos, donde el traslado paulatino de responsabilidades sea producto de la correspondiente respuesta acertada de los hijos, lo cual implicará un crecimiento gradual de la confianza.

 

Padres y madres deben construir un ambiente que propicie la proximidad con los hijos.  El que puedan encontrar tiempo y espacio para conversar y compartir, es hoy en día, uno de los más  grandiosos desafíos domésticos. Casi que no debería existir otra prioridad en las agendas de los padres y madres. Porque es  importante atender las tareas y deberes escolares, es  estimulante fomentar las actividades artísticas y deportivas, pero son vitales e insustituibles los encuentros -tanto  programados como  espontáneos- de los padres con sus hijos. Lo que aquí sucede y se logra, tiene incidencia y trascendencia.


Obviamente, el anhelo de todo padre y madre responsable es que los hijos crezcan felices y que se preparen adecuadamente para enfrentar los retos de la vida.  Pero muchas veces las cosas no resultan como se esperaban.  En algunas  ocasiones, por equivocaciones diversas de los propios padres, en otras, por acciones erráticas  producto de decisiones inapropiadas de los hijos. Cualquiera que sea el caso, los padres y madres deben evitar los sentimientos de culpa y la constante  auto descalificación. Aún con errores, los padres y madres realizan grandes esfuerzos por sacar a sus hijos adelante, siempre procuraran  hacer aquello que, en determinado momento, creyeron que era lo correcto. Pero también es conveniente mencionar que los hijos realizan sus propias elecciones y toman sus propias decisiones en el camino.

 

El que algunos padres puedan cometer errores en el proceso de cuidado, crianza y educación de los hijos, no demerita esta hermosa labor.  La verdad es que el bienestar y la felicidad de los hijos son la mejor forma de realización que puede tener un padre o una madre.  Los padres tenderán a involucrarse mucho, algunos, o poco, otros; pero todos actuarán de conformidad a lo que consideran es lo más apropiado para sus hijos.

 

Ellos siempre buscarán hacer lo mejor para sus hijos,  y acertarán en la mayoría de los casos.  Porque el hogar, aún con sus limitaciones, errores y dificultades, continúa siendo -en términos generales- el mejor lugar para que los hijos sean cuidados, criados y educados.  Donde los menores se desarrollen con mayor bienestar y adquieran las mejores herramientas materiales, emocionales, afectivas y espirituales, y que les posibilite conducirse apropiadamente por la vida.

 

 

 

 

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* Jesús Rosales Valladares estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Costa Rica. Además se ha desarrollado como consejero familiar e investigador social en temas de políticas públicas y familia por más de treinta años.

 

 

 

 

 

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