Expertos en sexualidad responden sus preguntas. Parte I

February 9, 2018

 

Dios no creó el ‘sexo’ únicamente para reproducirnos, sino para disfrutarnos y compartirnos en un solo ser”; así lo propone la sexóloga Silvia Pérez*, para quien el encuentro sexual dentro del matrimonio no sólo es una hermosa posibilidad de procrear un nuevo ser, sino de sentir placer, disfrutar en libertad de lo erótico y construir una forma más íntima de relacionarse, pero…

 

¿Cómo avivar la sexualidad en el matrimonio?

 

La sexóloga Janina Córdoba** explica que las parejas muy a menudo entienden el disfrute de la sexualidad como algo relegado a la cama y a la genitalidad, es decir, al acto de penetración; pero realmente la base de una sexualidad satisfactoria es la construcción de un vínculo saludable.

 

Muchos de los problemas “de cama” se deben a que una de las necesidades más fuertes del ser humano no siempre es satisfecha en la relación conyugal: la profunda necesidad de vincularse de manera física, emocional y espiritual.

 

Un vínculo saludable es fruto de estar conectados, tener relaciones emocionalmente profundas, sentir la mirada, el amor, la compasión y la cercanía del otro. Este es el corazón de la relación matrimonial; en proporción a cómo se cultiven estos lazos de amistad e intimidad emocional, será vivido el encuentro sexual.

 

No es posible desligar el componente afectivo del componente físico. Los cónyuges esperan que el encuentro sexual resulte, sin haber cultivado las condiciones necesarias en su relación para que esto ocurra. Más que presentar el disfrute de la sexualidad como posiciones o ideas creativas para reavivar la pasión, lo primero que debemos preguntarnos es cómo estamos interactuando en el día a día y cómo estamos construyendo esta relación”, señala Córdoba.

 

Es desde este vínculo saludable, que la pareja define sus dinámicas de cama. Cualquier cosa que alguno de los dos cónyuges proponga, que afecte este vínculo saludable es un “no permitido”.

 

¿Existen prácticas sexuales “no permitidas” dentro del matrimonio?

 

Según la experiencia de la sexóloga Silvia Pérez en atención a parejas cristianas, algunos matrimonios esperan que se les dé una lista sobre lo que es “permitido” y lo que “no es permitido” hacer en la intimidad matrimonial.

 

La Biblia no es un libro de métodos, sino de principios. Siguiendo los principios bíblicos, lo ‘no permitido’ sería todo aquello que pueda afectar la integridad física, la dignidad y la autoestima propia o del cónyuge. Existen algunas prácticas sexuales que pueden estar bien para algunas personas, pero a otras, puede hacerlas sentir mal o incómodas. En el momento en que esto ocurre, deja de ser erótico, romántico o placentero para una de las partes”, afirma Pérez

 

Siguiendo esta idea, no se vale que alguno de los cónyuges pretenda imponer una forma de disfrute sexual que no coincida con el respeto, la dignidad y el placer del otro.

 

Para la especialista, esto es como “abandonar al otro”; abrirse paso hacia la carrera individualista del placer propio y egoísta, olvidando que, en un espacio tan íntimo como los encuentros sexuales, son dos los que marcan el paso y no se debe “atropellar al otro”.

 

De esta manera, no se trata de limitar o reprimir el disfrute de la sexualidad, sino de tener libertad para decidir fundamentándonos en preguntas como: ¿Hay amor en esto?, ¿amor a mi prójimo? ,¿amor a mí mismo?, ¿afirma la dignidad y la autoestima de mi cónyuge? Es a partir de ahí que se construye como pareja lo que se desea en los encuentros sexuales.

 

¿Cómo llegamos a acuerdos en la intimidad sexual?

 

La sexóloga Janina Córdoba recomienda que los matrimonios construyan un código de ética en la relación, que sea flexible a las circunstancias.

 

Generalmente la convivencia matrimonial requiere de este código de ética; por ejemplo, si uno de los cónyuges tiene la costumbre de dejar la toalla húmeda sobre la cama después de bañarse, y al otro no le agrada esto, deben de llegar a un acuerdo. El cónyuge despistado debe tratar de recogerlo. En caso de que su memoria no le dé para acordarse de la tarea, el cónyuge incómodo puede “ayudar” recordándole su deber una “X” cantidad de veces sin perder la paciencia, con la libertad de que el cónyuge despistado no se sentirá hostigado, pues el acuerdo entre ambos (código de ética) incluye: el tono y la forma en que será solicitado: “amor, recuerda recoger la toalla”, e incluye qué deberá hacer el cónyuge despistado en caso de que ni siquiera funcionen los diplomáticos recuerdos de su cónyuge.

 

Este es un ejemplo simple de la cotidianidad, pero en el caso de la intimidad sexual, ¿cómo se logran los acuerdos?, la especialista amplia algunas recomendaciones:

 

Conéctese primero con su interior, con sus sentimientos, sus valores, su historia e identifique los compromisos que ha hecho con sí mismo. Esto será la base para que ambos definan qué quieren y qué no, de forma que puedan negociar de acuerdo a lo que cada uno es, piensa y siente.

 

Conozcan la historia personal del otro. Si estamos casados con una persona que sufrió abuso en su niñez, quizá tenga una creencia particular acerca de alguna práctica sexual, por esto debemos tratar de comprender y lograr conectarnos con la condición de nuestro cónyuge. La compasión, la bondad y la paciencia en estos casos son medicina para el alma. 

 

Revisen de dónde viene el sentirse incómodo con alguna práctica sexual; muchas personas, tras un trasfondo muy conservador, no se atreven a innovar o ser creativos en la sexualidad, porque sienten una condenación que no necesariamente viene estrictamente de Dios, o de la Biblia. De la mano con esto, viene la siguiente recomendación. 

 

Edúquense sobre sexualidad; quizá la educación sexual que recibieron de parte de sus padres o escuela fue limitada; lean, revisen y pregunten a expertos. Sean creativos, busquen su propio lenguaje, su propia forma. Ustedes mismos deben escoger con qué se sienten más cómodos y más conectados, basados en el principio del vínculo del amor, el respeto y la dignidad.

 

Escúchense. Tengan empatía, traten de entender el punto de vista del otro, permítanse ser enseñados y enseñar, con humildad acepten las sugerencias del otro, y tengan la libertad de sugerir. 

 

La construcción de este código de ética le permite a los matrimonios establecer dinámicas saludables basadas en el cuidado mutuo y una sexualidad placentera. Recuerde, protegemos el vínculo que nos une cuando actuamos basados en el amor, el respeto y la dignidad.

 

Le invitamos a buscar la segunda parte de este artículo, donde las sexólogas Silvia Pérez y Janina Córdoba responderán preguntas frecuentes acerca de las prácticas sexuales dentro del matrimonio. 

 

 

Parte II

 

*MSc. Silvia Pérez Martínez. Sexóloga, terapueta y facilitadora de procesos psicoeducativos en temas de sexualidad con matrimonio, jóvenes y niños en España.  Diplomada en Educación social por la UNED, monitora de Educación Sexual y Género por la Fundación Sexpol, y Terapeuta Sexual y de Pareja por la misma. Contacto: http://www.conociendonos.es/index.php/quien-soy

 

**MSc. Janina Córdoba Ovares, Fundadora y Directora Ejecutiva del Centro Integral de Apoyo Individual y Familia (Integra Vita). Psicóloga especialista en terapia familiar, individual y de pareja. Cuenta con una Maestría en Salud Sexual y Sexología Clínica, UNED, España. Colaboradora y facilitadora por más de 15 años en la Fundación para la Salud Sexual, Laboral y Recreativo (FUDHI) en diferentes entidades públicas y privadas de Costa Rica. Contacto: http://www.integra-vita.com

 

 

 

 

*Angie Viquez B. Licenciada en Psicología de la Universidad Nacional de Costa Rica y forma parte del Equipo de Contenido de Enfoque a la Familia. 

 

 

 

 

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